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Aborto, Francisco y sueldo de obispos: qué hay detrás de la guerra entre el Gobierno y la Iglesia

Las críticas al gobierno de Macri. La relación conflictiva con el Papa. 
Macri, junto a monseñor Arancedo.

Macri, junto a monseñor Arancedo.

“Fue al Newman y ni sabe hacerse la señal de la cruz”, lanzó en febrero pasado el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, apenas unos días después de que el presidente Mauricio Macri habilitara el debate parlamentario sobre el aborto. Esta semana, en una de las respuestas ante la Cámara de diputados, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, reveló cuánto ganan los obispos y cuánto destinará este año el Ejecutivo a pagar los sueldos de la Iglesia Católica.

Más silenciosa que visible, la guerra entre el Gobierno y la Casa Rosada quedó blanqueada en las últimas semanas y se terminó de destapar cuando el propio Peña reveló que un obispo diocesano gana $46.950 y que este año la administración nacional destinará más de $130 millones para pagar los salarios de toda la Iglesia.

Esos cruces no sólo se dieron por el aborto. La Iglesia tuvo posturas críticas hacia la Casa Rosada en temas muy sensibles para la sociedad, como ocurre con la desigualdad social. En la última colecta anual de Cáritas de 2017, advirtieron en un documento que “la pobreza es una realidad” y que se agrava la situación del narcotráfico.

La Iglesia hizo algunas críticas hacia la gestión de Macri en el pasado.

Frente al propio Macri, en un Tedeum, el cardenal Mario Poli alertó que “la confrontación roba la esperanza”, y que todos deben aspirar a “políticas de Estado que sostengan en el tiempo un desarrollo humano integral y respetuoso de la Creación”. La tensa relación entre el presidente y el Papa Francisco marca otro eje de disputa con la Iglesia.

El Pontífice sobrevoló la Argentina meses atrás y apenas envió un breve telegrama de salutación y las versiones acerca de por qué posterga su visita se multiplican con el paso del tiempo. Esta semana se cumplieron cinco años de su llegada al Vaticano. A pesar de que lo recibió a Macri en el Vaticano en dos ocasiones, se trató de encuentros relativamente breves, en un tenso contexto por una supuesta tirante relación entre Francisco y el presidente argentino, que se remonta a la simpatía por el peronismo del Papa, en sus tiempos como Jorge Mario Bergoglio.

Sin embargo, en las últimas semanas el cruce estuvo centrado en dos aspectos centrales: el debate por el aborto - que no propició el Gobierno pero sí decidió habilitar en el Congreso - y los salarios de los obispos. A fines de febrero, Aguer analizó que la decisión del presidente era una “cortina de humo”, aunque lo más llamativo fue el tono de la crítica hacia el presidente.

Durante mucho tiempo se especuló con una supuesta tensa relación entre Macri y el Papa.

“Hay una serie de contradicciones en el caso del presidente, un hombre formado en el colegio Newman y en la UCA, que yo creo que ni sabe hacerse bien la señal de la cruz, y ahora sale con estas cosas”, acusó el arzobispo de La Plata. Tras el Tedeum del 25 de mayo del año pasado, en las redes sociales cuestionaron a Macri por su supuesto “olvido” de cómo persignarse.

Como sea, la respuesta no tardó en regresar desde la Casa Rosada. A pesar de que la mayoría de los funcionarios se expresaron en contra de despenalizar el aborto y varios alegaron cuestiones religiosas. Esta semana, el propio jefe de Gabinete reveló ante una pregunta del bloque Evolución que comanda Martín Lousteau cuál era el salario de los obispos.

De acuerdo al escalafón, los obispos ganan entre 40.800 y $46.800. En total, este año el Gobierno destinará $130.421.300 para los salarios. Pero - y como era de esperarse - en la curia esa revelación no cayó para nada bien. “Cada vez que hay un problema nos sacuden a nosotros”, lanzó el obispo cordobés Sergio Buenanueva.

Aguer cuestionó la difusión de las cifras y en declaraciones a radio Mitre apuntó ue utiliza el dinero para “darle a los pobres” y que no se puede prescindir del aporte del Estado debido a que las limosnas de los fieles “suelen ser miserables”. “Si me lo rebajan o me lo quitan me arreglaré como pueda”, lanzó Aguer.

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