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Cómo es el millonario búnker en el que se refugió Bolsonaro y su reacción al enterarse de la derrota

Sigue los pasos de Trump y se niega a reconocer la victoria de Lula.

Pasaron más de 16 horas desde que se anunciaron los resultados electorales y Jair Bolsonaro sigue sin reconocer la victoria de Lula Da Silva. Cómo se enteró de la derrota, cuál fue su reacción y en dónde se recluyó incluso hasta de sus propios aliados políticos para procesar el batacazo político.

Al igual que Donald Trump, Bolsonaro decidió no realizar declaraciones públicas tras la difusión de los resultados finales. Cabe recordar que el ex presidente estadounidense tardó doce días en hablar por primera vez de la victoria de Joe Biden y lo hizo a través de un ácido tweet en el que denunció que la elección había sido manipulada: "Sólo ganó a los ojos de los medios de comunicación deshonestos. ¡No concedo nada! Tenemos un largo camino que recorrer. ¡Esta fue una elección manipulada!".

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A diferencia del país del Norte, que el conteo de votos puede tardar semanas, ayer por la noche Da Silva celebró su victoria, mientras Bolsonaro se enteraba de la derrota en el Palacio da Alvorada (Palacio de la Aurora), la residencia presidencial de Brasil. No aceptó llamados, ni respondió mensajes. Se negó incluso a reunirse con sus funcionarios y aliados políticos. Según los medios locales, el saliente presidente sólo aceptó la compañía de sus cinco hijos, Flávio.  "Se fue a dormir temprano", reconocieron desde su entorno.

La residencia presidencial brasileña es una de las más lujosas del mundo. Construida en 1958 a pedido del presidente Juscelino Kubitschek, tiene una superficie total de 7.000 metros cuadrados, distribuidos en tres pisos. Además, tiene dos edificios adyacentes: el helipuerto y una capilla.

Entre sus comodidades se destacan el cine (ubicado en el sótano) y la sala de juegos, que cuenta con una mesa de billar y tableros para jugar al ajedrez o las damas. Además, los primeros mandatarios tienen también a su disposición su propia cancha profesional de fútbol. Y, si se cansan de la extensa pileta, pueden también refrescarse en la laguna artificial, cuyo ecosistema de peces y aves reproduce la vegetación de Brasilia.

Por la mañana, Bolsonaro abandonó los lujos de la residencia oficial y se trasladó al Palacio do Planalto, sede del poder Ejecutivo. Llegó pasadas las nueve y media de la mañana y evitó no sólo el contacto con los medios, sino también con sus funcionarios. Aceptó muy pocas llamadas, que lo alteraron aún más. A su furia por la derrota electoral, se le suma ahora la presión de sus aliados políticos quienes le exigen que reconozca la victoria de Lula si todavía sueña con presentarse de nuevo en cuatro años.

Y es que, en caso de no pronunciarse, Bolsonaro será el primer candidato que no reconoce su derrota desde 1989, año en el que tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas tras el régimen militar que se hizo con el poder durante 21 años. El planteo es claro: le piden que se refiera a los 58 millones de votos que obtuvo, que agradezca a sus votantes y que señale que se trató de la elección con menor diferencia de la historia del país.

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