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Adriana Aguirre, íntima: su vínculo con Maradona, la caída que complicó su vida y las microficciones

En enero pasado, la vedette sufrió una caída mientras protagonizaba “Un loco súper show” y eso lo cambió todo. En la redacción de BigBang hizo un recorrido por sus 50 años de carrera.

Es actriz, vedette y un sin lugar a dudas un ícono del teatro de revistas. En este 2022, la carrera de la gran Adriana Aguirre cumple 50 años y a pesar del extenso trayecto recorrido, ella sigue optando por seguir haciendo lo que la definió siempre: trabajar. A los 16 años arrancó su carrera como actriz y modelo, y más cinco décadas después puede afirmar que nunca es tarde para aprender y arriesgarse a lo desconocido.

Poder volver a trabajar de vuelta, grabar y salir del difícil momento que atraviesa desde enero pasado, cuando sufrió un accidente que la alejó de los escenarios mientras participaba de la temporada estival marplatense durante una función de la obra Un loco súper show en el teatro La Campana, es lo que la hace seguir adelante. 

La actriz realizaba un número en homenaje a Diego Maradona y de repente cayó desde dos metros de altura. Eso causó que se lastimara los glúteos y la rodilla en su parte externa y en la pantorrilla. Además, se le originaron coágulos pegados al músculo que le causaron un dolor inmenso y que la obligaron a atravesar varias cirugías, tratamientos kinesiológicos y acudir por primera vez a una terapia psicológica. Actualmente mantiene un juicio laboral contra el productor Torry Palenzuela, quien ni siquiera levantó el teléfono para preguntarle cómo estaba tras la caída.

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Actualmente la actriz decidió apostar fuerte a la plataforma que fue furor durante todo el 2021 y que este año sigue dando que hablar: Kwai. Allí, es la protagonista de una serie de microficciones de poco más de un minuto que abordan diversas temáticas, estilos y géneros audiovisuales. "Ese es el futuro impensado, acentuado por la pandemia. Las redes sociales tiraron un ancla y la televisión no es que perdió adeptos, sino rating", sostuvo. 

Las historias que se cuentan giran en torno a lo cotidiano: dramas y comedias sobre situaciones que nos suceden a todos, como amistades, parejas, trabajo, familia, infidelidades, violencia de género, bullying o relaciones tóxicas. En el caso de Adriana, se trata de "Soy tu mami", un culebrón que cuenta la historia de una mujer adulta súper empoderada, sensual, femme fatale, que se involucra con un señor adinerado para estafarlo.

Y como parte de este engaño tiene una relación amorosa nada más y nada menos que con el hijo de este hombre, un chico joven que se enamora de ella. Este personaje es un joven apuesto al que no le gusta trabajar y tiene una voracidad sexual insaciable. Cada vez que está en un aprieto económico acude a la actriz para solucionarlo y Cristóbal trata de impedirlo para que aprenda a manejar mejor su vida. Además de competir por el dinero, Nacho compite con su padre por Adriana.

De visita en la redacción de BigBang, Adriana habló de todo: sus inicios como actriz, sus primeros pasos como vedette, la actualidad del teatro de revistas, las secuelas que le dejó su accidente, la verdad de su relación con Ricardo García y su aparición en Sueño Bendito, la polémica serie que narra la vida de Diego Armando Maradona. "Esa escena de ese boliche como yo lo conocí a Maradona no existió nunca. ¡Nunca le di un pico a (Guillermo) Coppola!", afirmó.

La entrevista a Adriana Aguirre    

En tus 45 años de profesión...

- ¡50! Este 2022 se cumplen los 50...Tenía 16 años cuando debuté en cine. Fui elegida por el señor Montero, presidente del directorio de radio Mitre y productor de Mirtha Legrand en ese momento. Una cola infernal de chicas que se postulaban, estaban buscando o haciendo un casting para la novia de Palito Ortega. Entre miles de chicas, porque daba la vuelta la cuadra, me eligieron a mi. Evidentemente me filmaban por fotogenia, los ángulos y la cara que tengo a esta edad. ¡Imaginate lo que era a los 16 años! Rajaba la tierra. Por suerte había empezado a estudiar teatro a los 14 porque siempre quise ser actriz. Mi padre era artista plástico, llegó a ser el dibujante número uno de Caminito, expuso en el museo Sívori, en Recoleta también, de perfil muy bajo. Tebníamos diferencia de personalidad, pero esa cosa artística se hereda. Mirá mi carrera en qué deviene porque vos dijiste "ícono de la revista nacional" y yo jamás me hubiese imaginado debutar en la revista.

¿Cómo incursionaste en el teatro de revista?

- Yo empiezo a hacer cine y modelaje porque pesaba 50 kilos, ahora pesó 53, pero tres kilos menos en este cuerpo se nota, era un esqueleto, y con la altura que tengo a través de la revista Clarín de los domingos de Carlitos Vidal, que ya no está en este mundo, que Dios lo tenga en la gloria, y era el jefe de fotografía, empezamos a hacer unos trabajos juntos. Yo no había cumplido los 16 años todavía, me hizo un book de fotos y comencé a recorrer las agencias. A patear las agencias. Todas caminábamos y las que eran elegidas para publicidad, para desfiles y todo, eran las mejores. Tengo un metro setenta, me subía arriba de los tacos y tenía un metro ochenta lo que llamaba mucho la atención. En aquel momento no había modelos tan altas y yo siempre fui viva: me hacía traer de Miami los que usaban los transformistas y los travestis.

Le pregunté a un amigo mío que me contó que había unos tacos que tenían como 10 centímetros al lado de los 7 que usábamos en aquella época. Cargaba el bolso y me los llevaba a los desfiles. Me encantaba trabajar como modelo y como actriz, pero como era tapa de Gente con Graciela Alfano y con Gabriela Constantini -con las cuales nos escribimos bastante y las adoro de aquella época, si bien no somos amigas tenemos una relación muy cordial- de pronto me cita Carlos A. Petit, que era el inventor de todas las vedettes. Yo no tenía idea, no había ido nunca a un teatro de revistas y no sabía lo que era.

Me cita a través de un representante, porque en aquella época se usaban los representantes, ahora hay agencias y todo eso, y me dicen "Don Carlos A. Petit quiere hablar con vos" y mi primera reacción fue "Quién es". "Es el Sir de de la revista porteña". "¿Qué revista? ¿Gente?" "No, no, no, es el teatro", me dicen.

Entonces fui. Siempre fui de escuchar todas las propuestas, así me fue con algunas que te decía fuera de cámara de productores que son muy pedorros actualmente, pero siempre di oportunidades. Voy, me recibe en su oficina enorme en el Teatro Lola Membrives fabulosamente bien, tenía saladitos, masas, tortas, y me propone ser la primera vedette de un espectáculo de revistas que él iba a armar que se llamaba El Gran cambio. Se abría con cómicos totalmente distintos a los que estaban en el momento que nunca habían hecho teatro de revistas. Necesitaban a una vedette acorde, una mujer fina y me eligieron a mi. ¡Las cosas que han pasado en mi vida ¡Soy una elegida!

¿A partir de ahí te sedujo el teatro de revistas?

- ¡Y la plata que me pagaban! (risas) Las dos cosas, siempre tienen que estar acompañados. Si la propuesta es muy buena, pero la plata no acompaña no te sirve de nada. Cuando encaré esto ganaba mucho dinero haciendo cine. Y la propuesta fue superadora porque me daban un dinero muy bueno para la época. Yo viajaba en taxis y en remis, y con un espectáculo solo me compré el auto del momento: el Fiat 600. Entonces me dije "esto es interesantísimo, este es el camino". Hay dos personas que pensaron en eso sin hacer la carrera desde abajo, que son Susana Giménez y Adriana Aguirre. Las dos hicimos la carrera como primeras figuras, debutamos arriba como primera vedette.

El resto de las chicas, como Carmen (Barbieri) o Moria (Casán) hicieron de bailarina para arriba. Así que acepté y me daban un porcentaje. Se habrá arrepentido Carlos A. Petit porque le pedí y me dio el 8% del bruto. Primero me interiorice que las grandes figuras cobraban el 10% de los derechos actorales, le pedí el 10 y me dijo que era mucho dinero, que recién estaba debutando y que no sabíamos cómo iba a ir la cosa. Me decía "yo escribo los libretos, yo me tengo que llevar el dinero" y yo le dije que eso era un problema suyo. Arreglé igual de una como arreglaba los desfiles de moda, total me llamaron ellos, yo no fui a golpearles la puerta.

Ahora te ponen un precio, cosa que detesto porque soy una mujer empoderada. El precio lo pone uno si hay interés. Un día debutamos, se abre el telón y eran 1350 localidades y Petit se habrá querido agarrar las que te dije por lo que me iba a tener que pagar. Le fue genial en aquella época porque ahora es un cago de hambre, la diferencia es abismal, no se puede comparar salvo por Nico Vázquez o excepciones que hay ahora como Adrián Suar y Diego Peretti juntos, pero son excepciones. Me sobran los dedos de la mano con la gente que ahora se puede ganar un dinero que tampoco es guau como lo que ganábamos nosotros. Metíamos 1200 personas por función, hacíamos dos de martes a viernes, tres los sábanos y tres los domingos. Todo lleno. Con eso hice mi base hasta el día de hoy, que estuve dos años sin trabajar en el accidente. Mis ahorros vienen de aquella época.

Susana Giménez, Carmen Barbieri, Zulma Faiad y Moria Casán, entre otros grandes nombres son con los que supiste competir en tu época de oro. ¿Cómo ves la actualidad del teatro de revistas y de las vedette en general?

- Yo competía con dos, que eran muy fuertes y encima en un momento trabajaban juntas y eran imbatibles: Susana y Moria. Eran las reinas de la calle Corriente hasta que llegó la Aguirre con su pelo natural, sin peluca, platinado y flaquísima. Competía con esos dos pesos pesados y así y todo, me fue genial. No está más el teatro de revistas. La situación económica lo hizo desaparecer.

¿Quién se gasta 3 millones de dólares hoy en día para hacer un verdadero teatro de revistas? Teníamos bailarinas que nos traían de Francia, diez bailarinas argentinas, teníamos 10 bailarines hombres. 30 bailarines en total. Cuando empezabas a contar éramos 60 personas más los músicos del foso, ahí donde lamentablemente murió el querido Sergio Denis. No se puede pagar todo eso, 18 cambios escenográficos, atuendos que todavía conservo como recuerdo. 

¿Cuál o qué momentos recordás con más cariño?

- Con respecto al teatro de revistas, recuerdo con mucho cariño mi debut de la mano de Carlos A. Petit en el Teatro Lola Membrives porque ese día, que al principio mis papás no estaban de acuerdo y después se dieron que cuenta que pensaba más que ellos. Me iba bien en el cine, aunque ellos no estaban de acuerdo porque querían que estudiara abogacía. Al mismo tiempo hacía cine y abogacía, pero al final la largué y no terminé la carrera.

Modelaje tampoco estaban de acuerdo y teatro de revistas menos. ¡La nena iba a salir desnuda! Hoy es nada, se ve en la playa. Pero recuerdo ese debut porque mi padre se paró en la butaca a aplaudir de pie para que todo el mundo lo viera. Eso me hizo llorar cuando bajaron el telón y es el recuerdo más grato que tengo.

Como actriz tengo un recuerdo muy grato de último momento, durante la obra de Muscari, Distinguida en la década del ´80, cuando se produce Teatro Regina el boom de la obra. Tardó en remontar porque la gente no iba mucho al Teatro Regina, no lo tenía mucho y de pronto, no sé qué pasó, se corrió la bola, la publicidad, se produjo algo que un día se abrió el telón, yo salí, dije "¡Hola"! y la gente, el teatro entero, grita "¡Adriana!". Fue una cosa impresionante, me quedó en la cabeza, no paraban. Fue algo realmente emocionante. 

¿Se puede ser vedette toda la vida?

- Había una vedette francesa de color, que usaba una cosa de banana, no recuerdo como se llamaba, que adoptó como a 25 niños y formó en su casa a una fundación de niños adoptados de todas las razas y nacionalidades que trabajó hasta los 83 años. Mientras vos mantengas la mente fresca, como Mirtha Legrand, la personalidad y en el caso del teatro de revistas, la figura te acompañe te convertís en atemporal. De ahí nace Sugar Mami. 

¿Cómo estás del accidente que sufriste en el teatro en Mar del Plata? 

- Eso truncó mi carrera como vedette. La cortó abruptamente. Yo no decidí dejarla, no se me ocurrió hacer otra cosa y colgar las plumas, no lo decidí yo, cosa que me da mucha pena, mucha bronca e impotencia. Este accidente provocó que no pueda bailar. Estuve un año y tres meses tratando esta pierna. El accidente fue en el Teatro La Campana de Mar del Plata en la madrugada del 26 de enero del 2021, no me olvido más.

Si me preguntan algo trágico que me ha pasado en mi vida, digo esto. La pérdida de mi madre y mi padre es la ley de la vida, en cambio esto no lo es. La despreocupación hacia mi persona porque nunca se comunicaron conmigo. Nunca un "qué necesitás o te puedo ayudar en algo". Eso nunca estuvo y eso me llevó a un juicio laboral, esperando a la Justicia. Mi madre falleció a los 96 años y a mi me falta un montón.

Cuando falle la Justicia, hay una jueza de por medio a la que pienso ir a ver para hablarle de todo esto, para que se dé cuenta las heridas que me quedaron en el alma y en la psiquis que me quedaron con esto. Que se dé cuenta la gravedad...yo estoy con psicólogo y con traumatólogo desde aquel momento. El tema de los glúteos se solucionó, fui al mejor cirujano de cirugía reparadoras y restauradora, que se llama  Alberto Ferriols, que creo que ha arreglado sus problemas familiares complicados y profesionalmente es excelente, y yo necesitaba vaciar, sanitizar, limpiar...me quedó un glúteo más alto del otro porque el músculo subió a raíz de la caída, todo se rompió.

Estábamos haciéndole un tributo a Maradona, cantándole La Mano de Dios y con el ballet arriba del escenario, eran seis bailarinas, estábamos bailando, yo hacía una evolución coreográficamente hacia atrás, vestida como jugadora de fútbol con la camiseta 10 de Maradona y su cara en la espalda, y no sé si enganché un tablón o un agujero en el escenario. De hecho el 12 de julio de ese año le cayó una inspección municipal y lo cerraron.

Todo ocurrió dentro de ese ámbito que corresponde a los dueños, que son corresponsables solidarios. Y el responsable que me tenía con trabajo no registrado, porque yo pedí contrato en blanco por actores y nunca llegó, no se depositó, pagar me pagaban de tanto en tanto, pero el tema pasaba por otro lado. Hay cargas sociales, un montón de cosas que me ayudaban con lo que necesitaba en ese momento, que era una ART que me pagara todos los gastos.

Los tuve que cubrir yo misma. Me quedó una deformidad, aunque no tanto como lo tenía antes, no quedó una pierna al igual que la otra, pero quedó muy bien, y todavía me tiene que operar del peroné y toda esta parte tiene de todo. No corre peligro mi vida porque la sangre circula mejor. Un perjuicio muy grande y yo no decidí dejar esta carrera, pero mi psicólogo me dijo que tenía que reinventarme, porque trabajé toda la vida, desde los 15 años, y no sé hacer otra cosa que no sea trabajar.

¿Cómo es tu presente laboral? ¿Estás protagonizando una microficción?

- El 7 de mayo me dieron el alta y ahí filmé primero un video de trap con Paco Amoroso y Ca7riel, dos divinos, que se llama Paga Dios, en donde soy la protagonista femenina del video y de ahí los chinos me llamaron por la actuación. Si bien no tiene letra, la actuación de sugar mami está muy clara. Entonces me llamaron de We Producciones, me convocaron, me pasaron los guiones, me pareció fabulosa la propuesta y es un desafío muy importante. Son series de máximo un minuto y se cuentan de la forma que lo hacemos y con humor. Yo le pongo humor a todo, porque yo soy humorista, soy comediante. Si bien hice una parte dramática con José María Muscari, trabajé toda mi vida como comediante y le pongo mucho humor, caras y gestos. Me pareció fabulosa y me cerró al propuesta, más que viniera desde esa plataforma que hay solo dos más vistas en el planeta: Kawai y TikTok.

En 15 días y con poquitos capítulos tenemos miles de reproducciones. Creo que las redes sociales pueden suplantar a la televisión. Ese es el futuro impensado, acentuado por la pandemia. Fijó, tiró un ancla. Las redes sociales tiraron un ancla y la televisión no es que perdió adeptos, sino rating. Yo lo que tengo como figura de este medio artístico es el buen consenso de la televisión para apoyarme en este proyecto. Gente que es amiga de hace años y saben lo que uno se rompió el tuje trabajando y peleándola, con más o menos plata, giras, recorriendo miles de kilómetros por amor al arte. Tengo un gran apoyo de la televisión abierta y eso es muy bueno para este proyecto, sin necesidad porque esto funciona solo. Yo tengo el entrenamiento de la revista, donde vos en muy poquito tiempo como vedette, porque tenés un montón de elenco, tenés que demostrar que sabés actuar, bailar y cantar. Todo muy rápida y todo eso para mi es muy sencillo compilando en un minuto. 

En la serie sobre la vida de Maradona, Sueño bendito, aparece una vedette que pasa una noche con él al llegar a Boca. ¿Sos vos?

- Mirá. Indudablemente soy yo. Cuando hablan de la vedette de la década de los 80´, la única que había que estaba platinada, con pelo corto y flequillo era Adriana Aguirre, no había otra. Que era primerísima vedette en la Calle Corrientes. ¡No había otra! Estaba Moria, Susana, Adriana y ponele Zulma (Faiad) que cada tanto hacía una cosa cuando vino de México, pero nadie más. Era descartado y me molestó de la forma que plantearon eso. Esa escena de ese boliche como yo lo conocí a Maradona no existió nunca. ¡Nunca le di un pico a (Guillermo) Coppola! Yo nunca fui bolichera, yo hago actos de presencia, cuánto hay y voy, sino no voy (risas). Es una escena que no es real porque yo no la protagonicé. Tampoco se menciona mi nombre, se puso otro nombre para friccionar la cosa y como dijo la actriz, ponerle un poco de sal y pimienta. ¡Y vaya que le pusieron! El salero entero le pusieron, le exprimieron todo. A Diego lo conocí en un canal de televisión en los años ´80 y lo que pasó entre él y yo pertenece a mi vida privada. Ya está, pasó mucho tiempo y él ya no está para decir lo que pasó. Él lo hubiese dicho sin problemas, pero bueno ya está.

Sé que te lo preguntan mucho, pero ¿cómo es actualmente tu vínculo con Ricardo García?

- No somos matrimonio, no somos pareja, no somos amantes. Lo único que somos es familia. Estuvo 26 años en mi vida y viceversa, entonces yo soy su familia y él es la mía. Él me cuidó cuando pasó lo del accidente por motus propio, por ese cariño que le queda a alguien que fue tu pareja, sin obligación alguna, durante 26 años estando yo sola, sin pareja y solo con la contención de amigos.

Pero los amigos tienen su vida y él le dedicó todo su tiempo a cuidarme a mí durante el accidente tras las operaciones y todo. Cuando a él le pasa que tenía que operarse, una operación muy difícil cardiovascular, el 12 de enero y descubre esta situación el 5 de diciembre, él es un toro que reaccionó muy bien, yo lo cuidé. Hasta el momento de ahora le controlo los medicamentos, si los tomó o no.

Él está muy bien, todavía le cuestan ciertas cosas de movilidad, pero canta como los dioses porque está oxigenado. Antes le costaba porque tenía dos arterias tapadas al 99%, principales, y dos al 70%. ¡Le salvaron la vida! Ricardo García es un gran compañero de ruta hasta el final de nuestros días. Ese acompañamiento que tenemos, por más que yo tenga otro hombre en mi vida, que no lo tengo ahora, o él otra mujer, si él me necesita o yo lo necesito, largaremos todo y estaremos ahí. 

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