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La historia de Noé Trauman, el rufián que le dio vida al villano de ATAV y tomaba con Roberto Arlt

“Dicen de nosotros que somos explotadores, pero me da risa. Explotadores son los que hacen trabajar a los obreros quince horas diarias a cambio de una miseria. Nosotros empleamos a las mujeres y les damos un salario, techo y comida decentes”. Esa fue la justificación de Noé Trauman cuando cayó luego de que la Policía desbaratara su red de más de tres mil burdeles a lo largo y a lo ancho de la Argentina.

El verdadero Trauman nació en Polonia y llegó en 1890 a la Argentina. Tardó menos de cinco años en crear una organización delictiva que fusionaba la trata de blanca –por entonces penada en el país- y la prostitución. Con sede en un palacio de media monta ubicado sobre la actual Avenida Córdoba al 3200, el imperio de los cafishios llegó a agrupar a más de quinientos socios y accionistas. Se estima que ingresaron engañadas y de modo ilegal cerca de 12 mil mujeres, en su mayoría de origen judío.

Nosotros empleamos a las mujeres y les damos un salario, techo y comida decentes”

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Pero, ¿por qué el apellido Trauman se destaca en el inmenso listado de mafiosos que participaron del negocio? Fue el mito que se construyó entorno a su persona lo que le dio una suerte de estatus social. En efecto, el mafioso se mostraba a plena luz del día y sin problemas, pese a su conocido negocio impuro. Contaba con el rechazo de su propia colectividad, pero con el aval de poderosos sectores de la sociedad de principios de siglo. Lo amparaban jueces, políticos y gran parte de la Policía.

Era normal poder encontrarlo en los bares de las inmediaciones de la plaza Lavalle junto a sus socios, Chiel Steiman, Adolfo Dickenfaden y Salomón Goldstein, entre otros. Las comisarías de la zona, la tercera y la quinta, ya los tenían identificados. Después de todo, eran moneda corriente las detenciones por las peleas que protagonizaban cuando tomaban un poco de más.

Para agrandar el mito, Trauman decidió “reinventar su pasado”. Así, escondió el certificado que demostraba que había llegado a la argentina en 1890 y aseguró que, en realidad, se bajó del barco en 1905. El cambio temporal no es menor: necesitaba estar en su Polonia natal para poder darle sustento a la historia que inventó. Aseguraba que era anarquista, amigo de Bakunin y que había participado de la resistencia contra la invasión rusa. Así, Trauman ya no era el pobre inmigrante que llegaba en busca de una nueva vida a la Argentina, sino el exiliado político perseguido por la policía zarista.

Además de las reuniones con rufianes, Trauman también cultivaba un perfil más intelectual. Era normal encontrarlo en la confitería Las Violetas junto a Roberto Arlt, quien en 1929 lo “sumó” a su novela Los siete locos. Según se sabe, el periodista se inspiró en el cafishio para darle vida a Haffner, el rufián que plantea financiar la revolución con una red de prostitución.

Pese a la aprobación de cierto sector de la sociedad, Trauman sufrió en carne viva el rechazo de la colectividad judía del país. En repudio por los negocios espurios de la banda, los cafillos dejaron de ser admitidos en las sinagogas del país y hasta se les negó el derecho a ser enterrados. Además, se los escrachaba con fotografías en todos los templos y se los discriminaba. No eran bienvenidos.

En un intento por limpiar la imagen del grupo, los rufianes solicitaron en 1904 la personería jurídica de su organización. Así nació la tristemente recordada “Sociedad israelita de Socorros Mutuos Varsovia”, con base legal en Avellaneda. El reconocimiento llegó el 7 de mayo de 1906 y en ese año se creó la primera Comisión Directiva, integrada por ocho miembros de la banda. Trauman tenía 40 años cuando fue elegido presidente de la Sociedad.

El 23 de febrero de 1907, la banda da otro golpe a la comunidad judía: compra los terrenos para erigir el primer cementerio para rufianes y madamas. El predio todavía está en pie, aunque sus puertas permanecen cerradas y las pocas imágenes de su interior advierten un importante abandono que contrasta con lo lujosas que eran las lápidas a principios de siglo pasado. Con el correr de los años, la Varsovia pasará a llamarse Zwi Migdal.

El 31 de diciembre de 1929, la banda cayó de la mano de la denuncia que realizó Raquel Liberman, ex miembro de la red de trata. Fue ella quien declaró con lujo de detalles cómo la banda engañaba a las jóvenes en su mayoría polacas y rumanas, que llegaban al país con la promesa de un matrimonio arreglado y eran obligadas a ejercer la prostitución en los burdeles de la Zwi Migdal.

Pese a la información aportada, el juez Manuel Rodríguez Ocampo dictó el procesamiento y la prisión preventiva de los 108 miembros de la banda y la captura de otros 334 que estaban prófugos. La banda apeló luego la sentencia del juez, por lo que la Cámara de Apelaciones sólo dictó prisión para tres integrantes secundarios de la organización y dejó en libertad al resto de los jefes. La mayoría se refugió en Uruguay. Pese a que estaban libres, nunca más pudieron reorganizar los burdeles.

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