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Mano a mano con Juan Soriano, de la Pingüinos: el rol de la militancia y la realidad en los barrios

La agrupación política trabaja en el barrio Juan Domingo Perón, de Laferrere.


Argentina vive tiempos agitados. El establishment económico se divierta con la ruleta y hace subir y bajar al dólar. Los productores agropecuarios se niegan a liquidar la soja porque no le quieran dar un dólar al Estado. Los dirigentes juegan su juego: el oficialismo busca un rumbo, se rearma y ruega que las cosas salgan bien. La oposición critica, se relame y destruye. En el medio, hay millones de argentinas y argentinos. Hay inflación descontrolada, los alimentos aumentan y la plata no alcanza. En las calles, las organizaciones sociales piden “salario universal” y prometen más piquetes. La gran pregunta es: ¿Qué dice esa gran masa denominada pueblo?

 

Para intentar responder esa duda, BigBang salió a los barrios para hablar con los hombres y las mujeres que ponen el pecho todos los días en comedores, barrios populares, organizaciones políticas o donde fuera que alguien necesita una mano. En esta ocasión, charlamos con Juan Soriano, militante peronista y referente de La Pingüinos.

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Esta agrupación política tiene militancia territorial en el Barrio Juan Domingo Perón, La Matanza. Peronia, su unidad básica está ubicada en el barrio porteño de Villa Ortúzar. En el barrio La Palangana, la Pingüinos organiza múltiples actividades para los vecinos y las vecinas, desde clases de apoyo o de fútbol hasta celebraciones por Navidad, Reyes, o el Día del Niño. Además construyeron varias casas y, cada semana, consigue miles y miles de alimentos para 500 familias. Una forma real de cambiar la realidad. 


-Antes que nada, hablemos de tu historia. ¿Cómo empezás a militar y cómo se gestó La Pingüinos?
-Empecé a militar después del conflicto con el campo. Y me acerco más que nada cuando empezaron las cuestiones de diversidad, matrimonio igualitario, etcétera, en la calle. También me convocó la Ley de Medios porque soy de extracción publicitaria, soy redactor, entonces escribía y hacía esa historia. Me gustaba tratar de mezclar lo que yo conocía como publicidad o como redacción y transformarlo o aplicarlo en cuestiones políticas. Así fui armando una cosa divertida que, en su momento, fue Negros de Mierda, que era una cuestión medio de juntarse a comer asado con gente del Conurbano y de Capital. Después de eso armé Vatayón Militante que fue célebre por diversos motivos que salieron en los diarios. Y después armé la Pingüinos, que sigue siendo Vatayón. 


-Ahora hablemos de algo que la mayoría no sabe: ¿Qué hace una organización política en una sociedad? ¿Cómo es el laburo en los barrios?
-Nosotros estamos en Laferrere, exclusivamente en La Palangana, que es el barrio Juan Domingo Perón. Estamos ahí desde las inundaciones de 2013 y después nos fuimos quedando. Hacíamos recreación, meriendas, fiestas por el Día del Niño, regalos, Navidades, Reyes, clases de apoyo o fútbol. Más o menos, lo que hace una agrupación política en un barrio. Con el tiempo empezamos a ver que había algunos problemas bastante jodidos porque era un barrio que se inundaba muchísimo. Era una locura. Se inundaba a niveles impresionantes. Ahora se inunda bastante menos. Y la verdad que no había asistencia de ningún tipo salvo la asistencia del Gobierno Nacional, en su momento, del gobierno de Cristina. Entonces empezamos a trabajar en emergencias ahí adentro de manera muy fuerte.

-¿Cómo asistían?
-Llevábamos lo que había que llevarle a la gente, que eran vecinos que no podían salir de sus casas porque se les inundaba durante una semana. Inundada estamos hablando de dos metros de altura adentro de las casas. Justamente, el barrio se llama La Palangana porque se generaba como una palangana donde la lluvia terminaba toda ahí. Vimos que había problemas de vivienda bastante complicados y comenzamos a construir casas, que las construimos haciendo campañas de pedido de guita en redes. La verdad que la gente siempre aportó. Eran casas que salían entre 700 mil y un millón y medio de pesos. Hoy deben estar bastante más caras. Eran casas prefabricadas pero absolutamente funcionales y fuertes. Hay casas que tienen años y están ahí cada vez más lindas. 

 

-¿Cómo era ese trabajo para construirlas?
-Las hacíamos con los vecinos que las necesitaban. En sus terrenos. Arreglábamos el diseño con los vecinos para saber para dónde le gustaba que fuera una ventana, el color de la vivienda, la equipábamos, la amueblábamos, le poníamos mucho amor a eso. Y lo seguimos haciendo todo con el mismo amor. Hace un tiempo que no hacemos casas porque llegó la pandemia. Igual en pandemia hicimos dos casas. Hay como ocho hechas. Lo que pasó en la pandemia fue que cuando se cerró todo, empezamos a coordinar con el Ministerio de Desarrollo de la provincia de Buenos Aires, vía Larroque y Kicillof, para poder llevar mercadería, cosa que estamos haciendo desde el primer día que se cerró todo hasta el día de hoy. Empezamos llevando entre 35 y 40 bolsones de mercadería y ahora estamos llevando cerca de los 500 bolsones. Lo hacíamos, en un principio, cada semana. Después cada 15 días y ahora lo vamos a empezar a hacer cada tres semanas con bolsones más grandes. No porque no haga falta sino porque hace tanta falta que a nosotros no nos está dando el cuero para poder resolverlo. Nosotros tenemos un local que lo tenemos que pagar para tener ahí la mercadería y después llevarla al barrio, y cada vez que la llevamos tenemos que conseguir un flete, y el flete se paga por supuesto, y compañeros que estén movilizados o motivados para militar hay cada vez menos también, entonces lo hacemos como podemos. Así que decidimos achicar todo a un envío con muchos más productos por bolsón pero seguir abarcando esas 500 familias, que es un número realmente grande, realmente muy grande, y que sirve casi como un salario complementario, como aquello que planteaba en su momento, Cristina, que bueno si nosotros le llevamos esto, esa platita la van a tener para gastar en sus cosas y más por como está la situación hoy. 


-¿Cómo viven los vecinos a los que ayudaron los últimos años del macrismo, la pandemia y este último tiempo con la inflación?
-Los vecinos y las vecinas, nosotros tenemos mucho más trato con las vecinas, de hecho a la hora de descargar los camiones son las mujeres las que vienen, viven siempre como pueden, y viven siempre como decida el estado del momento. Es un barrio muy buena onda. Es un barrio que no tiene grandes quilombos, tiene los problemas convencionales de cualquier barrio y es gente muy pacífica y muy dispuesta a ayudar y a poner el hombre. Es un barrio muy trabajador y que lo viven como pueden. Lo viven sin grandes quejas, con mucha memoria, lo viven sabiendo lo que pasa, no es un barrio para subestimar, no es gente que no entienda ni sepa lo que está pasando, ni mucho menos. Es gente como nosotros, como vos y como yo, como cualquiera, o como casi cualquiera. 

 

-¿Qué necesidades ves vos en ese barrio?
-La necesidad que veo es que la plata alcance porque trabajo mayormente hay. Hay muchísimo trabajo no registrado en el barrio y en sus alrededores. La Matanza es el principal productor y manufacturador, y fabricante de calzado, y en Laferrere hay muchísimo de eso. Y tallercitos clandestinos, en los que trabaja gente en negro, en otros en los que trabajan menores, y  otros en los que se paga bien, pero la verdad que a esos no los conocemos. La cuestión también está en que si bien todos esos derechos son los que tienen que tener cada uno de los trabajadores, el Estado presiona de una manera que es muy complicado para un empleador querer hacer las cosas bien, habida cuenta de que no quieran hacer las cosas bien porque el empresariado es más bien garca. Pero, más allá de eso, trabajo hay, changas hay. Estuvo muy parado porque gran parte de las personas trabajan en construcción, en obras, y obviamente, durante la pandemia, no se trabajó. La cuestión es que ahora trabajan lo mismo pero alcanza menos. Ese es el problema más grande de la economía de este país en las bases. Esto misteriosamente lo explica Dujovne en su video ya mitológico. 

 

-A ver…
-Lo explicó muy bien. Cuando vos tomás deuda por arriba, va llegando la deuda a los estratos medios. Primero la toma el Estado, después las provincias, después las empresas, después las toman los negocios grandes, después las Pymes, y después la deuda la termina tomando el vecino. El barrio está lleno de deudas del tipo Credifácil o ese tipos de créditos que a los vecinos les cobran tasas de intereses de usura. Le prestan 10.000 y tienen que devolver 18.000 y los pagos son todos los viernes. Lo mismo con el sistema de cuotas. Les venden una tele o un artículo del hogar, que parece más barato y después termina siendo mucho más caro porque las cuotas son elevadísimas y hay hasta 3, 4 o 6 cuotas extras sobre el precio real. Pasa lo mismo con los anteojos. Hay una movida con unas personas que pasan ofreciendo anteojos a 2.000 pesos y cuando llegás, el de ese precio no existe, y cuando van ahí terminan pagando entre 5.000 y 7.000 pesos unos anteojos porque cuando te sentaste, la persona que atiende, que vaya a saber dios si es oftalmólogo, te dice que ves mal y vos sabés que ves mal, te pone unos anteojos que de repente ves bien y te dice no existe el de 2.000, tenés de 7.000 pesos y lo podés pagar en cuatro cuotas de 3.000 pesos. ¿Cómo? ¿Cuánto? Sí, pasa. Esas son las problemáticas micro que pasan.

 


-¿Qué te dicen los vecinos y las vecinas de La Matanza sobre la política en general y sobre el Gobierno Nacional en particular?
-Los vecinos son mayormente peronistas y tienen la mejor memoria posible. Tienen los mejores recuerdos de Néstor Kirchner porque saben que Néstor los sacó de ahí. Y tienen el mejor recuerdo de Cristina y la mejor valoración de Cristina porque saben que Cristina es el abrazo que ellos y ellas necesitan para poder caminar, al menos, en lo sombrío de este valle con una persona que te está apoyando y está pensando en vos. Si hay algo que saben es nunca, nunca, nunca, nunca, Cristina o un Kirchner atentan contra la libertad de los vecinos o las vecinas.


-Como hombre que se encarga de dar una mano, de llevar comida o de hacer lo que haga falta en un barrio, ¿qué cambios hay que hacer para generar empleo y bienestar en esos lugares?
-Como te decía antes, el problema no es que no hay empleo, el empleo existe. Lo que tiene es que estar mejor pago. Además tienen que estar regularizado. Pero para estar regularizado tienen que haber menos presión sobre los empresarios, las Pymes y las micropymes, y aparte se tiene que resolver la cuestión económica que es mucho más grande de tener o no trabajo. Es muy difícil para un pibe joven poder acceder a un trabajo y terminan laburando en obras y dejando el estudio muy jóvenes, entre 16, 17 o 18 años. Muy jóvenes. A veces lo hacen con menos edad. Y dejan de estudiar y se dedican a trabajar porque la plata sirve. Obviamente en este tipo de barrios existe el narcomenudeo.  Felizmente no pasa tanto en el barrio donde estamos nosotros, pero obviamente pasa en todos los barrios eso. Pero van a trabajar antes de estudiar. Una cuestión que antes era característica del campo y ahora es característica del campo y de la ciudad. 


-Hace poco leí a un supuesto peronista en Twitter que decía que en el país no hay hambre ni crisis porque “los restaurantes estaban llenos”. Por otra parte, sabemos que las organizaciones marchan, la inflación está imparable y el sueldo no alcanza. ¿Cuál es la realidad?
-Que los restaurantes estén llenos es una barbaridad bastante tilinga. Lo que sí hay una realidad que es que en Argentina es muy difícil morirse de hambre. Esto es porque existe un Estado municipal o un Estado provincial o un Estado Nacional, gobierne quien gobierne. Existen iglesias. Existe la solidaridad que es inherente al argentino aunque la haga siendo terriblemente garca y la haga para expiar culpas. Existe la solidaridad argentina. Existen mecanismos por todos lados para que uno pueda acceder a la comida. Después está toda la cuestión que tiene que ver con la dignidad y la política es, justamente, la que tiene que compartir ese alimento en algo digno. Que ese alimento no signifique que hay que llenar una panza sino que ese alimento signifique una familia, ese alimento signifique un hogar, ese alimento signifique un encuentro, ese alimento signifique nutrientes, signifique felicidad y, principalmente, que ese alimento signifique que pueda elegir que putas cosas quiero comer hoy. Y no estoy hablando de que quiero comer caviar o quiero comer un asado… Increíblemente, acabo de decir que el asado es como el caviar. Sí, lamentablemente ahora parecería. Pero tampoco es para tanto, existe el asado de 800 pesos… Pero en resumen, sí, elegir lo que quiero comer. Un nene quiere comer un día hamburguesa, otro día pancho y otro pizza, y otro fideo. Y felizmente, un país que funciona debe darle esa opción. Y no todos los días tener que comer guiso o comer una comida muy estática o es la comida que me dan. Elegir es parte de la democracia. Y no solamente elegir quien va a administrar nuestra guitita sino elegir cómo vivir, elegir ser feliz, elegir de qué trabajar, elegir qué estudiar, y elegir qué futuro voy a construir. 

 

-De aquella explosión de militantes que generó el kirchnerismo, ¿qué análisis hacés vos de la actualidad sobre la militancia? ¿A los jóvenes les sigue interesando la política y la militancia?
-Las militancias tuvieron ese boom durante el kirchnerismo porque no había nada más fácil que participar junto a las personas que estaban a cargo de algo, de algo tan grande como esto porque a todos nos gusta ser jefes. Entonces el boom de la militancia se da después del 54%, después de la partida de Néstor, se da cuando era super cool ser militante, cuando uno iba a bailar, era kirchnerista y era excelente, y un tatuaje era motivo de orgullo, y éramos los más cool del mundo… Después eso se fue cayendo de a poco. Se fue neutralizando. Empezaron a aparecer noticias en la que te mostraban que la política también tenía unos oscuros tremendos, empezaron a aparecer operaciones de prensa que confundieron a un montón de compañeros y compañeras, y empezó a pasar que la política empezó a dejar de enamorar. 

 

-¿Cuándo pasó eso?
-Empezó a dejar de enamorar cuando durante el macrismo, muchas agrupaciones se replegaron y no hicieron un carajo. Quizás en una búsqueda de que no esté todo más o menos bien sino en búsqueda de que esté más bien mal. Empezó a dejar de enamorar cuando nuestro gobierno, este de hoy, empezó a prometer cosas que no pudo cumplir, como por ejemplo hacer la tontería minúscula, aburrida, inviable de un cumpleaños espantoso de 8 personas convertido por los medios como si hubiese sido una fiesta en el Tatersall. Pero si me decías que yo no me podía juntar con mi mamá, que eso era mano a mano, y pasaba eso, se desmoraliza lo que se llamaría la tropa y empiezan a replegar tus acciones porque también empezás a sentirte mal porque tu grupo de amigos te dice: “¡Mirá! Estás bancando a esta gente”… qué sé yo. Lo que no entiende gran parte de la sociedad es que a los militantes nos pasa como a los equipos de fútbol, uno no deja de ser de Boca porque a Boca le va mal, uno es de Boca para siempre. Uno no deja de ser peronista porque al peronismo le va mal, gobierna mal o porque está a cargo un gobierno que no está funcionando, uno siempre es peronista y busca lo mejor posible. Y uno siempre es militante porque sabe que donde hay una necesidad, hay un derecho. Y esto es real. Necesidades hay siempre. ¿Desearía yo que no existieran más necesidades y solamente ir a La Palangana para celebrar con los vecinos? Es mi sueño. Detesto tener que llevar 500 bolsones. Detesto tener que pedir plata para pagar el alquiler. Detesto estar ahí asistiendo en vez de estar compartiendo un rico asado con los vecinos. 


-¿Cuál es tu mirada sobre las organizaciones sociales que marchan y piden por el salario universal? 
-Creo que es correcto que lo hagan y creo que es una medida que estaría buena. Pero también es como pedirle al cielo que llueva o deje llover porque acá protestamos. Es un montón de plata que no hace a una microcoma de un PBI, es una plata que se puede distribuir, pero es una plata que siempre va a seguir siendo un parchecito. Yo creo que hay que hacerlo y que tiene que funcionar.

-¿Y qué opinás cuando algunos dirigentes, como Juan Grabois, dicen que “va a haber sangre en las calles”?
-La payasada de la sangre en las calles que la diga un tipo como Grabois es ridículo. A Grabois le explotás una bolsa en la espalda, sale corriendo y se esconde abajo de un coche. Pero él se hace el guapo porque pone una mirada de loco y habla de costado cuando habla con el Gato Sylvestre. No es una persona que se la conozca por su enorme valía, es un hábil declarante. Es como Santoro pero pasado de efedrina y está bien. Nos sirve como movimiento tener a una persona que apuntale con ese tipo de gestos. Pero no deja de ser esto. No deja de ser gestualidad, impostura, es un niño bien que lo manda el Papa hablar. No es que está hablando desde las bases. Hace de cuenta que habla desde las bases pero es más blanco que la leche en polvo. Y está todo bien y sirve. Pero tampoco que haga de cuenta que se va a volver loco porque Belliboni se lo cruza haciendo pis en el baño de un bar y Grabois termina llorando y pagándole el café. 


-¿Qué pasa dentro de la organización cuando ven los cambios que se dan dentro del Gobierno Nacional?
-Dentro de la organización sinceramente somos muy pocos como para tener un análisis muy profundo sobre lo pasa. Estamos de acuerdo a que estamos desesperados y que cada vez que hay un cambio, apostamos a que ojalá sea mejor y después vemos en qué nos fue mejor. Nosotros estamos corriendo siempre detrás de la urgencia con los vecinos y la verdad es que si bien discutimos y debatimos, este es el momento de la acción. Vamos a seguir debatiendo y discutiendo, vamos a darle la importancia que tiene que tener la discusión política, pero para nosotros la militancia pasa primero por otro lado y después por ese lado. Podemos estar equivocados, no sé. Pero nosotros somos mujeres y hombres de acción. 

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