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Kate Middleton y la fuerte marcada de cancha a Meghan y Camila: "La princesa soy yo"

El tenso reencuentro de William y Harry y la contundente respuesta de la flamante princesa de Gales.

No hay tregua. Pese a que los hijos de Lady Di procuraron mostrar el fin de semana un frente unido junto a sus respectivas parejas, lo cierto es que la interna entre el príncipe William y el príncipe Harry se profundizó después de la muerte de la Reina Elizabeth II y ni siquiera la proclamación de Carlos III logró apaciguar las aguas. La furia del flamante príncipe de Gales con su hermano menor y la fuerte marcada de cancha de Kate Middleton a Meghan Markle y a la reina Camila.

Horas después de la proclamación de Carlos como rey, los "cuatro fantásticos" atravesaron las rejas del castillo de Windsor y se acercaron a saludar a las personas que se encontraban fuera del Palacio para darle su pésame a la Familia Real. Fue la primera vez que llevaron adelante una actividad en conjunto en los últimos dos años, atravesados no sólo por la pandemia de Covid-19, sino también por la decisión de los duques de Sussex de renunciar a la Corona e instalarse en Estados Unidos.

A pedido de su padre, fue William quien invitó a su hermano, que se encontraba en Frogmore Cottage junto a Meghan. Y, si bien eran muchos los que esperaban que el deceso de la monarca iba a ayudar a los hermanos a tender puentes y dejar de lado sus diferencias, lo cierto es que Harry dudó a la hora de aceptar la invitación. ¿El motivo? El desaire que su familia había sufrido horas atrás, cuando el propio Carlos le prohibió el ingreso a Markle a la despedida íntima que se llevó adelante en Balmoral (y de la que tampoco participó MIddleton).

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"Kate se quedó en su casa junto a sus tres hijos, para acompañarlos y prepararlos porque tendrán días de mucha exposición pública. Carlos quería que la despedida a su madre fuera lo más reducida posible, sólo con los miembros de la Familia Real más cercanos. No parecía correcto que Meghan asistiera, si Kate no se encontraba presente", revelaron fuentes cercanas a la Corona.

Pese a la explicación protocolar, lo cierto es que Harry no perdonó el nuevo desaire a su familia y, luego de una noche muy tensa, fue el primero en abandonar Balmoral y dirigirse en jet privado a Windsor. El primer mensaje de Carlos como rey, en el que les envió un dulce mensaje a los Sussex, logró apaciguar un poco las aguas e hizo que finalmente el hijo menor de Lady Di accediera a la invitación de su hermano.

Pero no todo resultó tan sencillo. Como toda actividad protocolar, la Corona estableció un horario específico para el encuentro de los hermanos. "Son días en los que los miembros de la Familia Real tienen muchas actividades y se busca que ninguna coincida", advierten desde el Palacio. Es por eso que la demora de más de 45 minutos de Meghan y Harry volvió a tensar la relación, al punto que los hermanos ni siquiera se saludaron antes de volver a mostrarse en público.

Hasta ese momento, nadie sabía qué sucedería con los títulos reales tanto de Kate, como de Archie y Lilibeth Diana (los hijos de Harry). En un principio, se especuló con que Kate sumaría el ducado de Cornualles, pero no recibiría el título de Princesa de Gales. ¿El motivo? Casi 20 años atrás, cuando Carlos logró que la Reina le diera el permiso para casarse con Camila, la condición fue que no recibiera el título que recibió Diana al ingresar a la Corona para evitar más rechazo social.

Sin embargo, Carlos tomó una decisión distinta y convirtió a Kate en la nueva princesa de Gales, uno de los títulos más honoríficos de la Corona. "Los títulos son mucho más importantes de lo que la gente realmente piensa, porque define vínculos protocolares. Fue un gran reconocimiento de Carlos a la mujer de William, justo el día en el que tomó otra difícil decisión: la de no darle títulos a sus nietos menores".

Ese día, mientras aguardaba la llegada de Meghan y Harry con cierto malhumor, Kate decidió volver a usar su anillo de compromiso; una joya que utiliza cada vez que necesita "recordarle al mundo" quién es. Y es que, además de ser la joya más famosa de la colección de la difunta Diana, es un símbolo de poder con el que buscó transmitir un mensaje concreto no sólo al mundo, sino también a su cuñada.

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