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Fiestas, mujeres y alcohol: los ahora cuestionados años de Diego Maradona en Cuba

El 10 se instaló en La Habana para recuperarse de su adicción a la cocaína. Los secretos de su curiosa internación. 

En los primeros días del año 2000, Diego Maradona estuvo a un paso de la muerte. En la chacra de Punta del Este, en Uruguay, su organismo estaba en colapso. Casi cinco día de al alcohol y, sobre todo,cocaína habían causado diversas fallas que finalizaron con daños en el corazón. El 4 de enero, tras un descontrol que había empezado el 31 de diciembre de 1999, llevaba dos días dormido.

 

Un médico recién recibido que trabajaba en una salita de primeros auxilios de La Barra fue el primero en llegar a la propiedad tras un llamado del casero. “Hay que llamar una ambulancia ya.  Está en coma”, fue lo primero que le dijo a Guillermo Coppola, tras revisar al 10. La respuesta del representante fue tajante: “¿Qué ambulancia? Es Diego Maradona, ¿querés que esto se llene de periodistas?”.

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Finalmente, el mánager decidió subir a Diego, que no reaccionaba. Cuando llegaron al Sanatorio Cantegril, fue derivado directamente a terapia intensiva. Su corazón no podía latir. Tenía una “crisis hipertensiva y arritmia ventricular”. Estaba al borde de la muerte. Los médicos uruguayos le salvaron la vida de milagro. Ese día pudo haber muerto por una sobredosis. 

Días después, diego tuvo una recuperación asombrosa. En una entrevista dijo: “No quiero dejar este mundo. Voy a luchar para seguir viviendo”. Tres semanas después, tras un breve paso por Buenos Aires, Maradona se instaló en Cuba. La razón era que se sometería a un programa de desintoxicación, en el complejo La Pradera, en La Habana. 

 

El gobierno de Fidel Castro le abrió las puertas al campeón del mundo para que dejara el infierno de las drogas atrás. Cuando llegó Maradona tenía sobrepeso, problemas cardíacos y respiratorios, dificultad para caminar y también en el habla. Se instaló con Copolla y con su entonces mujer Claudia Villafañe. Iba a estar seis meses. Pero se quedó a vivir por cinco años.

 

El tratamiento

Junto a su entonces esposa, su manager y su secretario Gabriel Buono, Diego dio inicio a un tratamiento contra las drogas en un club house en la clínica de rehabilitación para extranjeros. La idea era que, alejado de su país y de su famoso “entorno”, Maradona podría dejar para siempre su adicción. 


Apenas llegó, Diego se instaló en una de las viviendas de La Pradera solo. A pocos metros, Copolla y Buono ocuparon otra. La clínica puso un empleado a disposición del 10 durante las 24 horas. Además, el propio Fidel le había asignado un chófer que manejaba un antiguo Mercedes Benz.  


Durante las primeras semanas, Maradona estuvo perfecto. Con la cabeza ocupada en volver jugar al fútbol con sus amigos, nadar en la pileta del lugar y hasta pintar su casa, a la que llamó La Bombonerita, parecía que el plan iba a funcionar. Pero faltaba mucho tiempo. 


“No tenía acceso a nada”, repiten quienes estuvieron cerca de la internación de Maradona. Sobre todo en la primera etapa donde su esposa, sus hijas Dalma y Gianinna, y hasta Don Diego y Doña Tota, los padres del ex futbolista, se instalaron en La Habana para ayudarlo en la recuperación. 


Dos meses después, Diego había bajado de peso. Caminaba y corría sin problemas. Comenzó a organizar partidos de fútbol. Había recuperado la alegría. El fantasma de la muerte que lo había acechado a comienzos de siglo, se había borrado. Estaba tan bien, que toda su familia volvió a Buenos Aires. Diego se quedó solo con Copolla y varios amigos que lo visitaban.

El cambio fue drástico. Comenzó a jugar al golf por las tardes. Por la mañana dormía. Las noches comenzaron a hacerse cada vez más largas. Bebidas. Habanos. Música. Visitas. Mujeres. Fiestas. El combo comenzó a multiplicarse con el correr de las semanas. 


Lejos de Claudia, Diego siguió con sus infidelidades. Hasta el momento se le cuentan tres mujeres con las que mantuvo un noviazgo por aquellos años. Una fue Adonay Fruto, una cuabana, oriunda de Matanzas, y que solía visitarlo en La Pradera.
En una entrevista que dio para el programa de televisión peruana, Magaly Te ve, Adonay dijo que había estado embarazada de gemelos varones, hijos del 10. Pero que perdió el embarazo luego de caer de unas escaleras. También dijo que Villafañe la llamaba para amenazarla. 

La otra era Laura Cibilla, una argentina, ex empleada de la disco La Diosa, que lo visito por pedido expreso de Maradona. El empresario Leonardo Sucar, dueño del boliche, le pagó los pasajes y ella se instaló durante varias semanas. Los rumores apuntaban que Matías, el hijo de Cibilla, era fruto de su relación con Maradona. Pero los exámenes  de ADN siempre dieron negativo. 

La última relación fue con Mavys Álvarez. La conoció cuando ella tenía 16 años y celebraron juntos los 18 años de la cubana. “Yo iba caminando por la calle y una persona me propuso conocer a Maradona. Al principio pensé que quien me proponía eso estaba loco. Era un cubano. Después supe que trabajaba en el hotel. En el carro, a unos pasos, nos miraba Carlos Ferro Viera, amigo de Diego. Estuvieron más de una hora convenciéndome de que era importante ayudarlo, que era una figura mundial, amigo de Cuba y que estaba deprimido. Y finalmente acepté”, contó en una entrevista, hace pocos días.

 

Y agregó: “Yo era una niña. No tenía maldad ninguna. Él era un extranjero, un rico y se había fijado en mí. No podía decirle que no. Era un privilegio ser su novia. Al cabo de estos años me da pena de mí misma saber que tenía 16 años y fui parte de todo eso. Pero fue una experiencia más que tuve en la vida. No escogemos lo que nos toca vivir. Simplemente me dejé llevar. Él me cayó bien. Me deslumbró. Fue una relación consentida”.

 

A lo largo de los años, aparecieron fotos de Maradona rodeado de mujeres desnudas. Nunca se supo nada de ellas. Incluso su abogado Matías Morla admitió, luego de su muerte, el 25 de noviembre de 2020, que Maradona había tenido tres hijos en Cuba: Joana, Lu y Javielito. Nunca aparecieron. 

 

Todo era descontrol en la segunda etapa de la recuperación. Entre 2003 y 2005, Maradona hacía lo que quería en Cuba. Incluso cambió de adicción. Lejos de la cocaína, bebía litros y litros de alcohol cada noche. En 2004 dejó la isla. Pero volvió, meses después, en 2005, tras una recaída en las drogas. Aquellos que lo acompañaron hacen silencio. Su familia también. Todos se callan como hicieron en esos años. 


 

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