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La increíble historia de Rodolfo Galimberti, el ex jefe guerrillero que terminó asociado con agentes de la CIA

Su historia será parte de una serie de televisión.

Por estos días se vuelve a hablar de Rodolfo Galimberti, el ex guerrillero fallecido hace 18 años, el 12 de febrero de 2002. Las ahora famosas tarjetas de presentación de Google lo definen como empresario y ex guerrillero de la organización política militar Montoneros. Pero seguramente que esa definición es demasiado escueta. ¿Y por qué se habla otra vez de él? Porque el cineasta Pablo Trapero comenzó a trabajar en una serie sobre el personaje que alcanzó nuevamente un alto perfil en los años 90 en pleno auge del menemismo.

La base para realizar el formato televisivo es la biografía de Galimberti escrita por los periodistas Marcelo Larraquy y Roberto Caballero, publicada hace casi 20 años y que ahoras volvió a ser reeditada tras el interés que generó el anuncio de la serie dirigida por Trapero. “Galimberti, de Perón a Susana, de Montoneros a la CIA”, fue publicada en 2001, apenas un año antes de la muerte del biografiado, y es un relato apasionante de más de 600 páginas que se devoran sin tregua y sin pausa.

“Galimberti era un militante de la Juventud Peronista, a quien Perón bendijo en 1971 para que organizara la JP, que en ese momento tenía varios grupos dispersos. Era en un contexto en que Montoneros acaba de matar al general Aramburu. Como Montoneros estaba en la clandestinidad, Galimberti es el portador de una carta a Perón, en la que explican el crimen. La respuesta de Perón a Montoneros se la da vía Galimberti. Entonces Galimberti queda un poco en el medio de esa relación y Perón le delega en su armado político para su regreso que organice la Juventud Peronista de manera pública, no clandestina. Y esto lo hace en seis meses, llega a movilizar a 80 mil cuadros. Después Perón lo hace renunciar del cargo de delegado juvenil por una declaraciones de Galimberti, quien entra muy por abajo a Montoneros”, explica Larraquy durante una entrevista con el programa Crimen y Ficción, por EcoMedios.

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Para terminar de entender el contexto histórico, la irrupción pública de Galimberti en la primera plana de la escena política transcurre en los años del exilio de Perón, tras haber sido derrocado en 1955, el surgimiento de la resistencia peronista con el lema “luche y vuelve”, la aparición de varios movimientos guerrilleros en la Argentina bajo el influjo de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam y la fracasada misión del Che Guevara en Bolivia.

Según el historiador norteamericano Joseph Page, autor de un biografía en dos tomos de Perón, Galimberti pierde el lugar relevante que le había dado el General, cuando el joven propuso la creación de “una milicia de juventud argentina para la reconstrucción nacional”, después de la victoria de Héctor Cámpora, el candidato elegido por Perón, en las elecciones del 11 de marzo de 1973. Fue entonces cuando se acuñó la famosa frase: “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.

“En un momento como ése, en el que todavía existían dudas de que las fuerzas armadas fueran a permitir la asunción de nuevas autoridades peronistas, una amenaza al status institucional del ejército era lo último que el conductor quería escuchar”, evalúa Page.

Galimberti fue convocado a Madrid, donde Perón todavía vivía, junto a Juan Manuel Abal Medina, que también pertenecía a la juventud e integraba la mesa del Movimiento Nacional Peronista, como secretario general. 

“Perón no hizo el más más mínimo esfuerzo por ocultar su desagrado, pero se negó a asumir la responsabilidad personal de condenar a los muchachos que se habían extraviado y excedido. En lugar de amonestarlos, convocó a un tribunal ad hoc y presidió una sesión tormentosa que concluyó con la renuncia de Galimberti al consejo superior. Abal Medina se las arregló para sobrevivir, quizás con la ayuda de la intercesión de Cámpora.Galimberti, calladamente, se perdió de vista”, resume Page.

Galilmberti fue tapa de revistas.

Larraquy y Caballero recuerdan a su vez en la biografía, que tras la destitución de Galimberti hubo una nueva reunión con Perón. “El jueves 3 de mayo, el General invitó a Galimberti a cenar a solas en Puerta de Hierro. Fue una manera cortés de atenuar lo irremediable. Montoneros eligió a Juan Carlos Dante Gullo, el Canca, en reemplazo del destituido. Si bien no tenía el carisma y la representación de Galimberti, era un cuadro propio y contaba con el beneficio de representar la Regional Capital”, resumen los biógrafos.

Pese a haber perdido el favor del General, Galimberti siguió militando dentro del movimiento y fue el responsable de la Columna Norte dentro de Montoneros, donde tuvo constantes enfrentamientos con la conducción de la “orga”, hasta tal punto que lo condenan a muerte en 1979, cuando se ordenó la llamada contraofensiva. Años antes, en 1974, fue uno de los autores del secuestro de los hermanos Born, por quienes Montoneros cobró un rescate de 60 millones de dólares.

Luis Bruchstein recuerda en la necrológica que publicó Página 12 al día siguiente de su muerte, que Galimberti volvió a la Argentina tras el fin de la dictadura. “Regresó cuando se fueron los militares, pero tenía que estar clandestino, sin plata, sin prestigio, sin reconocimiento, con sólo un puñado de simpatizantes. Se sentía un perdedor. Se vinculó a los “carapintada”, desarrolló una profunda aversión contra la clase política que no lo reconocía y hacia una cultura política que lo relegaba al rincón oscuro de los perdedores”, evocaba la nota.

“Decidió que estaba para más, aprovechó un llamado de Carlos Menem a la “reconciliación” y arregló un encuentro con Jorge Born, su ex secuestrado, le pidió perdón, además de trabajo y se puso de acuerdo con el fiscal Juan Romero Victorica para devolverle lo que quedara del rescate que habían cobrado los Montoneros. Denunció a algunos de sus ex compañeros y creció primero como guardaespalda y luego como socio de Born y de Jorge Rodríguez, (entonces) esposo de Susana Giménez, en la empresa Hard Communications, que fue acusada de estafar al Hogar Felices Los Niños, de chicos de la calle”, recuerda el texto.

Un escándalo fue tapado por el otro. Las estafas supuestamente cometidas contra aquel hogar, terminaron sepultadas por las denuncias de abuso contra el padre Grassi, habitué de los programas de Susana, quien terminó condenado por abuso de menores a su cargo.  

Para terminar su increíble giro ideológico, Galimberti terminó asociado con dos ex agentes de la CIA en una agencia de seguridad que trabajaba con el grupo Exxel, uno de los más poderosos en los años 90. Bruchstein sostiene que en esos años de despilfarro se hizo millonario y que coleccionaba motocicletas. Lo definía así: “El jefe guerrillero se había convertido en un gordo en motocicleta”.

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