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Cayetano, sobre su adicción al juego: "Perdí el departamento que me regaló mi abuela”

El conductor de Metro dio detalles en una entrevista con Gastón Pauls. 

La ludopatía es una adicción, no a una sustancia, sino al juego, que obliga a los jugadores a apostar -lo que tienen y hasta lo que no tienen- sin control en casinos y bingos. Es un trastorno que padece mucha gente y llega a destruir vidas enteras. Al igual que el resto de las adicciones, es un mal silencioso, el cual se caya por vergüenza, pero que Nicolás Cajg se animó a tocar en Seres Libres, el programa que conduce Gastón Pauls

Mejor conocido como Cayetano, el conductor de Metro reveló que desde muy chico, entre los 10 u 11 años, comenzó a apostar. “Armaba torneos en los recreos de quinto grado de ping pong, sonaba el timbre, juntaba las mesas, llevaba una red, paletas y pelotitas, todos me tenían que dar un peso y organizaba, juegan Gastón contra Cacho, sonaba el timbre, me llevaba la mitad y el campeón se llevaba la mitad. No era apostar, pero era una vinculación entre jugar y la plata”, contó.

El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires tiene una red de asistencia al juego compulsivo (0800-444-4000), donde ayudan tanto a los jugadores como a sus familias. Según estadísticas de este año, el centro de atención bonaerense recibe un promedio de dos llamadas diarias, es decir, más de 800 anualmente. “Tengo una vinculación de toda la vida, después fue creciendo el tiempo que le dedicaba, el dinero que apostaba hasta que se apoderó de mí”, explicó.

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Según contó, fue su papá, durante un verano en la casa que la familia alquiló en Miramar, el que le enseñó a jugar al blackjack y al póker. "La vida me aburría, un embole, no me alcanzaban las cosas que me pasaban, podía apostar en fútbol, diez mil pesos al Boca-River, pero no me divertía, me divertía apostar la cifra que me complicara la vida. Si había ganado 50 en el mes, apostar 10 no me divertía, me divertía apostar 60″, detalló.

No todos aquellos que padecen esta enfermedad son propensos a dar detalles de la misma. De hecho, la gran mayoría no quiere que todo el mundo sepa que sufren o sufrieron esta adicción por temor a una condena o prejuicio social que podría repercutir aún más en su vida o en su trabajo. “Estaba en un quilombo pero me divertía, o pensaba que me divertía, es una enfermedad", remarcó sin dudarlo, Cayetano.

Y sumó: "Ganar un día significaba perder al otro día, si ganaba lunes perdía el martes, si ganaba lunes y martes perdía el miércoles. Una vez me pasó de ganar cinco meses seguidos apuestas deportivas. Cuando empecé en la radio y tele, hacía todo a escondidas y no iba más al casino, para que no le contaran a nadie de mi entorno, me perjudicó mucho saber que uno tiene un casino en el teléfono, en la computadora, en tu casa...".

De acuerdo con su descargo, fue la posibilidad de apostar en el juego online su talón de Aquiles: "Podés estar en calzones en el sillón apostando cinco mil dólares. Eso se había apoderado de mí, era mi plan de fin de semana, ni salir con amigos, ni con chicas, ni familia, dejé de jugar al fútbol, de ir a la cancha a ver a Atlanta, empezás a mentir. En los momentos de conciencia, decía ‘pará, esto está mal’ y después me decía ‘si es lo que te divierte, viví así'".

Ese diálogo, resaltó, era permanente: "Me decía que estaba perdiendo mi plata y que me alejaba de la gente que quería”. Sobre las consecuencias que le trajo esta forma de vida, resaltó que su calvicie fue una de ellas. “Mi papá no es pelado, creo que no era mi destino ser pelado, probablemente sea estrés de lo que he vivido, dormís mal, poco, fumás mucho, te despertás a mitad de la noche y cenaba mate con galletitas de agua", detalló.

"Pedir un plato de comida era gastar plata en algo, cuando tenía que ir al juego, para qué quiero ravioles si tengo mate y galletitas. Cuando uno gasta más de lo que tiene contrae una deuda con gente, se trata de eso, que te llaman, te apuran, te aprietan, te ponen plazos, no tenés para pagar, empezás una rueda de pedirle a él, para pagarle a él, seguís perdiendo y le debés a él, a él y a él y eso que te transforma en un mentiroso permanente”, contó. 

El cambio en su vida comenzó cuando perdió aquel departamento que su abuela le había regalado con tanto esfuerzo. “Soy nieto de una sobreviviente de Auschwitz y mi abuelo sobreviviente de la lista de Schindler, mi abuela me regaló un departamento en el 2002 antes de morir y yo años después viví ahí, un dos ambientes en Villa Crespo. Yo lo perdí jugando, no voy a decir la cifra, pero perdí mucha plata", detalló.

Y continuó: "Al tipo al que le debía y me apretaba le dije: ‘Tomá la llave de mi departamento’, y me dije: ‘acabo de entregar mi historia’. Hoy digo que no me voy a morir sin comprar ese departamento, no un cuatro ambientes con pileta, ese, porque es parte de mi sangre. Siempre tuve claro que la culpa era mía, siempre el más zarpado del grupo con ese tema era yo. Fui un año a jugadores anónimos en una iglesia que se llamaba San Cayetano. Un judío en una iglesia... ".

Fue en ese grupo de ayuda, donde aclaró que escuchó historias de vida muy fuertes, y se dijo: "Tengo una oportunidad acá, soy el que mejor está. Fui todo un año, me hizo muy bien, hice buena relación con algunas personas. Con mi familia y la psicóloga y jugadores anónimos logré rescatarme. Cuando veo a alguien alcohólico entiendo todo, son distintas adicciones. La adicción que me tocó a mí le dicen la adicción silenciosa, pero termina siendo la más peligrosa".

Al final de la entrevista, reveló que jugó "tres años seguidos" y que nadie de su entorno lo notó hasta que el se animó a contarlo. "Es una cagada porque soy muy lúdico, amo jugar, estoy recuperando el juego sin la apuesta, es mi gran desafío, la psicóloga no me deja, porque es una de las cosas que más me gusta en la vida. Jugar a los dados o al ping pong por nada, es un embole, pero no me queda otra”, concluyó. 

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