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"Odio político, neonazismo y antiperonismo": las pericias al atacante de CFK y qué dijeron los testigos

La vicepresidenta también declaró y se modificó por completo su seguridad.

La jueza María Eugenia Capuchetti trabaja desde el jueves por la noche en la investigación por el atentado ocurrido contra la vida de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Primero junto al fiscal Eduardo Taiano y luego con Carlos Rìvolo. Mientras que la Cámara Federal de Casación envió un oficio al ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, para pedir un refuerzo de la seguridad en el edificio donde vive la ex presidenta.

Capuchetti, Taiano y Rívolo hicieron a primera hora del viernes una inspección ocular en el lugar de los hechos, luego volvieron a Comodoro Py y varias horas después tomaron la decisión de que la vicepresidenta declare en su casa. Allí se mostró "entera" y predispuesta a declarar sobre lo ocurrido durante casi 50 minutos en su departamento. “En ningún momento se dio cuenta del ataque. Recién se enteró cuando subió a su departamento”, detallaron. 

La vicepresidenta declaró no se dio cuenta del ataque y que si bien se observa en las imágenes que se agacha al ser apuntada con el arma, en realidad explicó que lo hizo porque se había caído un libro. Recién supo lo que ocurrió cuando subió a su departamento. En un principio se evaluaba trasladar para su declaración indagatoria al acusado a los tribunales durante el viernes, pero finalmente fue indagado en la Unidad Antiterrorista de la Policía Federal.

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Allí, él escuchó la lectura de los hechos por parte de los funcionarios judiciales y acusó un golpe en el ojo que habría recibido en el momento en el cual fue reducido por los manifestantes durante el jueves por la noche. Por esa razón, su abogado defensor pidió que sea asistido por un oftalmólogo y, acto seguido, el imputado se negó a declarar. 

Varios de los testigos del ataque fueron trasladados a Comodoro Py 2002 desde el lugar de los hechos y declararon durante la madrugada del viernes.  Uno de los testigos del hecho -llamado Javier- declaró que Fernando André Sabag Montiel llegó a "gatillar dos veces" a escasos centímetros de la cabeza de la Vicepresidenta. Además contó que “estaba formando parte del cordón” de militantes. “Cristina viene hacia a mí, me acaricia y por la altura de arriba de mi hombro, veo que se asoma un brazo con un arma. Veo la figura del arma, pero no logro ver qué arma era. Retrocede y ahí yo me doy vuelta y lo agarro”, relató ante los funcionarios judiciales.

Al ser consulado sobre si el detenido le dijo alguna frase a la Vicepresidenta, contestó: "No escuché nada. Pero sí se escuchó que gatilló. Para mí, gatilló dos veces". Y luego relató: "No sé si Cristina se dio cuenta porque justo me doy vuelta porque veo el arma, giro hacia la derecha y lo agarro junto a otra gente. Varias personas se sumaron para agarrarlo porque en la vereda había varios. Lo agarramos y le decimos: ‘vos tenes un arma’ y él decía ‘no, no’; entonces lo tanteamos un poco y se le cayó el arma”. “Apenas vemos que cae el arma, parte de los organizadores –del operativo militante de protección de la Vicepresidenta- se lo llevan mientras un hombre pisa el arma y la retiene allí”, explicó.

En la sede del juzgado se realizó por parte de peritos de la Policía Federal la apertura y extracción de datos del teléfono celular del agresor. Esa información está siendo analizada, incluidas las redes sociales del brasileño de 35 años,, y se dio intervención a una unidad fiscal especializada en Delitos Informáticos a cargo del fiscal Horacio Azzolin. De acuerdo a la información dada por Página 12, Capuchetti, Rívolo y el defensor oficial Juan Martín Hermida se trasladaron al lugar en el que Sabag está detenido debido a que "las autoridades de Seguridad esconden y hasta engañan en todo lo referido" al agresor. El objetivo es no correr ningún riesgo y evitar que pueda sufrir una represalia.

El acusado fue sometido ya al examen médico legista que determinó que, en principio, estaba en condiciones de ser indagado. Por ahora se mantiene la hipótesis de que Sabag actuó solo y motivado por odio político, mezclando antiperonismo, antikirchnerismo y neonazismo. Además se ordenaron dos allanamientos, uno de ellos en un monoambiente que alquilaba en el partido de San Martín, en Uriburu 729, donde se encontraron un centenar de municiones. A esta última dirección se llegó gracias a que el dueño del departamento se presentó en la comisaría tras ver las imágenes del ataque. “A ese hombre le alquilo yo mi departamento desde hace ocho meses”, dijo.

En el lugar se encontraron dos cajas de 50 cartuchos calibre 7,65, que sirven para la pistola que le puso en la cabeza a CFK. Una caja es aproximadamente del año 2000, la otra más moderna. Además, estaban su laptop, una libreta de enrolamiento a nombre de su abuelo, Jacobo Sabag, y un certificado de nacimiento brasileño a nombre de Viviana Beatriz Sabag, su madre. Según los informes recibidos en la causa, el arma usada por Fernando André Sabaj Montiel era una Bersa de uso civil calibre 32 "apta para disparar", explicaron fuentes del caso. El peritaje arrojó que el agresor no corrió bien la corredera de la pistola y eso provocó que el proyectil no entrara en la recámara y evitó que saliera el disparo. 

Sabag será imputado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y, tal vez, alevosía, todo en grado de tentativa. En caso de que esto ocurra, la pena será de diez a 15 años de prisión. Como el único antecedente que tiene es una causa chica en CABA, por tenencia de un cuchillo --tenencia de arma impropia--, es probable que lo condenen a una pena más cerca del mínimo que del máximo.

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