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Fran, La Gorda: "Estamos en la época de la generación de cristal, pero el humor sana"

El actor y humorista habló con BigBang de todo: el día que le contó al mundo de su verdadera identidad, cuando estuvo al borde de la muerte y el valor de disfrutar el humor.   

Hace ya muchos años que Franco Nicolás Coronel pasó a llamarse Fran La Gorda, un nombre que -aclara- le da confianza, orgullo y la ayuda a aceptarse tal cual es. Si bien actualmente es la protagonista de "Se armó la gorda", obra de humor e imitaciones para toda la familia que se estrena este domingo en el paseo la plaza, su salto a la fama se dio casualmente lejos del escenario y poco antes de la pandemia del coronavirus. Fue en agosto de 2019 cuando en el programa de Guido Kaczka, Otra Noche Familiar, se presentó una pareja que dio que hablar: los amigos Adrián, que se quedó contestando las preguntas, y Fran, la drag queen que se subió a la tarima.

La desenvuelta forma de ser de Fran, sumado a su humor y su gran confianza, convencieron y, sobre todo, divirtieron al conductor de canal Trece, quien no dudó en volverlos a invitar al siguiente programa. A medida que iban avanzando, los gestos de Fran le causaban gracia a Guido: "Ah, sos completamente carismático y expresivo, Fran". "No, imaginate que si yo me llego a caer acá inundo todo el canal", respondió la drag queen, despertando las risas de todos. Pero la humorista no solo no se cayó, sino que se llevó todos los premios. "Fuimos al otro día, ganamos los productos y el viaje con Guido. Él tenía miedo de decir La Gorda como conductor y yo le pedí: ´Decime Gorda, papi´", cuenta, divertida, en dialogo con BigBang.

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- Nací en San Martín, pero a los ocho años me mudé para San Miguel, Buenos Aires. Hice toda mi vida acá, por lo que se puede decir que nací en San Miguel. Siempre me gustó ser el centro de atención en todos lados, en el colegio, en las fiestas, pero no pensé en ser actor y humorista hasta los 14 años. Tuve la suerte que mi familia siempre me apoyó.

Tengo tres títulos, pero me terminé quedando con esto que soy ahora. Me recibí de cocinero gastronómico, profesional y pastelero, después tpécico en computación y después tuve la gracia divina de estudiar teatro y comedia musical. Pero tras ir a un boliche de transformistas, me di cuenta que quería eso y no paré hasta conseguirlo.

¿Cómo nace Fran La Gorda?

- En la época que me revelo, por más que mi familia ya sabía que era homosexual....ese momento comencé a salir a los boliches. Un 12 de mayo, no me olvido más, llegué a un boliche y de repente sale un show de apertura de transformismo con dos grandes: Gonzalo Costa y Diego Moyano. Al ver esa imagen se me borró la cocina y la computación.

Yo quería hacer eso y dos semanas después, después del baile de primavera, me ofrecí a participar de un acto en el colegio y les dije que me iba a vestir de mujer. En aquel tiempo, vestirse de mujer era ser el anticristo. No había nadie declarado ni anda por el estilo. Salí vestido de pollera, peluca y blusa. Hice un monologo que a la gente le encantó y dijo "listo, ya está". Tenía 13 años.

Ahí empecé a incursionar en teatros, computación, cocina...todo junto. En un momento, me empecé a llamar Fran Strawberry, pero la gente no se iba a acordar nunca de ese nombre. Ese apellido era muy difícil y la gente no se acuerda, pero cómo era la única persona gorda me puse "Fran, La Gorda". Asumí que no es algo para avergonzarse.

Siempre entendí y creí que el bulliying se acaba cuando uno ya no permite que lo afecte. Yo superé cosas con el humor y nunca más me afectaron. Nunca sufrí discriminación o bulliying porque siempre asumí lo que era. En aquella época ser gordo y maricón era ser el demonio de la escuela, pero siempre fui muy respetuoso. Tuve limites, me contuve y conseguí amigos de todas las edades, aulas y colegios. Para una pelea se necesitan dos personas. 

¿La pasaste realmente mal en la pandemia? 

- La obesidad es una enfermedad declarada y traté de cuidarme. Durante la pandemia, todos, estando encerrados, comimos y sufrimos. Todas las madres y abuelas hicimos dulce con lo que había o encontraban durante el encierro. Acá en mi casa somos de muy buen comer y cómo no podía trabajar de lo que amaba, hacía pan casero o cremonas. Empezar a vender a las 6 de la mañana, salido del horno, te dan ganas de entrarle al mate.  

Me contagié COVID-19 de mi abuela. Ella se hizo un estudio en un hospital y la pusieron al lado de uno con COVID sin saber que tenía coronavirus. Y nos contagió a todos. A mi, al ser una persona obesa con hipertensión, me costó 24 días salir. Pasé momentos terribles internado, me pincharon por todos lados, me costó muchísimo estar ahí y aguantar la soledad más que nada.

No hay nada peor que uno mismo con sus demonios y su cabeza. No tener televisión o nadie con quien hablar provoca que comiences a recordar cada cosa que hiciste o viviste. Lo peor que sufrí fue que casi me intuban por no responder al tratamiento. Pero antes de subir al ascensor, le pedí a Dios una señal. Antes de subir, el camillero me deja, apareció una médico y me pidió que oremos.

Eso me hizo llorar. Subimos, llamaron al anestesista y cuando me estaban por pinchar, la máquina marcó que comenzó a subir el oxígeno. En menos de 10 minutos mejoré porque Dios me cuidó. Ahí me pasaron a la sala, me hicieron nebulización de tercer grado con Ibuprofeno y me dieron el alta. Soy muy pegada a mi familia y a mi abuela, sobre todo. Lloraba de la emoción al vera al salir, de poder abrazarla, de llegar a mi casa... De no poder hacer nada a pasar a tu casa, no tiene precio. 

¿Algo bueno que hayas sacado de esta pandemia?

- Aprendí que hay tiempo para todo. No hay que desesperarse por las cosas, hay cosas que tienen solución y otras que no. Hay que aceptarlo. Aveces es preferible tomarse un mate más con la vieja, antes que ver si el celular se cargó. El dinero es útil, pero el momento con la familia es valioso.

¿Una frase que te guste?

- "Yo hago puchero, ella hace puchero..:" Esperando la carroza es una gran película que amo. Cuando estaba en el lanzamiento de la temporada de Mar del Plata, estaba montada con un vestido de animal print y Antonio Gasalla pidió sacarse una foto conmigo. Yo no podía hablar y no podía creer que estaba al lado de Gasalla.

¿Algún referente?

- Muchísimos. Soy de la escuela del viejo teatro de Enrique Pinti, que en paz descanse, de Nacha Guevara , de Aníbal Pachano, de revistas como "Barberísima" o "Brujas". Amo el teatro y las revistas. Alberto Olmedo y Jorge Porcel me inculcaron el humor. A partir de ellos me dije que quería hacer humor, el cual es mi espada, mi escudo y todo lo que soy.

Estamos en la época de la generación de cristal, donde no se le puede decir nada a nadie, que a partir de un chiste piensa que lo están discriminando y te hace una condena social. Hay que entender que el humor es humor, hay distintos tipos y hay gente a  la que le puede o no gustar. Pero como a la persona sabe si le gusta la parrilla o las pastas, lo mismo ocurre con el humor. Si sabes que te gusta el humor inteligente, no vas a ir a ver a Corona.

Uno sabe dónde se mete. Hay que conocer y no juzgar, todo se tiene que tomar más con soda porque el humor es sano. Yo lo manejo de otra forma, miro la cara de la gente y siempre, del lado del respeto, hago chistes. Pero hay que ver qué chistes puedo hacer y cuáles no. Hay que buscar la palabra justa en el momento justo. Es muy difícil, pero hay que hacerlo.  

¿Qué te enoja?

- La traición, la falta de códigos, la no consideración. Soy una persona que dio muchísimo, regalé pelucas, estadios, abrí las puertas de mi casa y me han pagado con faltas de respeto y códigos. No lo permito más, sigo siendo la misma, doy hasta lo que no tengo, pero ahora en más miro a quién y dónde. Sigo apostando en la gente, porque la traición no te tiene que cambiar. Hay gente buena en el mundo y no hay que dejar de ser como es uno porque haya gente mala.

¿Fue difícil contarle al mundo quién sos en realidad?

- Siempre saben, aunque no lo quieran ver. Si bien mi mamá y mi familia siempre me apoyaron, entenderme le costó un poco más a mi abuela porque es una persona grande, que siempre fue de buen estatus. Quizás por el miedo al que dirán. Por ejemplo, una vuelta estaba comiendo en la plaza un pancho en cada mano y una amiga de ella me vio y le dijo que me había visto. Imagínate que en San Miguel nos conocen un montón, por eso fue complicado al principio-

Pero el corazón que manejamos todos en mi familia la hizo ver que soy Franco y que lo que hago es arte, que lo hago con respeto y decisión, con el objetivo de crecer y mejorarme. Ella dice que mientras sea correcto y respete, siempre va a estar conmigo. De hecho, me compró las pelucas ,los zapatos, arma mis vestidos... tengo a mi abuela tía que también me cosió los vestidos y son los primeros en alentarme.

Mi mamá me acompañó tres meses durante la temporada en Villa Carlos Paz para cuidarme a causa de una lesión que tengo en una de mis piernas. Mi hermana me acompaña a eventos y mi papá, que fue súper machista, un día se sentó conmigo en la cama y me dijo que siempre me iba a amar y que, para él, siempre iba a ser su pequeño. Tengo la mejor familia que pude haber tenido y amigos maravillosos. Algunos me han defraudado, pero eso es parte de la vida. 

¿Tuviste colegas que no la pasaron tan bien?

- Ojalá la gente entienda que el amor no tiene género. Cuando uno ama, lo hace sin condición y sin juzgar. Está bien amar a un hombre como a una mujer. Tuve colegas que los padres los han despertado con agua fría o caliente, que le gatillaban en seco en la cabeza para asustarlos y que los echaban a los 13 años para vivir en la calle. Pero como hay casos malos, también hay buenos. Muchas veces lo malo suena más que lo bueno porque la noticia mala vende. Si a un noticiero lo ponés solo de buenas noticias, no lo ve nadie. Hay que ser lógicos y poner todo en una balanza. Así como hay gente que desprecia al hijo, hay otros que se desviven por ellos. Así como un día señalaste, vas a ser señalado.

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