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A 24 años de su muerte

25 años sin Gilda: el día que sorprendió a los compañeros del penal del que escapó Robledo Puch

La cantante se presentó en el penal dos años antes de morir. El vínculo con los presos se mantuvo hasta su último día de vida. Las cartas y el detrás de escena de la presentación que la marcó.

Un show que la marcó. Gilda y su banda se presentaron en la Unidad 9 de La Plata, dos años antes del fatídico accidente en la Ruta Nacional 12. Fueron 730 días de cartas, con agradecimientos y conmovedoras historias que los presidiarios le enviaban casi a diario y que ella llevaba en el micro aquel 7 de septiembre de 1996.

 

Gilda se presentó en la Unidad 9 de La Plata dos años antes de morir y recibía cartas de los presos casi a diario.

 

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Nos hicieron salir al aire en un programa de televisión cerca de las tres de la tarde y después nos subimos al colectivo. Pasamos por Devoto y levantamos a la nena, al nene y a la madre”, recordó sobre el último día de vida de la cantante Ricardo Fuentes, su sonidista, en el documental La banda de Gilda.

 

La cantante venía de brindar un show televisivo en América Televisión. Había elegido un ajustado vestido de cuero blanco estilo vintage, botas de caña alta y una blusa manga larga de encaje. “Estaba estrenando vestido y ella se quejaba porque era muy corto”, sumó otro de los músicos.

La última presentación de Gilda fue por televisión y en América.

Ya en el micro que la llevaría rumbo a Chajarí, ciudad entrerriana en la que debía presentarse esa noche, Gilda compartió con sus músicos algunas de las anécdotas de las cartas que todavía le enviaban los presos del penal que había visitado, el mismo del que Robledo Puch se había fugado 21 años atrás.

Gilda cantó "No me arrepiento de este amor" y "Corazón herido", entre otros temas.

“En el micro estaba sentada al lado de su nene”, describió Fuentes, en alusión a Fabricio, el único familiar de la cantante que sobrevivió al terrible accidente. Esa tarde lluviosa, además de Gilda, también fallecieron su hija mayor, Mariel, y su mamá, Isabel.

Los presos se subieron al escenario a bailar con ella.

Había algo distinto en ella según recuerdan sus compañeros de banda. “En un momento y, como nunca, se fue al último asiento en donde estaba sentado yo y se puso a conversar como nunca”, recordó Manuel Vázquez su percusionista. “Me acuerdo que nos decía: ‘Chicos, hay trabajo. Se pueden comprar sus cositas porque estamos teniendo mucho laburo’”, sumó.

 

Pero más allá de la celebración por la cantidad de recitales cerrados, en especial las fechas que estaban previstas para Perú y Ecuador, Gilda aprovechó el único trayecto del viaje en el que estuvo despierta para contarle a su banda algunas de las historias que le contaban todavía los presos que habían visitado tiempo atrás.

El patio del penal se convirtió en el escenario ideal para el recital.

“Estuvo hablando mucho con nosotros sobre el tema de la cárcel. Había ido a tocar y nos contaba que los detenidos le escribían muchas cartas”, señaló uno de los acompañantes del micro. “Después nos fuimos quedando dormidos todos, el único que estaba despierto al momento del choque era Ricardo.

El día que marcó a Gilda

“¿Qué tema conocen?”, preguntó desde arriba del escenario, emocionada por la convocatoria. “¿No me arrepiento de este amor? ¿Lo van a cantar conmigo?”, arengó la morocha con su chaleco y pollera de jean.

 

Minutos antes se había presentado Mónica Cruz, una de las “damas de la bailanta” de esa época. Por ese entonces, la chica que recién había sacado su primer disco, Pasito a pasito, sorprendió por la respuesta del público que, no sólo cantó todos sus temas, sino que también se subió al escenario. Algunos todavía recuerdan el día que bailaron en el penal junto a ella.

Gilda junto a Mónica Cruz, por entonces una de las "mujeres de la bailanta".

En la vida uno se puede arrepentir de muchas cosas, pero de lo que nunca hay que arrepentirse es de lo que nos manda el corazón. Y amar es lo más importante, por eso elegí este tema para ustedes”, fue la introducción al primer tema: No me arrepiento de este amor.

La cantante compartió un almuerzo con los presidiarios después del show.

Después de cinco canciones, Gilda no se subió de inmediato al colectivo amarillo que la había llevado junto a su banda. Hubo un almuerzo con los presos del penal y ella se sentó y charló como una más. “Estaba contenta”, recuerdan.

Logró la fascinación incluso de los guardias.

Ese día también sería importante para su carrera: fue allí que Quique Toloza, quien trabajaba con Cruz, quedó sorprendido por el sonido de la banda y decidió comenzar a trabajar con ella.

Por ese entonces, Gilda recién había sacado su primer disco: "Pasito a pasito".

Fue su último arreglador musical y, según los miembros de la banda, el único con el que Gilda se permitía escribir sus temas.

Quique Toloza, el guitarrista que conoció en el penal y que le "cambió el sonido" a su música.

“Gilda quería tener un sonido con más cuerpo dentro de la banda y yo le dije que teníamos que tener un guitarrista y a Quique. Él tuvo mucho que ver en el cambio de estilo, él aportó muchas ideas y si escuchás el disco anterior a Corazón valiente, la banda tuvo un cambio”, reconoció Juan Carlos “Toti” Giménez, manager y ex pareja de la cantante.

Quique fue una de las siete víctimas fatales del accidente del 7 de septiembre de 1996.

El destino quiso que Quique también estuviera aquella tarde de septiembre en el micro y fuera una de las siete víctimas fatales.

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