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El precio del amor: un proceso de agua de tanga puede costar hasta USD 3.000

BigBang consultó a diversos especialistas de las artes místicas que coincidieron en el valor que se pide en el marcado por ese embrujo

La polémica sobre si hubo o no “agua de tanga” en el medio del romance entre el empresario Eduardo Costantini y su actual esposa Elina Fernández Fantacci parece no tener fin. Ahora ya se conocería el monto que habría destinado la mujer para que le realicen dicho embrujo y no es poca cantidad; sino todo lo contrario.

De acuerdo a varios especialistas en la materia consultados por BigBang coincidieron en que ese “gualicho” tiene un precio de USD 3.000.

Ese precio, que le fue confirmado a este medio por varias personas del ambiente de las artes negras, es el estándar que se cobra para lograr que una persona se enamore mediante ese embrujo.

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Tal y como contó BigBang ayer el mecanismo involucra que la persona que quiere que tal se enamore de ella tiene que usar una tanga, preferentemente de color rosa para que mejore la potencia del embrujo, durante 24 horas y, para buscar mayor efectividad, se recomienda que sea durante una noche de luna llena.

Luego se toma esa prenda femenina y se arma un preparado al dejarla reposar en agua. Para que funcione, según explicaron, tiene que ser hecho por alguien que conozca de magia negra de lo contrario no tendría efecto alguno. Una vez con el líquido en su poder la persona deberá mezclarlo con algo que beba a quien se busca enamorar. Dos de las formas más comunes son ponerlo en una limonada o en el agua del mate.

“Entre los que frecuentan la televisión es muy común. La gente se contacta con alguien del equipo de esa persona, le cuentan de que quieren volver con el marido, o reconquistar a alguien. Ahí directamente le dicen: mandándome USD 3.000 y un calzoncillo tuyo en una moto”, le dijo a BigBang una fuente conocedora de la operatoria.

La polémica por el agua de tanga fue instalada por la familia de Costantini al verse sorprendida por la velocidad de la relación entre el empresario dueño de Nordelta y el Malba, entre otros emprendimientos, y la modelo. Las sospechas aumentaron aún más cuando ella misma contó que solía ir al restaurante de mencionado museo con la esperanza de poder cruzárselo.

Y cuando la conocieron más todavía a Fernández Fantacci se enteraron que antes de estar de novia con Costantini había mantenido una relación de cuatro años con un empresario mucho mayor de edad que ella. Al momento la muerte del hombre, la modelo intentó por vía judicial conseguir parte de la millonaria herencia, algo que finalmente no logró.

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