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La salud de la diva

No era así, Su: tras ser contacto estrecho adelantó la fecha de la segunda dosis de Pfizer

En un primer hisopado dio negativo de COVID-19, pero no aguardó el tiempo correspondiente de aislamiento.

Insoportable dolor de cuerpo. Dificultad para respirar. Y preocupación. En el día de ayer, cuando se hizo público que Susana Giménez se había contagiado de coronavirus, la diva había tenido un día muy duro. Instalada en su mansión La Mary, en Rincón del Indio, a pocos kilómetros de Punta del Este, en Uruguay, parecía que su peor pesadilla se iba a ser realidad: tendría que ser internada.

 

Finalmente, cerca de las 23 horas, una ambulancia ingresó a su propiedad para trasladarla al Sanatorio Cantegril. Angustiada se despidió de su hija Mercedes Sarrabayrouse, que también dio positivo de COVID-19, y la llevaron hasta el nosocomio, adonde ocupa una de las habitaciones VIP del 4° piso. 

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Pasada la medianoche, y luego de que los médicos comprobaran que Giménez tenía baja saturación de oxigeno, le realizaron una placa y varios estudios. ¿El resultado? Una neumonía unilateral, es decir, ubicada en el pulmón izquierda, causada por el virus. Las  autoridades sanitarias uruguayas afirmaron, en off, que el de Susana es “un cuadro preocupante y de cuidado”.

 

Durante la madrugada, allegados a Susana dejaron trascender que la diva podría ser traslada a Buenos Aires para ser atendida en algún centro de Capital Federal. Ese rumor aún no fue confirmado. Como sea, la gran preocupación de la diva es no ser internada en ningún centro sanitario. 

 

De hecho, el año pasado, la conductora partió a Uruguay porque no quería correr el riesgo de ser atendida en una clínica en medio de la pandemia de coronavirus. Y mucho peor aún, si el colapso sanitario se volvía una realidad, no quería ser trasladada a un hospital público en la Ciudad o más allá de sus límites, en el Conurbano Bonaerense. 

 

Finalmente, la profecía se autocumplió y ahora se encuentra en el Cantegril, con un pronóstico complicado y monitoreada las 24 horas. Aunque, en un principio, le pidió a los médicos que llevarán todo el material necesario a su mansión, los profesionales se negaron y le hicieron entender que lo mejor sería ser hospitalizada durante, al menos, 72 horas. 

 

Hasta el momento no hay parte oficial. Según fuentes allegadas a la diva, su hija Mecha ya habría recibido el primer parte médico de su madre. Al pronóstico de una neumonía unilateral, se le sumaron algunos síntomas como falta de gusto y olfato, dolor de cuerpo y dolor de cabeza, que ya tenía desde al menos 24 horas antes de su internación. 

De hecho, ella misma le había declarado: “Tengo un dolor de cuerpo horrible, no puedo hablar”. Lo cierto es que la preocupación de los profesionales de la salud es mucha porque la diva dio positivo y se inoculó con la segunda dosis de Pfizer mientras cursaba la enfermedad. Por eso el seguimiento es exhaustivo.

 

Una serie de errores y también cierta irresponsabilidad o desconocimiento, pusieron en riesgo la salud de Susana. Giménez se había vacunado en Uruguay hace varias semanas. La primera dosis de la vacuna de Pfizer el 24 de abril, en el estadio de Maldonado, a pocos kilómetros de su mansión. 

 


En tanto, la segunda, se la aplicó el 4 de junio pasado, aunque tenía turno para el día 12. Sin embargo, en ese momento, la diva cometió un grave error. Un par de días antes, una de sus empleadas dio positivo de COVID. Lo normal hubiera sido que tanto Giménez como su hija esperaran 7 días y luego se hisoparan. No lo hicieron. Aunque Susana sabía que fue contacto estrecho el 31 de mayo y como tuvo un hisopado negativo, en vez de consultar, adelantó 8 días su 2° dosis.

 

Por estas horas, se aguardan tres caminos. Que el cuadro de Susana mejore en las próximas 48 horas y pueda recibir el alta. Seguir con un tratamiento de corto plazo en el sanatorio uruguayo y luego partir a su casa. Y la última, en caso de que su salud empeore, la diva podría ser trasladada en un vuelo sanitario a Buenos Aires para ser internada en el Sanatorio Otamendi. Mientras tanto, su hermano Patricio, que no fue contacto estrecho, sigue de cerca los que dicen los médicos y Mecha espera que su madre mejore en su mansión. 

 

La última vez que Susana había sido noticia fue cuando habló con Jonatan Viale y dijo: “No me dan ganas de volver a la Argentina. Mi casa no tiene el aire como acá. Extraño algunas cosas y a mis amigos. Pienso que si esto tiene algún arreglo, volvería. Pero no quiero Argenzuela. No voy a volver en Argenzuela. Trabajé mucho en Venezuela y se me caen las lágrimas... La gente está deprimida, no hay laburo y el trabajo es lo principal. No se puede vivir de un bono, de mendigar. No es así. Se perdió la cultura del trabajo”. Por esas cosas del destino, la diva podría volver a su tierra natal, aunque era lo que menos quería. 

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