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Preocupado por su salud y su patrimonio, Báez recibe la visita de su ex esposa

Los primeros síntomas de molestia comenzaron el martes de la semana pasada. Las palpitaciones eran constantes y Lázaro Báez requirió atención. Para evitar riesgos, la enfermera del penal de Ezeiza ordenó un electrocardiograma y un ecocardiograma pero los tiempos administrativos –el juez Sebastián Casanello debe autorizar su salida del penal- retrasaron su paso por el electrocardiógrafo.


Báez fue internado tras sufrir una arritmia. 

Esta semana una noticia alteró su pulso: la Sala II de la Cámara Nacional en lo Criminal y Correccional Federal ordenó que toda la maquinaria secuestrada de sus empresas quedaran bajo la órbita de Vialidad Nacional hasta que su complejo escenario judicial se aclare. O empeore.

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El empresario fue internado en el sanatorio Los Arcos.

No me molesta que las máquinas se usen para ayudar a los inundados de Comodoro pero quiero saber cuáles y cuántas les dieron”, le dijo a uno de sus abogados en una comunicación telefónica ayer por la tarde. Horas después estaría al borde de un paro cardíaco.

Por la tarde noche del martes, su estado de salud no era el mejor. Estaba nervioso, transpiraba y sentía palpitaciones. Notificó al guardiacárcel y en menos de una hora estaba siendo trasladado al Sanatorio de los Arcos en donde debió recibir una compensación. “Llegó mal al hospital”, contaron desde el entorno del empresario a BigBang. Tras unas horas se estabilizó y hoy será sometido a una serie de estudios.

Calismonte, la ex esposa de Báez, lo visitará hoy. 

El propietario de Austral Construcciones recibió la visita de su ex esposa, Norma Calismonte, quien arribó de Santa Cruz en un vuelo privado y se dirigió de inmediato al sanatorio. Se trata de la mujer que meses atrás pidió ante la Justicia la división de bienes por $700 millones, en una maniobra judicial que tendría el objetivo de resguardar parte del patrimonio que la familia cosechó durante los 12 años del kirchnerismo, tiempos en fue beneficiaria de buena parte de las obras públicas de Santa Cruz.

Su hijo Martín Báez también podría pasar por la habitación 202. El joven recibió en las últimas horas una noticia poco emocionante: arribaron al país los exhortos desde Suiza y su libertad podría estar en peligro. Se trata de información sobre las cuentas que la familia Báez tenía en Suiza cuyos fondos podrían haber sido fugados del país y reingresados a través de la financiera SGI, conocida como “La Rosadita”. La Justicia investiga esta posible maniobra de lavado.   

La visita de su ex esposa y su hijo podría representar una inyección anímica para su desgastado estado de ánimo. Lázaro está triste, no sale de su celda y no tiene contacto con otros reclusos. Lee libros, reflexiona durante buena parte del día y no entiende cómo la Justicia rechazó todos y cada una de sus apelaciones y pedidos. Sólo accedió a autorizar su traslado a Santa Cruz para visitar a su enferma madre pero luego el propio Báez rechazó el viaje. Hace tiempo no ve a su familia y su estado de salud no lo acompaña: sufre de asma, diabetes grado 2 y el último episodio que provocó su internación. Un coctel mortal.

Báez aún no sabe que buena parte de su maquinaria está destruida. 

Lo cierto es que Báez aún desconoce una noticia que podría empeorar su estado de salud: sólo 470 de los de los 986 vehículos que pertenecían a sus firmas funcionan y están listos para ser utilizados por el Estado. El resto, en buena parte, fue víctima de un salvaje desguace: se robaron sus cubiertas, partes del motor y se desmantelaron los interiores de varios vehículos. Se trata de una imponente floto de camionetas, camiones, motoniveladoras, vibrocompactadores, rodillos neumáticos y retroexcavadoras que formaron parte de su imperio.

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