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"Fue un golpe...": la hija de Máxima reveló cómo vivió la asunción de sus padres y qué joya la obsesiona

Catalia Amalia reveló más intimidades en su primera autobiografía.

El 30 de abril del 2013 marcó un fuerte antes y después en la vida de Máxima Zorreguieta, su marido, el por entonces príncipe de los países bajos, Guillermo; y sus tres hijas: las princesas Amalia, Alexia y Ariadna. Fue el día en el que, luego de la abdicación de la reina en favor de su heredero, la argentina no sólo se convirtió en reina consorte de los Países Bajos, sino que su hija mayor se convirtió de forma directa en la heredera al trono con sólo nueve años.

Ocho años después y tras cumplir la mayoría de edad, la princesa Amalia publicó su primera biografía oficial en la que no sólo habló de cómo se sintió durante ese día, sino que también anticipó cómo será su reinado, una vez que su padre abdique en su favor.

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De acuerdo a lo que le contó a Claudia Breij, la autora del libro, la princesa vivió el día de la coronación de su padre "como un golpe en la cara". "Todo el mundo me miraba, pero también fue un empujón en la dirección contraria. Quería ayudar a mis padres y, en lugar de un peso, empecé a verlo como un honor".

Consultada sobre la impronta que piensa imponerle a su reinado, la hija mayor de Máxima reconoció: "No haré nada sin el visto bueno del gobierno o el beneplácito de los ciudadanos. Por ejemplo, no podría firmar una ley contra la libertad de expresión. Va en contra de mi conciencia y en el juramento como reyes dice: 'Que Dios me ayude'. No es una frase vacía".

"Si consigo mejorar el mundo un poquito me doy por satisfecha. Estoy al servicio de mi tierra, entrego mi vida a los Países Bajos", sostuvo, en línea con el tono protocolar de la biografía, que se convirtió ya en un clásico de los herederos al trono de la Familia Real.

Pero no todo son compromisos, protocolos y obligaciones. Amalia es fanática de las tiaras y recordó que la primera vez que usó una fue en la entronización de su padre. Claro que la pequeña de nueve años no la usó en público, sólo se puso la que luego usaría su madre, mientras Máxima era maquillada y peinada para la sucesión de eventos públicos. "Soy capaz de reconocer todas las tiaras europeas", se jactó la princesita holando-argentina.

 

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