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Le dispararon en un asalto, la bala pegó en una moneda que tenía en el bolsillo y se salvó de milagro

“Fue un milagro”, admitió el hombre de 34 años.


“La vida es una moneda/quien la rebusca la tiene/ojo que hablo de monedas/ y no de gruesos billetes…”, canta Juan Carlos Baglietto en su tema llamado, justamente, La vida es una moneda. Cada palabra de la primera estrofa de esa canción puede ser refrendada por Franco Rodríguez, un hombre de 34 años que salvó su vida de milagro. Por una moneda, por supuesto. 

 

El repartidor fue baleado durante un intento de asalto en la provincia de Córdoba. Pero, de manera insólita, la bala pegó en una moneda de dos pesos que había guardado en su billetera e impidió que el balazo le pegara en la pierna. 

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En una entrevista, el repartidor relató cómo ocurrió todo. “Me bajé del auto para hacer una entrega, como hago todos los días. No vi nada raro antes de bajar. Pero cuando me alejo del auto, veo un movimiento sospechoso de un hombre. Cuando me quise dar cuenta, ya lo tenía encima”, explicó. 

 

Entonces, sucedió lo peor. Franco notó que el delincuente tenía un arma de fuego y le estaba apuntando. Él atina a sacar algo de la cintura y yo traté de agarrarlo. Ya sabía que me estaba por robar. No llegó a decirme nada. Ahí saca el arma y sin mediar palabras me dispara”, contó, sobre el hecho sucedido el sábado. 

De inmediato, Rodríguez pensó que la bala le había impactado en su muslo. Llegó a ver que el ladrón salía corriendo y que le dolía la pierna. Entonces se palpó. “Cuando el ladrón disparó, atiné a taparme la panza porque en la semana había matado a un playero de un tiro en el estomago. Me acordé de eso”, relató. Y agregó: “Tuve mucho miedo”. 

Por supuesto, en ese momento no se había dado cuenta que había ocurrido un milagro. “Cuando me revisé no lo podía creer. Veo que la bala estaba en mi muslo izquierdo. Pero que antes la bala me traspasa la billetera de cuero, pega en la moneda que la hace desviar, me pasa a dos milímetros de la arteria femoral y me roza en el hueso”, explicó. 

Cuando llegó al hospital, los médicos le repitieron a él y a su esposa que todo se trataba de un “milagro”. Entonces, le graficaron que si la moneda no desviaba la bala, podía haber muerto desangrado en pocos minutos. 

 

Luego le dio un mensaje a las autoridades cordobesas: “Esto es lo que estamos sufriendo los trabajadores. Yo me levanto 6:30 junto con mi esposa a ganarnos el pan, ahora tenemos que decidir quién sale, si salimos los dos a trabajar y nos pasa algo, ¿con quién se quedan nuestros hijos?”.

 

Por otro lado, el repartidor aseguró: “No me había dado cuenta de todo lo que pasó. Pero recién me cayó la ficha cuando mi hijo, que tiene seis años, me dijo: ‘Te disparó un chorro, mirá si me quedaba sin papi’. Eso me liquidó. Ahora estoy feliz de estar vivo”. 

Por último, el repartido contó: “Esta semana me van a decir si la sacan o la dejan ahí. Le doy gracias a Dios por haber protegido mi vida. Me pasó a dos milímetros de la arteria femoral. Dios usó esa moneda para salvar mi vida. Fue un milagro”.

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