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Desde el bunker de Alberto: la noche que nadie se quiso ir a dormir

El triunfo aplastante del Frente de Todos. 

Por Agusti­n Gulman

Tres abrazos graficaron el proceso de unidad que atravesó el peronismo en los últimos tres meses: si 90 días atrás alguien hubiera dicho que Alberto Fernández sería el candidato a presidente más votado en las elecciones primarias de este domingo, que Sergio Massa se reencontraría con Cristina Kirchner y que Axel Kicillof le sacaría casi 20 puntos a María Eugenia Vidal, posiblemente hubiera sido tomado por loco, ingenuo o un completo ignorante del devenir de la política argentina en la última década.
Pero, como se sabe, la política es el arte de lo imposible. El 18 de mayo, cuando Cristina Kirchner anunció que el candidato a presidente sería Fernández no sólo pateó el tablero de la política, sino que también comenzó a acomodar al peronismo, que desde las derrotas de 2015 y 2017 quedó golpeado, pero sobre todo desordenado. En apenas tres meses, el Frente de Todos logró lo que ni el PJ ni el kirchnerismo había logrado en cuatro años: una unidad cercana al 80 por ciento.
En una nueva y extensa jornada en el centro de campaña ubicado en el barrio porteño de Chacarita, lo único que reinó fue optimismo. Mediante un complejo entramado virtual, el Frente de Todos se había garantizado tener datos de cada fiscal en todo el país. Por eso, cuando las pantallas de televisión mostraron que la diferencia de Fernández sobre la fórmula de Juntos por el Cambio era de 15 puntos, Alberto Fernández no se sorprendió. Desde hacía horas su equipo de campaña recibía información de todo el país en un centro de cómputos en Capital Federal.
La militancia se apoderó del Complejo Cultural C desde temprano. Sobre la avenida Corrientes también hubo una vigilia para esperar el resultado. Cerca de las 21, cuando el escrutinio provisorio parecía demorarse y los datos no llegaban, adentro del búnker se respiraba optimismo, pero afuera ya se vivía una euforia impensada hace apenas algunas semanas.
Fernández esperó a que el presidente Macri reconociera en su búnker de Costa Salguero la derrota para salir a hablar. El primero en pronunciar una palabra sobre el escenario fue el diputado Máximo Kirchner, uno de los artífices del proceso de unidad, que durante semanas mantuvo diálogo directo con Massa, antes del tan esperado café entre el tigrense y Fernández donde se selló la unidad hace menos de dos meses. Luego, llegaría el turno de Kicillof, tal vez la mayor sorpresa: el ex ministro de economía arañó el 50 por ciento de los votos ante poco más del 32 de María Eugenia Vidal, la carta fuerte del oficialismo.
Para Kicillof todo fue aplausos. Cuando terminó de hablar a nadie le sorprendió el abrazo con Massa: a lo largo de la campaña tejieron un gran vínculo, impensado hace apenas unos meses. Antes apareció Cristina con un video desde Santa Cruz. Y luego, finalmente, llegaría el discurso más esperado: Alberto Fernández cerró su noche ante la militancia con un discurso moderado, pero a la vez enfático. Algo eufórico, prometió redoblar los esfuerzos de cara a las elecciones generales del 27 de octubre, y afirmó: "Nunca creímos que la mejor forma de progresar era sacándole derechos a los que trabajan". Mientras la marea militante desconcentraba el salón al ritmo de una cumbia y el “vamos a volver” de fondo, afuera nadie se iba. En Chacarita, este domingo nadie quería irse a dormir.

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