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A 30 años de la hiperinflación, el análisis de Marcelo Zlotogwiazda: "Una bola de nieve imposible de parar"

La importancia del sector externo. La conflictividad social. Los problemas de una democracia incipiente. 

Por Daniel Riera

Marcelo Zlotogwiazda trabajaba en el diario Página/12 hace treinta años, cuando se produjo la hiperinflación que derivó en la caída del gobierno de Raúl Alfonsín. Desde su doble perspectiva de periodista y de economista analiza un momento durísimo de la Argentina.

-¿Por qué ocurrió la hiperinflación, como llegamos a ese histórico 196,7 por ciento de junio de 1989?

-Es una cifra... alemana, de la Alemania de la República de Weimar... Porque la economía estaba absolutamente descalabrada. En el fondo, yo siempre tiendo a decir que en los problemas de inflación, mucho más cuando hay hiperinflación, el problema central es la pérdida del Estado, o mejor dicho, la pérdida de la capacidad del Estado para mediar en la puja distributiva. Ahí hay ahí problemas no resueltos que si son pequeños dan lugar a problemas pequeños, y si son grandes dan lugar a problemas muy grandes. La Argentina tenía problemas muy grandes en lo macroeconómico, con un poder político muy debilitado, porque el Gobierno de Alfonsín había perdido las elecciones de 1987 y no podía manejar el conflicto social. La hiperinflación en definitiva es la expresión de un conflicto social, básicamente de una puja distributiva. Por supuesto que siempre tenés pujas distributivas. Ahora bien, esta puja distributiva se daba en un contexto de desequilibrios económicos de todo tipo, como por ejemplo un enorme déficit fiscal –en buena medida porque habías heredado una deuda de 40 mil palos verdes- y porque se había desmoronado el único programa antiinflacionario del gobierno de Alfonsín, que fue el Plan Austral. Se había desmoronado porque no conjugaba con los equilibrios macroeconómicos. Yo aprendí como economista y como periodista económico en estos treinta y pico de años que la economía argentina hay que empezar a analizarla por el sector externo. Y Argentina tenía un sector externo desastroso, con falta de dólares, y eso te impide funcionar. Si a esto le sumás una democracia naciente con muchas demandas, muchas expectativas, lleva un momento en el que ya no podés parar la pelota. Se te arma una bola de nieve que no podés parar y aparece lo que siempre hay, pero que si se desata no lo podés parar, que es la inercia inflacionaria. Te aumento el 50 por ciento, te ajusto el 60, después el 70, y esa inercia inflacionaria desemboca en la hiperinflación, como terminó sucediendo. Ese es un panorama muy básico, del que no está ajeno, por supuesto, la debilidad política del gobierno de Alfonsín desde el 87 en adelante.

Los saqueos y las teorías conspirativas

 -¿Cuál fue a tu juicio el papel del "Círculo Rojo" de entonces durante aquella crisis?

-Más allá de que en los saqueos alguien puede haber encendido alguna chispita, no creo en las teorías conspirativas, ni por parte de la oposición ni por parte de los empresarios. La situación era tal que generaba condiciones para que pasara lo que pasó. Los empresarios actúan en función de sus intereses, que pueden ser variados, que pueden ser contradictorios, que pueden ser paradójicos, pero no conspirando para voltear a un gobierno. Obviamente, tienen sus intereses y sus apoyos y se reúnen y rosquean, pero de ahí a atribuir la crisis argentina de esos años al accionar de los empresarios, hay un trecho.

 

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-Sí, pero Osvaldo Cornide reconoció hablando con BigBang que el último empujón a Alfonsín se lo dieron cuando le sacó un comunicado en el que dijo que Menem estaba dispuesto a asumir antes de tiempo…

-Sí, puede ser, pero es un tema no sé si anecdótico pero secundario. La crisis ya estaba desatada.

Los problemas del sector externo y las dificultades para dialogar

-¿Cuál es tu análisis de esa altísima conflictividad social de la que hablabas, expresada nada menos que en 13 paros de la CGT?

-Vista retrospectivamente después de 30 años, aquella era una democracia incipiente donde la convivencia democrática, los límites, la posibilidad de negociar, de dialogar, no estaba ejercitada. Y no es que la Argentina venía de una época democrática –me refiero a la época previa a la dictadura- precisamente tranquila. Argentina venía con un ejercicio de violencia: veníamos de una sociedad violenta, que después pasa a una dictadura sangrienta. Entonces, la demanda, acaso la sobredemanda de los sectores sociales era casi inevitable,en ese contexto de un país que no estaba acostumbrado a ningún tipo de acuerdo. También se puede decir que 12 años después volvió a pasar más o menos lo mismo. Después de un veranito en algunas cuestiones macroeconómicas con la convertibilidad, los problemas de fondo seguían sin resolverse y algunos se habían agravado. Esto que me preguntás de la CGT no era determinante pero si fundamental en quehacer político, pero en un contexto donde la situación externa era calamitosa, tanto en el 89 como en el 2001. En la época de De la Rúa la crisis no desembocó no en una hiperinflación, pero casi: un estallido social con una bruta devaluación.  Porque después de 10 años de convertibilidad, un poco menos, seguían latentes los mismos problema estructurales de la economía argentina, que en algún punto siguen presentes hoy. Otra vez Argentina teniendo problemas cuyo disparador, si uno tiene que elegir uno, es el sector externo, la falta de dólares. La incapacidad de la economía argentina para generar los dólares que necesita.

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¿Puede volvernos a pasar una cosa así?

-No tengo idea. No lo descarto. Las sociedades generan anticuerpos, memoria, historia… Pero ya pasó tres veces, Alfonsín tuvo la suya, Menem tuvo la suya, y después pasó del 2001, donde no se llegó a la hiperinflación pero sí a un estallido social.

Aquella era una democracia incipiente, con enormes problemas estructurales"

-¿Cuál fue el papel del Plan Austral, con su congelamiento de precios y salarios,  y el del Plan Primavera en la crisis?

-El plan Austral funcionó bien al principio.  Consiguió  generar expectativas favorables, el gobierno resultó fortalecido y ganó las elecciones de 1985 gracias al Plan Austral , pero nuevamente: los problemas estructurales de fondo seguían vigentes desde el sector externo y desde el sector fiscal. El congelamiento de precios es una herramienta de política macroeconómica que sirvió para estabilizar la moneda en un principio, como le había servido a Gelbard durante ocho o nueve meses en el último gobierno de Perón. Pero esas herramientas no se pueden sostener en el tiempo, vos tenés que tener el modo de salir ...Y el plan Primavera fue un plan de emergencia con ayuda del Banco Mundial para ver si podían sostener desequilibrios macroeconómicos, y alcanzó para casi nada.

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-Cuando hablás del sector externo, no te referís sólo a los acreedores externos...

-Claro, los acreedores obviamente son parte del problema, pero no es sólo la deuda. Es la deuda, es el déficit de cuenta corriente, la suma y resta de los dólares que te entran y te salen por todo concepto. Los intereses del pago de deuda son clave,  pero después tenés el problema de qué pasa con Argentina exportando poco. La Argentina es un país que históricamente exportó poco, y lejos estuvo de resolverlo el plan Austral. También la volatilidad del tipo de cambio, que el dólar esté o muy bajo o muy alto... Vuelvo al principio: aquella era una democracia incipiente con enormes problemas estructurales, una democracia que además había nacido con la promesa de que te iban a asegurar que pudieras comer, educarte y curarte. Era difícil hacer reformas estructurales en ese contexto… Hubo un intento de Terragno de Reforma del Estado en el 87/88, pero para ese momento el gobierno de Alfonsín ya estaba muy debilitado y venía barranca abajo.

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