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EXCLUSIVO | Cumbre, ¿inesperada? Marcelo Tinelli y Alberto Fernández cara a cara en Olivos

El presidente recibió al conductor de Showmatch, después de los filosos cruces y el acercamiento con Horacio Rodríguez Larreta.

El presidente Alberto Fernández recibió esta tarde a Marcelo Tinelli en la quinta de Olivos. El conductor se hizo presente en la residencia presidencial, pocos días después del debut de Politichef, el reality humorístico con el que el comunicador vuelve a apostar al humor político después de muchos años. El acercamiento a Horacio Rodríguez Larreta, los reclamos por la no tan ingenua ausencia en la última reunión de la Mesa del hambre y los pases de factura que se pusieron sobre la mesa, en un año electoral.

La relación entre Tinelli y el Gobierno dista de parecerse a la de noviembre del 2019, cuando el conductor logró una suerte de reconciliación (o tregua distante) con el sector más duro del kirchnerismo y se convirtió en uno de los rostros más visibles de la mesa del hambre, integrada por representantes de sindicatos, empresas, iglesias, organizaciones sociales y universidades. El primer cortocircuito tuvo lugar en marzo del año pasado, cuando viajó en un avión privado junto a su familia a Esquel, sólo horas antes de que se anunciara el comienzo del aislamiento en el país.

"Fue un mensaje que muestra un poco la versatilidad del propio personaje. Por un lado, quiere participar de la Mesa del hambre, pero después se va en un jet privado al Sur a pasar la cuarentena", advirtieron desde uno de los sectores del Frente de Todos, en el que todavía recuerdan con un sabor muy amargo las imitaciones que el actor y humorista Martín Bossi realizó primero en 2009 y luego en 2016 de Cristina Fernández de Kirchner.

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"El problema no es la imitación, no hay que ser ingenuos; porque 'del otro lado' el planteo es que a Mauricio Macri también se lo ridiculizó. El tema es que hubo una elección de presentarla a Cristina como una autoritaria con dejos de delirio", refuerzan. Pese a no contar con la aprobación de todo el arco gobernante, Tinelli sorteó el "boleto picado" -que tuvo su expresión más visible en el negocio de Fútbol para Todos- y logró integrar la mesa del hambre, una de las primeras medidas de gobierno de Alberto Fernández. Incluso hasta compartió en redes una foto de su encuentro con Máximo Kirchner, que tuvo lugar en marzo del 2020 en el marco de la Apertura de Sesiones Ordinarias.

Fue el presidente quien, atento a la popularidad del conductor y a la confesa voluntad de contribuir a la situación económica y social que atravesaba el país en diciembre del 2019, le dio un lugar de relevancia en la mesa. Sin embargo, después del affaire de la cuarentena en Esquel y de la ausencia televisiva del conductor durante todo el 2020, no fueron muchos los que se sorprendieron no sólo por las explícitas críticas que realizó en pandemia contra el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán; sino también su abierto incumplimiento de las medidas de cuidado sanitario -una de las banderas del principal partido de la oposición- en su regreso televisivo y de la postal política que le regaló al jefe de Gobierno porteño a principios de mayo.

"Tinelli es Tinelli"; aclaran desde un sector del Gobierno menos intransigente para con lo que representa el conductor. "Él es zigzagueante de por sí. Va, viene. Se sienta con uno, se saca una foto con Macri; apunta contra un ministro, después pide disculpas. No se puede entender de forma lineal ese tipo de estrategias o decisiones", refuerzan, al tiempo que reconocen que la imitación del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, no gustó en La Plata. "El humor es el humor, eso nadie lo discute. El punto está en lo que se transmite, en especial en el marco de una pandemia en la que mueren a diario argentinos".

La lectura que hacen desde el Gobierno en torno a la "animosidad" del nuevo reality de humor de Tinelli es una: de los 23 minutos que duró la primera emisión, al menos 20 fueron dedicados a las personificaciones de Alberto Fernández, Máximo Kirchner, Ginés González García (pese a que desde hace meses ya no pertenece al gabinete nacional), Kicillof y Cristina Kirchner; mientras que el espacio para Larreta y Diego Santilli fue tan sólo de menos de tres minutos y en ningún momento se hizo alusión a ninguno de los puntos débiles de la administración de la pandemia por parte del Gobierno porteño.

El malestar del "paladar duro" de un sector del Gobierno es explícito. "No se trata de que ahora digan que cuestionamos el humor, no pasa por ahí. Pero hay que ser ingenuo para pensar que no hay una intencionalidad política detrás de elegir sólo a dos personajes de la oposición y completar el segmento con una mayoría del Gobierno. Por fuera de las ridiculizaciones o las estigmatizaciones que se vieron, hay una elección ahí", advierten.

No son pocos los que todavía recuerdan el impulso electoral que significó en 2009 para Francisco de Narváez su imitación en la sátira Gran Cuñado, de similares -por no decir idénticas- características a Politichef. Ese año, el empresario se impuso en las legislativas frente a nada más y nada menos que Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires. "Hay un dato no menor y es que el rating ya no lo acompaña como antes", sugieren con cierta ironía.

En efecto, el nuevo paradigma de consumo de medios (y por qué no tal vez el cansancio por la fórmula repetida) golpeó con fuerza a Tinelli. Del debut de Gran Cuñado en 2016 con una medición récord de 22.1 puntos, pasó a los 12 con los que el segmento Politichef desembarcó en la grilla, quedando en su primera entrega por debajo de Doctor Milagro, la ficción enlatada de Telefe que alcanzó picos de 17 puntos.

Por fuera de la resistencia de un bloque del Frente de Todos, lo cierto es que Tinelli realizó otra jugada política tras su regreso televisivo: se ausentó de la reunión de la mesa del hambre que encabezó el propio presidente el pasado 7 de mayo. Un día después, Tinelli se mostró junto al jefe de Gobierno porteño, a quien acompañó en una recorrida por el vacunatorio montado en San Lorenzo.

Su continuidad o no en la mesa del hambre puede haber sido uno de los ejes de la cumbre entre Tinelli y el primer mandatario, que volvieron a verse las caras después de un derrotero importante en su "zigzagueante" vínculo político.

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