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Alberto Fernández íntimo: cuál es su principal preocupación y su relación con Cristina

Intimidades del poder y el manejo de la inesperada crisis. El rol de Cristina y Rodríguez Larreta y la indudable pregunta: ¿se fortalece el liderazgo de Alberto Fernández?

Por Agusti­n Gulman

Indignado al ver en un noticiero del canal A24 que había largas filas de autos para ingresar a la Ciudad, Alberto Fernández tomó su teléfono celular y le mandó un mensaje de audio al periodista Paulo Vilouta, a quien estaba viendo por televisión, y lanzó: “Lo que no entra por la razón va a entrar por la fuerza”. El fastidio del presidente no era menor: en menos de una semana de cuarentena obligatoria las fuerzas federales ya demoraron a más de 40.000 personas por circular sin permiso en todo el país. Horas después, en una entrevista con Telefé, tildaría de “idiota” a un joven surfer que eludió controles y escapó de la Prefectura rumbo a la costa atlántica.

Mientras trata de conducir una economía totalmente paralizada e impulsa medidas de alivio para los sectores más perjudicados por el parate, Fernández comienza a construir un liderazgo en tiempo récord, que incluye elogios impensados de la oposición, mensajes de apoyo del Fondo Monetario Internacional y conversaciones con líderes mundiales que adoptaron mal y tarde medidas para amortiguar el impacto de la pandemia. O en algunos casos ni siquiera eso, como Donald Trump en los Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil. Ambos minimizan el daño que provoca el virus y priorizan la economía, a pesar de que en sus países los muertos por coronavirus se cuentan de a decenas.

Así como nunca hasta el año pasado había estado en sus planes convertirse en presidente, desde que asumió el cargo el 10 de diciembre Fernández nunca imaginó que a los tres meses de su gobierno atravesaría una crisis de semejante magnitud cuya solución de fondo no está en sus manos. “Al principio tomaba decisiones a contramano del mundo y ahora el mundo le da la razón”, dice a BigBang un hombre de diálogo permanente con el presidente. En el mundo entero, y el gobierno argentino no fue la excepción, se minimizó el impacto del coronavirus en enero y febrero. El mismo Alberto llegó a decir que era un virus que mataba el calor. En febrero, el ministro de Salud, Ginés González García, había manifestado mayor preocupación por el dengue o el sarampión. 

El “empoderamiento” de Alberto, además, tiene otro condimento clave: Cristina Kirchner, que llegó de Cuba junto a su hija y anunció que se quedaría en cuarentena por precaución, a pesar de que la isla no integra el listado de países catalogados como “zonas de riesgo”. Si bien el decreto de la cuarentena la excluye del aislamiento social, preventivo y obligatorio, la vicepresidenta salió de escena y sólo publicó un mensaje en las redes sociales para recordar el aniversario del golpe de Estado. Alberto, sin embargo, mantiene diálogo permanente con Cristina.

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UN GABINETE DE CRISIS

Sólo en la última semana, el presidente anunció una decena de medidas que buscan “blindar” a la sociedad ante la inexorable crisis económica que sacudirá al país en el futuro más próximo. En el Gobierno repiten que priorizarán la salud por sobre la economía, aunque eso trae desafíos por todos los rincones, desde trabajadores independientes que no recaudan y requieren asistencia, hasta PyMES que no podrán hacer frente al pago de salarios sin ayuda del Estado y grandes empresas que perderán miles de pesos. La Cámara Argentina de Comercio, por caso, ya le exigió al presidente del Banco Central, Miguel Pesce, que ofrezca créditos a tasa del 0 % para pagar salarios.

La crisis, además, pospuso el desafío de reducir el déficit fiscal. Las medidas para monotributistas, jubilados, desocupados, beneficiarios de asignaciones universales, las obras públicas y el regreso del programa ProCreAr representará, para el Estado, un 0,5 % del PBI. Más de 600.000 millones de pesos.

Pero además, el gabinete de crisis tiene otro complejo desafío por estos días: controlar los precios de productos elementales para la supervivencia, sobre todo ante la previsión de que la cuarentena deba extenderse más allá del 31 de marzo. Por eso, Fernández les pidió a los funcionarios que extremen los controles, sobre todo de la carne y las verduras. La propia secretaria de Comercio, Paula Español, salió a hacer inspecciones.

En los últimos días, se clausuraron 12 supermercados en varias provincias por incumplimiento de precios. El caso más paradigmático, sin embargo, fue el de una reconocida cadena de farmacias de la Ciudad de Buenos Aires que, según reveló el sitio web Letra P, tenía un depósito repleto de alcohol en gel que no enviaba a las sucursales ya que en el catálogo de marzo el producto – más buscado que Wally en los libros infantiles – figuraba a 2x1. Cuando amenazaron con multas, misteriosamente el alcohol llegó a los comercios.

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LA CUARENTENA EN LAS VILLAS

Fernández, además, tiene un ojo puesto en lo que ocurre en los barrios más humildes. Hace días envió a su secretario de relaciones parlamentarias, Fernando ChinoNavarro, a recorrer villas y barrios humildes del Gran Buenos Aires. El diagnóstico del dirigente y líder del Movimiento Evita fue desolador: desde familias hacinadas – imagen lamentable pero habitual en los barrios más carenciados – hasta necesidades de alimentos y productos de limpieza. En un barrio de Lomas de Zamora, por ejemplo, encontraron a 12 personas viviendo en una misma habitación.

Tras escuchar ese diagnóstico, el presidente recibió en la Residencia de Olivos a un grupo de curas villeros que empezaron a acondicionar parroquias en los barrios más humildes para poder alojar a quienes tienen dificultades de cumplir la cuarentena. Y también para evitar un colapso del sistema sanitario. Le transmitieron, además, que por la suspensión de las changas se había triplicado la cantidad de personas en los comedores. Una estrategia para evitar la aglomeración en esos lugares es que quienes vayan a buscar un plato de comida lleguen con su tupper y se lo lleven a las viviendas.

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¿LA CONSTRUCCIÓN DE LIDERAZGO?

Esta semana empezaron a llegar al despacho de Alberto las primeras encuestas sobre el manejo de la crisis del coronavirus. Una de las consultoras que más trabaja para el Gobierno, supo BigBang, relevó que el 79,2 por ciento aprobaba las medidas impulsadas por el presidente. Otro dato, aún más llamativo: al 93,6 % le interesa “bastante” o “mucho” escuchar al mandatario. Un reflejo de esto es la entrevista que le dio el domingo a Gerardo Rozín en Telefé, que alcanzó picos de 17,3 puntos de rating, impensado para un canal de aire un domingo. Esa entrevista fue lo más visto en la TV abierta en lo que va de 2020.

“Ojo, no me quiero enamorar del empoderamiento, porque Argentina te pone un día bien arriba y te baja a los dos minutos”, razona ante BigBang un dirigente que, a pesar de la cuarentena, tiene acceso a la Quinta de Olivos. “Es cierto – dice con entusiasmo peronista – que construyó un liderazgo. Hay mucha gente angustiada y hablar con calma ayuda. Incluso hay sectores que no lo votaron ni lo votarían pero que lo ven bien”.

Por estas horas, el presidente escucha como nunca a su Gabinete, pero también al gobernador bonaerense, Axel Kicillof. También valora la actitud del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. “Está a la altura, a diferencia de Macri o Laura Alonso”, agrega un diputado que chatea a diario con el presidente. Otro dirigente que adquirió protagonismo es Máximo Kirchner, presidente del bloque del Frente de Todos en la Cámara baja, que acompañó a Alberto a varias recorridas y hasta fue quien le sugirió abrir un hospital de La Matanza que no se encontraba terminado.

Pero además, Fernández escucha al grupo de médicos e infectólogos que lo asesoran desde hace semanas y lee a expertos y papers científicos para tener más información sobre la pandemia que puso en jaque al mundo entero. Esos son los datos que podría utilizar para definir, en los próximos días, si finalmente decide extender la cuarentena obligatoria hasta pasada la Semana Santa, el 12 de abril. Sabe que tendrá un efecto aún más devastador para una economía ya golpeada, aunque a la vez, cree que es la única medida para prevenir más contagios y evitar un colapso total del sistema sanitario.

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