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Cecilia Todesca Bocco: de la doble recuperación, a la hoja de ruta productiva a mediano y largo plazo

Cuál es el plan económico del Gobierno, qué pasa con la inflación y cómo se sientan las bases de un modelo más justo en el marco de una de las crisis más profundas que atravesó la humanidad.

Entender de dónde venimos para poder decidir hacia dónde vamos. Mientras los indicadores económicos y productivos comienzan de a poco a ponerse en verde y algunos sectores recuperan (e incluso superan) los índices previos a la pandemia, son muchos los argentinos que todavía no sienten el impacto de la denominada “reactivación económica invisible” por parte de la oposición. Cecilia Todesca Bocco, vicejefa de Gabinete, explica en una charla con BigBang el fenómeno de la doble recuperación que se vive en la actualidad y despliega la hoja de ruta de desarrollo productivo a largo plazo en la que trabaja el Gobierno.

Un mismo dato, distintas interpretaciones. En los últimos días, el INDEC dio a conocer la inflación correspondiente a julio, que fue del tres por ciento. Se bien se trata del cuarto mes consecutivo de desaceleración (y el menor registro desde octubre del 2020), lo cierto es que la suba de precios acumulada alcanzó en el primer semestre del año el 29,1% y superó así a la proyección del presupuesto que se presentó el año pasado. La brusca suba de los commodities internacionales que se registró durante los primeros tres meses del 2021 arrastró a su paso los precios domésticos de todos los países del mundo y esa es una de las explicaciones sobre la mesa. Pero la Argentina ya arrastraba una inercia inflacionaria, lo que torna el análisis un poco más complejo.

"Es así. En principio, el impacto de los precios internacionales durante los primeros meses del año fue muy fuerte y eso nos alejó de las metas que habíamos establecido. Eso pegó muy fuerte en la economía Argentina que, como sabemos, viene desde hace años con niveles de inflación elevados. Es cierto también que estamos viendo un proceso de desaceleración que, desde ya, es más lento de lo que nos gustaría y somos absolutamente conscientes de esto: no estamos celebrando nada. Pero nosotros vamos viendo este descenso y estamos acompañando con políticas que ayuden a que los ingresos de las familias se recuperen en términos reales", explica la funcionaria.

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¿Cuál fue el impacto del shock de los commodities en otros países? Estados Unidos, por ejemplo, registró en julio una inflación interanual del 5,4% (impulsada fundamentalmente por la suba internacional de la energía) y desde la Casa Blanca esperan que en los próximos meses descienda al límite del 2%, que es el objetivo fijado por la administración de la Reserva Federal. En Brasil, sin ir más lejos, los precios al consumidor registraron en julio su mayor alza en casi dos décadas. "Brasil tampoco va a poder cumplir con su meta de inflación. Esto lo que demuestra es que cuando hablamos del impacto del shock de los precios internacionales fue algo que realmente existió y lo ves en el efecto que tuvo sobre los precios en el resto de las economías, que no tienen el problema de la Argentina. No es un verso, ni un pretexto; fue una realidad. Fue un momento muy fuerte provocado por la salida de la pandemia y eso hay que administrarlo", contextualiza Todesca Bocco.

Cuando hablamos del impacto del shock de los precios internacionales fue algo que realmente existió y lo ves en el efecto que tuvo sobre los precios en el resto de las economías, que no tienen el problema de la Argentina"

"No le estamos prometiendo a nadie cosas que no podemos cumplir. Por eso, cuando empezamos a ver que esa meta a la que hacíamos referencia del 29 por ciento de inflación para este año no se iba a poder cumplir por este shock de precios internacionales, inmediatamente lo que nosotros dijimos fue: 'Acá lo importante es que los ingresos de las familias le ganen a la inflación'. ¿Por qué? Justamente para asentar el crecimiento sobre eso. Siempre decimos lo mismos: más o menos, dependiendo de cómo lo midas, el 60 ó 70 por ciento del PBI es el consumo. Entonces, si los ingresos de la familias no se recuperan, sencillamente no podés sostener el crecimiento. Nuestro programa es de desarrollo de las capacidades productivas argentinas porque eso tiene que ver, por ejemplo, con la sustitución de importaciones. ¿Lo hacemos porque no queremos estar integrados al mundo? No, todo lo contrario. Porque queremos integrarnos mejor, queremos producir todo aquello que podemos producir y exportar trabajo argentino, en lugar de importar trabajo extranjero".

-¿Cómo se logra el balance entre lo urgente y lo importante? ¿Cómo se compatibiliza la política de recuperación salarial en un mundo todavía atravesado por la pandemia con una agenda de desarrollo productivo pensada para el mediano y largo plazo?

-De eso hablamos un poco cuando planteamos la doble recuperación. Nosotros somos absolutamente conscientes de que hay sectores de la economía que todavía ven su actividad afectada por la pandemia, sobre todo los gastronómicos, el turismo y los vinculados a la cultura, por ejemplo. Para ellos hay políticas activas de acompañamiento que siguen vigentes. Pero estamos de a poco pasando de las políticas de apoyo a las medidas dirigidas a la reactivación, como los créditos para los monotributistas puros a tasa cero, el programa de Precios Cuidados. El avance de la campaña de vacunación permite la ampliación de la recuperación de actividades y eso se engancha con la generación de empleo. Pero cuando hablamos de la doble recuperación nos referimos también a la crisis del 2018 y después a la que generó la pandemia. Primero hay que recuperar lo que se perdió durante los cuatro años del Gobierno anterior y después revertir el impacto del 2020.

Algunos datos que permiten poner en contexto el desafío de la gestión actual: durante la administración de Mauricio Macri, el salario real de los trabajadores de cayó en un 19 por ciento. El ex presidente llevaba sobre sus espaldas al momento de entregarle el bastón de mando a Alberto Fernández el cierre de 24.537 pequeñas y medianas empresas: un promedio de casi 17 quiebras diarias en sus 1.461 días de gestión. Y, casualidades del destino, la entrevista con la vicejefa de Gabinete tuvo lugar el jueves, día en el que se cumplieron dos años de la devastadora devaluación del 23% -empujada por decisión política de Macri- con la que amaneció la sociedad argentina tras la victoria en las PASO del Frente de Todos.

-Hoy se cumplen dos años de aquella devaluación, que todavía no tiene otra explicación más que el castigo al electorado por el resultado adverso al oficialismo de ese momento

-Y ahí no había pandemia. Por eso hablamos de la doble recuperación, porque no nos tenemos que olvidar de los problemas estructurales con los que nos encontramos en el 2019 y que todavía nos condicionan muchísimo. Es interesante lo que decís, porque todavía uno escucha cada dos por tres: 'Mejor devaluamos, porque así resolvemos los problemas'. La verdad es que no entiendo muy bien cuál de todos los problemas que tenemos se resolverían con una devaluación. Diría que todo lo contrario, que se agravarían. Eso no quiere decir que uno no tenga que tener una política cambiaria que nos permita sostener un cambio que siga siendo competitivo. Pero Argentina no puede competir por salarios de miseria, tiene que competir por otras cosas: esta es una economía semi industrializada, con muchas capacidades; con niveles de formación de los trabajadores y las trabajadoras bastante elevados. Con un conjunto de indicadores como educación, ciencia y tecnología; de cantidad de médicos e investigadores cada cien mil habitantes muy elevado. Entonces, nosotros tenemos que insertarnos a través de todas esas ventajas que tenemos y no a través de pauperizar los salarios. Esa competencia no nos interesa.

-Estamos en un año electoral y se vuelven a escuchar viejas fórmulas mágicas ya aplicadas para resolver el problema de la inflación. ¿Cuál es la hoja de ruta que están llevando?

-El tema inflacionario en la Argentina es bien importante y a la vez dificultoso, porque es un emergente de problemas más estructurales de la economía del país. Uno de ellos es que los procesos de aceleración inflacionaria en la Argentina están vinculados con los momentos en los que la economía se queda sin dólares. Cuando eso sucede, tenés saltos bruscos de cambio, esas mega devaluaciones que vimos en 2018 y 2019, que te generan justamente un proceso de aceleración. Hay un impacto directo en todos los precios y todo eso arrastra a los salarios. Ahí es cuando algunos dicen: 'Los salarios son inflacionarios'. No, los salarios no son inflacionarios, pero esta rueda sí.

La verdad es que para combatir la inflación no hay una receta mágica y no es linealmente la cantidad de dinero (emitida) como también se escucha por ahí. Es un conjunto de cuestiones bastante complejo en donde tenés, por ejemplo, la política fiscal. Porque, si bien vos necesitás que la política fiscal en un momento como este sea expansiva, dado que el sector público tiene que poder financiar las políticas de apoyo y ahora de reactivación para poder poner a la economía en marcha, no se puede hacer de cualquier modo. Entonces, hay una política fiscal que tiene que acomodarse e ir siendo cada vez más ordenada. También hay una política monetaria que ordenar y si bien nosotros no somos de la idea que probablemente tenía el Gobierno anterior de que la única explicación para la inflación es la cantidad de dinero, por supuesto que hay una relación entre esa cantidad y los dólares, básicamente porque los dólares se compran con pesos. Es tan sencillo como eso. Pero acá es en donde todo se torna un poco más complejo, porque a su vez no podés meter a la economía como ha pasado en otro momento en un circuito de contracción de la cantidad de dinero, porque con eso generás recesión. Nuestra política antiinflacionaria es más estructural y por eso es más lenta. Por eso no le estamos prometiendo a nadie cosas que no podemos cumplir, porque el objetivo es hacer una transformación de fondo.

-Ahí es en donde aparecen entonces las políticas apuntadas a la reactivación del entramado productivo que se lanzaron incluso durante la pandemia

-Exacto. El Ministerio de Desarrollo Productivo tiene una apuesta muy fuerte en lo que en la literatura económica se llama 'política industrial'. En ningún lugar del mundo las empresas se desarrollan porque sí. Lo pueden hacer porque tienen un conjunto de elementos que las ayudan a desarrollarse. Y, entre ellos, juega mucho la política pública en términos de créditos blandos, en esquemas de contribuciones patronales distintos como se hizo en la Argentina con la Ley de software, después conocida como economía del conocimiento. Planes como el 'Te Sumo'. Nosotros creemos que la política antiinflacionaria tiene que ir dirigida a los problemas estructurales de la economía: tanto en términos de que te alcancen los dólares, para decirlo mal y pronto; como en la sustentabilidad económica y social de este modelo de producción y conocimiento. Es decir: con más empleo argentino, mejores salarios; con políticas que impulsen y potencien la tecnología limpia y apostando a un modelo que vaya hacia una economía verde como vector de desarrollo. Es un camino más largo, sí; es un camino más largo; pero que va a los problemas estructurales que tiene la Argentina.

-En un país además en el que gran parte de la población trabaja en la informalidad, con brechas sociales que te marcan pautas complejas. ¿Cómo se recupera el poder adquisitivo de un trabajador que no tiene acceso a una negociación paritaria? 

-Este es un mercado de trabajo dual, como lo llaman en general los economistas, en donde vos tenés una porción de los trabajadoras y las trabajadoras que está protegida, que tiene relativos buenos salarios, aunque obviamente hay muchas diferencias sectoriales e incluso regionales; pero que tienen aportes a la seguridad social, salud y paritarias. Tienen a sus representantes que negocian por ellos los aumentos de salarios. Pero también tenés a otro conjunto igualmente importante de gente que no tiene ninguno de esos derechos. También tenemos a todos los trabajadores independientes como los monotributistas. Claro que es un desafío, porque, ¿cómo hacés para generar un aumento de ingresos también en ese sector en donde no tenés una mesa paritaria? En general, lo que se nota es que cuando crecen los salarios y se expande el mercado formal de trabajo, eso tracciona positivamente al resto. De todos modos, la política pública ha tenido un ojo en este sentido: nosotros hemos ido ampliando las políticas sociales con el objetivo de componer los ingresos de esas familias que hoy no están en el mercado registrado de trabajo, lo que no quiere decir que no estén en el mercado de trabajo. De ahí la importancia de la AUH, de la AUE, del Plan Potenciar Trabajo; de la ampliación del monto de la Tarjeta Alimentar y la incorporación de chicos de hasta catorce años; por ejemplo.

-En esta suerte de rueda económica de la que hablábamos y de las políticas que buscan transformaciones de fondo, la reapertura de las paritarias va a tener un impacto directo en los jubilados

-Exactamente. La nueva fórmula ata la trayectoria de las jubilaciones a dos cuestiones: a la recaudación por un lado y al salario del mercado de trabajo privado registrado. Es muy importante esta fórmula porque le da sostenibilidad en el tiempo al sistema jubilatorio. Si crece la recaudación, se pagan mejores jubilaciones. Cuando crecen los salarios, que aportan contribuciones patronales de los trabajadores, se pagan mejores jubilaciones. Esa es la lógica de la fórmula y como hemos tenido esa aceleración inflacionaria de la que hablábamos antes, nosotros hemos sacado bonos para compensar aquellos en donde las jubilaciones se quedaron por debajo de la inflación. Somos absolutamente conscientes de eso y por eso está la política de bonos, para aliviar hasta que las nuevas subas por paritarias tengan su impacto en la fórmula.

Respecto a lo que vos decías de que la economía es un circuito por cómo todas las cosas están interrelacionadas, es verdad. Cuando vos crecés más, importás más; la restricción externa si uno tuviera que graficarla muy sencillamente tiene tres patas: la primera es que para crecer necesitás dólares, porque necesitás importar máquinas, insumos y bienes intermedios; la segunda, es que la economía Argentina es una economía bimonetaria. Esto es largo y tiene una explicación compleja, pero lo cierto es que una parte del ahorro va a parar a moneda extranjera entonces eso presiona sobre el mercado cambiario. Y la tercera es el fenomenal endeudamiento en moneda extranjera que se generó durante el gobierno anterior y eso es una presión más sobre el mercado de cambios. Entonces, la restricción externa de la Argentina está influenciada por estas tres cosas y todo esto hay que administrarlo. Pero lo que está claro es que saltos bruscos y devaluaciones desordenadas como las que tuvimos en 2018 y 2019 no hacen más que empeorar las cosas.

Pese a que la reactivación económica todavía no se siente en los bolsillos de todos los argentinos, las proyecciones de crecimiento para este año van del siete al ocho por ciento; lo que implicará un incremento en la demanda de dólares para la importación de insumos. En este circuito interconectado de variables, el incremento de la capacidad exportadora de la Argentina se torna clave para la adquisición de las divisas con las que precisamente se busca sostener el crecimiento.

En noviembre del año pasado el Ministerio de Desarrollo Productivo a cargo de Matías Kulfas puso en marcha el Plan de Desarrollo Federal Exportador Pyme, que cuenta con una inversión de 20 mil millones de pesos y busca impulsar las capacidades exportadoras de 15 mil pequeñas y medianas empresas del país. Además de la capacitación y la asistencia técnica para mejorar la competitividad y la productividad, también se abrieron tres líneas de financiamiento específicas con tasa subsidiada del FONDEP para exportadores desde la secretaría que conduce Guillermo Merediz. Dato no menor: durante la gestión anterior, la participación exportadora pyme representaba para ese entonces sólo el 17 por ciento de la torta.

El 17 de diciembre de 2015, sólo dos días después de asumir la presidencia, Macri anunció el levantamiento del cepo al dólar, celebrado por bastos sectores de la sociedad. En términos claros: se aplaudió de pie una devaluación del 30 por ciento en sólo un día. Sobre el final de su gestión, tras el brutal endeudamiento y la crisis de capitales, el ex presidente debió volver a imponer restricciones a la compra de divisas.

"Es cierto que algunos lo aplaudieron, pero me parece que algunas cosas no se explican suficientemente. El cepo, ya lo he dicho muchas veces, no es un castigo para nadie. Nosotros no indicamos con nuestro dedo a nadie que haya comprado doscientos dólares como un apátrida, no tiene nada que ver con eso. Ahora, lo que nosotros sí tenemos en claro, es que los dólares que genera la economía Argentina de forma genuina lo hace únicamente a través de la exportación. También los podés generar, como se hizo en otro momento, con un endeudamiento en dólares; pero eso lo tendrás que pagar. Y sino tenés para pagar, vas al Fondo. Así se llama el cuento. Es muy importante saber que esa regulación del mercado cambiario está diseñada para priorizar esos dólares para la producción, para pagar las importaciones, para pagar las deudas de las empresas con el resto del mundo, las deudas del sector público. Es simplemente eso, no es ninguna persecución a nadie", explica.

-¿Qué sentiste como economista cuando Mauricio Macri anunció el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional?

-Me generó mucha tristeza, porque que un país tenga que ir a pedirle plata prestada al Fondo Monetario Internacional implica que está atravesando una fenomenal crisis de balanza de pagos. Que no puede hacer frente per se a esa crisis. Lo segundo es que, en general, en las relaciones con el FMI lo que hay es una pérdida de soberanía o por lo menos a lo largo de la historia eso fue lo que sucedió. Es muy triste que un país tenga que sentarse a negociar sus políticas económicas con el Fondo Monetario Internacional. Lo increíble del Gobierno anterior es que fue anunciado casi como festivamente: ‘Estamos tan bien integrados al mundo, que ahora resulta que el Fondo nos presta este vagón de plata’; que además es una cantidad de dinero descomunal que para la economía Argentina va a ser muy difícil devolver.

Por eso hoy (Martín) Guzmán lleva adelante esa negociación que es tan estratégica y tan difícil para la Argentina, porque ha sido un préstamo fuera de cualquier parámetro de racionalidad. Increíblemente, hacía tan poco que le habíamos pagado al Fondo todo lo que le debíamos, ese fue un momento al revés, de un gran ejercicio de soberanía; de poder decir: ‘Bueno, mirá; acá tenés lo que yo te debo y sabés qué, no te debo nada más. De aquí en adelante, mi programa económico es lo que yo pienso que tengo que hacer’. Que es exactamente con la misma premisa con la que se está negociando hoy. Nosotros queremos arribar a un acuerdo, pero todo el tiempo nos están corriendo cuándo qué; no estamos tan preocupados por el cuándo, como por el cómo. La política económica de la Argentina le tiene que permitir al país un crecimiento y un desarrollo.

-Después de la derrota electoral de Donald Trump hubo un reposicionamiento geopolítico de Estados Unidos que podría beneficiar a la Argentina en la negociación

-Acá somos los que vivimos en este territorio, los que votamos en este territorio, los que nos tenemos que hacer cargo de nuestra propia realidad y de nuestras propias soluciones. Y, por supuesto, la conversación con el resto de los países y el pedido de entendimiento de las circunstancias de ese endeudamiento y de cómo la Argentina puede llevar adelante su proceso de crecimiento y a la par de honrar sus deudas. Todo eso es cierto, pero lo tenemos que construir nosotros. El diálogo obviamente con los países vecinos, con todos los otros países del mundo, debe ser siempre una conversación respetuosa y en la que nosotros representamos los intereses de los argentinos, las argentinas y de todos aquellos que viven en este territorio. Esos son los intereses que nosotros tenemos que representar, así como los otros representan los intereses de las personas que viven en sus territorios. Hay que poder negociar con los objetivos claros y nuestros objetivos son bien claros desde el primer día. Es esto de lo que hablábamos de la economía productiva, la economía que genere trabajo, economía que le meta ciencia y tecnología a la producción nacional; esta economía en donde nosotros es un país lleno de capacidades que tiene todas las condiciones para salir adelante.

-La capacidad quedó también demostrada con la reconversión de empresas en pandemia que pasaron a producir los insumos médicos que escaseaban en el mundo. Pasamos de importar respiradores a producirlos. De importar vacunas a desarrollarlas en el país

-Es así, tal cual. En su último discurso, una de las cosas de las que habló Macron fue de soberanía respecto de la producción de vacunas. Y estamos hablando de Francia, en el corazón de Europa. Lo mismo aplica para nosotros. La capacidad de producir bienes y servicios, y de que estos bienes y servicios se vayan complejizando es soberanía. Es poder darle mejor calidad de bienes y servicios a tu población, es poder exportarlos y generar mejor calidad de vida para todos y todas. Pero, por sobre todas las cosas, esta es una economía semi industrializada porque somos un país en vías de desarrollo. Pero esto no es tierra arrasada, este no es un país en el que todo haya que importarlo o en donde la gente no tenga las capacidades básicas para seguir adelante un proceso productivo. Algunos están todo el tiempo planteando eso. Se habla de la empleabilidad de los jóvenes, entonces ahora resulta que los jóvenes no pueden ser empleados. ¿Cómo que los jóvenes no pueden ser empleados? Por supuesto que uno puede tener una capacitación que le falta, una tecnología nueva que no conoce; una parte de la capacitación se hace también en el trabajo, no sólo en la escuela. Y si vos no pudiste acceder a tu primer trabajo esa parte de la capacitación te falta. Pero no es un problema de la empleabilidad de los jóvenes, es un problema de la demanda de trabajo.

-Los mismos que hoy hablan de la falta de formación de los jóvenes son los que redujeron en un 35% el presupuesto educativo durante los últimos cuatro años

-(Ríe) Tenemos algunas cosas que son un poco raras, porque los abanderados de la educación son los que en realidad recortaron el presupuesto educativo. Entonces, son cosas raras las que pasan acá. Pero todos sabemos cuál es el país en el que vivimos y sabemos que la apuesta de nuestro Gobierno por educación, salud y tecnología es indudable. Después podemos discutir si hay una política mejor que la otra, lo que funcionó y lo que hay que mejorar. Pero es importante resaltar que, pese a ese desfinanciamiento del que hablamos, somos un país que tiene grandes capacidades por lo que vos decías antes. Se producen respiradores, test; estamos en condiciones de producir vacunas.

En biotecnología la economía argentina es muy potente. Entonces, más allá de las vacunas que nosotros necesitamos hoy y de todo lo que podríamos sustituir de importaciones y todo lo que podríamos exportar, también todos los trabajos que se pueden generar. Porque cuando vos producís la vacuna, no sólo producís el antígeno; producís el frasquito, el tapón, la etiqueta. Esa rueda de la economía argentina de la que hablábamos antes eso es lo que tenemos que ir completando. La economía verde es un vector de desarrollo. La energía es un vector de desarrollo. La economía del conocimiento, la salud. La Argentina tiene que desplegar ese mapa: cuáles son aquellas actividades y sectores que, encadenados unos con otros, le van a permitir a la Argentina desarrollarse aún más respecto de todas las capacidades que ya tiene. Esta historia de que la única salida es Ezeiza, que el problema de empleabilidad lo tienen los jóvenes; todo una mirada tan extraña y tan desapegada a la realidad. No porque no tengamos problemas, porque tenemos muchos problemas; pero también tenemos muchas capacidades. Cuando vos mirás los indicadores duros de la economía Argentina, en nuestra región estamos destacados en casi todos los indicadores: en los sociales, en los de educación, en los de salud.

-A muchos les resulta válida la comparación del impacto económico que tuvo la pandemia en otros países del mundo que no arrastraban una crisis económica como la Argentina, ni tenían los índices de pobreza estructural actuales

-Las sucesivas crisis van dejando capas de la población que cada vez tienen menos acceso a las cosas que son básicas para una vida digna. Nosotros tenemos que estar bien atentos a eso y creo que la sociedad argentina en su conjunto ha hecho mucho en ese sentido. No se ha comprado estos discursos que son un poco superficiales en contra de los sindicatos, en contra de los movimientos sociales; en contra de toda organización, ¿no? La organización vencerá al tiempo, no podemos estar en contra de las organizaciones de la sociedad civil y de las posibilidades de defensa de los derechos más básicos. Al contrario. Las sociedades más complejas son sociedades en las que el Estado es más fuerte, en donde tiene mayor capacidad de intervención; en donde la política industrial está en el centro de la escena y en donde vas sumando capacidades, no desarticulando con esta cosa de: ‘Mejor ser un trabajador independiente, porque así se supone que te levantás a la hora que querés’. Esa no es la realidad de los trabajadores independientes, basta hablar con cualquiera del sector que sea. El año pasado con la pandemia fuimos de lleno con el ATP y las dificultades que teníamos para poder ir también socorriendo a todos los trabajadores que sabíamos que existían, pero que no teníamos registrados. Entonces, me parece que todo lo que hemos vivido en pandemia me parece que nos tiene que llevar a recapacitar sobre esas recetas medio superficiales que no se condicen con el nivel de desarrollo de este país.

Las cinco recetas falaces de la derecha económica, según Cecilia Todesca Bocco

"La inflación es un problema de emisión monetaria"

  • Si eso fuera estrictamente cierto, en los años en los que se contrajo la cantidad de dinero hubiese bajado la inflación y sucedió todo lo contrario. Los procesos de aceleración inflacionaria en la argentina tienen que ver con el sector externo.

"La única forma de generar empleo es bajando las cargas patronales"

  • Las empresas no contratan más empleo cuando les es más barato, lo hacen cuando piensan que van a vender más.

"El dólar está atrasado, hay que devaluar"

  • Parecería que la devaluación es la solución mágica a todos nuestros problemas, cuando en realidad si cualquiera que nos está escuchando lo piensa un minuto a más devaluación, más inflación, más caída del nivel de actividad y menos salario.

"Hay un éxodo de empresas en la Argentina"

  • No, todo lo contrario. En el primer trimestre del año tuvimos un aumento muy importante de las inversiones y estamos volviendo a los niveles del 2018. Porque la lluvia de inversiones tiene que ver con una economía que se recupera, no es un fenómeno climatológico. Tiene que ver con las condiciones para la producción y el empleo.

"Lo que ganan los ricos se derrama en el resto de la población"

  • No, bueno; esto es una discusión que de hecho se está dando en el mundo entero. Hace unos meses, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos produjo un paper en el cual dice que la baja de impuestos que ellos provocaron en su economía en los sectores más concentrados no sólo no aumentó la inversión, sino que la inversión cayó. Las sociedades más justas son las sociedades en las que todos pueden participar y vivir bien.

 

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