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"El gobierno volvió a manos de la gente": los 162 días que convirtieron a Alberto Fernández en presidente

Con el 48 % de los votos, Alberto Fernández fue electo presidente. Kicillof obtuvo una mejor performance. Crónica de los cinco meses que transformaron al ex jefe de Gabinete en el próximo jefe de Estado. 

En su primer discurso como presidente electo, Alberto Fernández celebró la victoria del Frente de Todos, agradeció a los votantes que respaldaron al Frente de Todos y destacó la unidad alcanzada por el peronismo en los últimos seis meses. Con una diferencia inferior a la esperada, anunció su voluntad por mantener una transición ordenada con Mauricio Macri.

Aseguró que "los tiempos que vienen no son fáciles", y adelantó que se reunirá mañana mismo con el Presidente saliente: "Vamos a colaborar en todo lo que podamos, lo único que nos preocupa es que los argentinos dejen de sufrir de una vez por todas".

"Cada palabra que prometimos fue un contrato moral y ético con los argentinos sobre el país que debemos construir", aseguró Fernández tras recordar a Néstor Kirchner, a nueve años de su muerte. "Ojalá que el compromiso de diálogo que el gobierno nunca tuvo, ahora lo ejerzan y sean capaces de entender que la Argentina que viene necesita del esfuerzo de todos", señaló. "Vamos a hacer la Argentina que nos merecemos, no es verdad que estamos condenados a esta argentina, vamos a volver a construir el país que soñaron nuestros mejores héroes". 

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En una jornada extensa que quedó marcado por la ansiedad y la incertidumbre, el peronismo regresó al poder en la Argentina, aunque con un resultado inferior al esperado durante el tramo final de la campaña. Hubo una gran sorpresa en el búnker del Frente de Todos cuando en las pantallas aparecieron las primeras cifras. Con el 93 por ciento escrutado, Fernández cosechaba un 47,9 por ciento, mientras que Mauricio Macri se ubicó siete puntos por debajo, con el 40,5 %. 

Con el correr de las horas, una multitud llenó el comando de campaña del Frente de Todos. Cristina Kirchner y Fernández compartieron una oficina privada, rodeados de colaboradores, al tiempo que la militancia peronista se volcó a las puertas del gran salón ubicado en el barrio porteño de Chacarita.

Le voy a pedir al presidente que tome todas las medidas que deba tomar para aligerar la situación dramática".

Pasadas las 18 y poco a poco los diversos candidatos arribaron al búnker. Hubo alrededor de mil invitados, 350 de ellos especiales, entre quienes se encontraban el ex presidente de gobierno español, José Rodríguez Zapatero, el ex candidato chileno Marco Enríquez Ominami y el diplomático cercano a Lula, Celso Amorim. 

"Le voy a pedir, querido presidente, a quien todavía es presidente hasta el 10 de diciembre, en mi carácter de ex presidenta constitucional de este país, que por favor, como yo lo hice hasta el 9 de diciembre, tome todas las medidas que deba tomar para aligerar la situación dramática que se vive en las finanzas del país", disparó Cristina Kirchner y despertó la euforia en el búnker del Frente de Todos. "Les quiero pedir a todos los dirigentes que por favor nunca más rompan la unidad que se ha alcanzado", sintetizó Cristina. 

162 DÍAS DE CAMPAÑA

Septiembre de 2018. “Desde 2015 hasta 2017 Mauricio Macri perdió 10 puntos, yo creo que la unidad del peronismo es posible”. Alberto Fernández no podría haber imaginado que un año después de aquella conversación con BigBang sería el candidato más votado y se convertiría en el próximo presidente, en una campaña que estuvo centrada en la aguda crisis económica, pero que además tuvo un alto componente de reconciliaciones políticas entre dirigentes que estuvieron años lanzándose acusaciones cruzadas.

Pasaron exactamente 162 días desde la mañana en que Cristina Kirchner ungía como candidato a presidente a Alberto Fernández, el hombre que hasta entonces había operado en las sombras para lograr la unidad del peronismo. Pero la historia había comenzado tres días antes, la tarde del miércoles 15 de mayo, mientras el ex jefe de Gabinete daba clases de Derecho Penal en la Facultad de Derecho y recibía un mensaje de WhatsApp de Cristina pidiéndole que fuera a su casa para charlar. Eran tiempos de definiciones y la senadora le planteó la idea: “En este momento no se necesita a alguien como yo, que divide. Vos te llevás bien con todo el mundo, hablás con todo el mundo”. Él le pidió un día para pensarlo. El jueves comenzó el rodaje de aquel video que se difundió en la mañana el sábado 18 de mayo, en el que la ahora vicepresidenta electa definía a Alberto como un hombre que siempre decidió, organizó y acordó para buscar “la mayor amplitud posible de gobierno”.

Lo que siguió fue una campaña maratónica en la que la fórmula Fernández-Fernández debió negociar para resolver las fracturas y divisiones internas dentro del peronismo. Primero con los gobernadores, a quienes les prometió una “mirada federal” de la Argentina, y luego con el propio Sergio Massa, quien sobre la hora terminó aceptando encabezar la lista de candidatos a diputados por la Provincia, el único lugar con protagonismo que le quedaba después de que la propia Cristina Kirchner anunciara que Axel Kicillof y Verónica Magario competirían contra María Eugenia Vidal.

Con una Cristina silenciosa cuya campaña giró en torno a la presentación de su libro y viajes a Cuba para visitar a su hija Florencia Kirchner, Alberto Fernández se puso al frente de la campaña desde el minuto uno y mandó señales tanto al kirchnerismo duro como a Héctor Magnetto, y en un evento organizado por el Grupo Clarín y con su CEO en primera fila fue enfático: “Tenemos que cerrar la grieta”. Conversó con Hebe de Bonafini y también recibió en su búnker de la calle México a ruralistas de la Mesa de Enlace. Se reunió con el FMI y puso en primera fila de varios actos al dirigente social Juan Grabois, que propuso no pagar la deuda.

Alberto repite en privado que quiere ser el presidente de la unidad y cree que para eso requiere apoyo de gobernadores e intendentes, pero también de sindicalistas y empresarios.

PACTO SOCIAL Y DEUDA: EL BORRADOR DE SU GOBIERNO

Una de las preocupaciones centrales del presidente electo es resolver el tema del hambre. En el entorno de Fernández creen que la pobreza – que en el primer semestre de 2019 trepó al 34,5 % - será cercana al 40 % para fin de año. En campaña, Fernández presentó un proyecto en ese sentido, con el objetivo de bajar el precio de los alimentos a través de una Ley de Góndolas y una tarjeta alimentaria. Daniel Arroyo es su hombre de confianza y todo pareciera indicar que podría ser el próximo ministro de Desarrollo Social.

El presidente electo busca sellar un “pacto social” con empresarios y sindicalistas antes de fin de año y extenderlo, al menos por seis meses. Los dos aspectos centrales son la suba de salarios y el congelamiento de precios, aunque en la mesa de negociación se vuelcan el tema tarifario, el impositivo y las tasas de interés. En el último mes y medio mantuvo reuniones claves con grandes industriales y PyMES.

El otro gran tema al que le prestará especial atención Fernández es a la renegociación de la deuda con el FMI, sin quita de intereses a acreedores y bonistas privados. En los últimos días se mostró especialmente preocupado por lo que pueda ocurrir con los mercados esta semana, y en varias ocasiones le reclamó al presidente que no libere el precio del dólar. Desde hace meses, advierte su preocupación por el nivel de las reservas del Banco Central: desde el 11 de agosto cayeron U$S 20.000.

Aunque aún no dio nombres, Fernández sabe que en los próximos días deberá anticipar quiénes serán algunas figuras de su gabinete, sobre todo en el área económica, donde si bien suenan con fuerza Matías Kulfas y Cecilia Todesca, también aparecen personajes como Guillermo Nielsen (que podría ocupar algún cargo en el área energética) y Martín Redrado. Otro “ministeriable” es Santiago Cafiero, su joven jefe de campaña que podría asumir como jefe de Gabinete.

Alberto dio señales de que Felipe Solá podría ser su canciller, Eduardo “WadoDe Pedro iría al Ministerio del Interior, María Eugenia Bielsa al Ministerio de Vivienda que planea crear y se especula con que Victoria Donda podría ser ministra de la Mujer. Marcela Losardo suena fuerte para ocupar el Ministerio de Justicia: de buena relación con jueces federales en Comodoro Py, es socia de Fernández en su estudio jurídico.

DIEZ AÑOS DESPUÉS EL TIEMPO VUELVE A EMPEZAR

La historia es conocida: Alberto Fernández fue el jefe de Gabinete primero de Néstor y luego de Cristina Kirchner, hasta que la crisis del campo en 2008 marcó su salida del gobierno. La década que transcurrió desde entonces y hasta 2018 quedó signada por críticas y cuestionamientos de los más duros y dolorosos entre ambos. Él llegó a decir que Cristina tenía una “gran distorsión de la realidad” y que el peronismo había sido “patético” en su gestión. La militancia K por esos años no ocultaba sus críticas y ensalzaban sus vínculos con el Grupo Clarín y lo tildaban como un “lobista de las corporaciones que habla como si fuera independiente”.

Esos tiempos, insiste Fernández, ya se acabaron. Cree que Máximo Kirchner tuvo una “gran generosidad” en el armado de las listas y repite que nunca más se volverá a pelear con Cristina. “Soy el primer presidente que tiene una amiga de vicepresidenta”, dijo meses atrás. “WadoDe Pedro, uno de los jefes de La Cámpora, se volvió una pieza fundamental para Fernández.

En esos años de distancia Fernández supo tejer un vínculo con otros ex aliados a la ex presidenta, como el propio Massa, quien tuvo al ahora presidente electo como jefe de campaña en 2015; o Florencio Randazzo, con quien se embarcó en la aventura legislativa de 2017, cuando sacaron menos de cinco puntos. Justo dos meses después de aquellas elecciones en las que Cristina perdió contra Esteban Bullrich fue que se reencontraron los Fernández. Hoy los cuatro – Randazzo, Massa, Alberto y Cristina – volvieron a quedar bajo el mismo paraguas.

La reconciliación, además, incluyó a otros dirigentes como el gobernador Carlos Verna, de La Pampa, donde según coinciden fuentes del PJ comenzó a gestarse la unidad hacia fines del año pasado. Afuera quedó el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, quien se mantuvo firme en su postura de no respaldar ni a Mauricio Macri ni a Alberto Fernández, aunque sí dio vía libre a los intendentes del interior para que jueguen con libertad. Casualmente, Córdoba es una de las cinco provincias donde se impuso Juntos por el Cambio.

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