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D'onofrio, la única directora de ópera del país: "En la vida real no se le hace lugar a la mujer"

Eestudió en el Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla” y egresó con los títulos de Profesora Artística de Piano y Dirección de Orquesta.

Desde muy chica, Silvana D'Onofrio supo cuál era su camino a seguir. Si bien al principio la enamoró el piano, no tardó en darse cuenta que su verdadera vocación estaba ligada a la Orquesta. A pesar que en aquella época eran pocas las mujeres, por no decir ninguna, que dirigieran ópera en nuestro país. "Los cargos jerárquicos, los que toman decisiones, están ocupados por hombres", aclara en diálogo en BigBang.

Pero esto no detuvo a la oriunda de Buenos Aires que completó sus estudios musicales en el Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla”, egresó con los títulos de Profesora Artística de Piano y Dirección de Orquesta, siendo la primera alumna en egresar de esta institución dirigiendo ópera (Dido y Eneas de Purcell) y realizó cursos de Dirección Orquestal con los maestros. 

A pesar de eso, sostiene que la dirección de la ópera está dominada por el género masculino casi por "una cuestión cultural". "Por más que haya deconstrucción, en la vida real no se le hace lugar a la mujer. Me parece que hay un Statu quo que romper, si bien hay muchas mujeres en el ambiente, cuando surgen los concursos y te postulás para un cargo de orquesta hay mucha subjetividad. Siempre eligen a hombres y no a mujeres", denunció.

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D'Onofrio no solo se ha perfeccionado en canción alemana y francesa, también es docente titular (cargo obtenido por concurso), fue sub-jefa del departamento de música del Colegio Nacional de Buenos Aires y pianista acompañante en el CSMMF. En 2016, su trabajo “Maestros Argentinos” recibió la “Mención de Honor” en el TIM (Torneo internacional de música) realizado en Turín, Italia, y es directora y co-fundadora de la compañía “Música en escena”.

 

Como medalla honorífica, también luce la de haber estrenado la primera ópera en pandemia, Dido y Eneas de Purcell, y la de la generosidad: su orquesta está integrada por chicos de barrios carenciados becados a través de la fundación Musizap. "La organización tiene como objetivo proveer a los chicos de un instrumento de calidad para estudiar y con profesores de primera línea, como del Colón, que colaboran. Es una cosa muy linda", sostiene. 

Luego del éxito de Dido y Eneas, D'Onofrio presentó en el Teatro Empire la ópera "Cavalleria Rusticana". Ella, junto a Antonio Leiva, se propusieron narrar la trágica situación de las mujeres (Santuzza, Lola y Mamma Lucía) que solo pueden obedecer lo que la sociedad de la época y las creencias religiosas imponen sin poder revelarse.  Los hombres: maridos, hijos o amantes toman decisiones sobre sus vidas sin que ellas puedan hacer nada para modificarlo.

¿Cómo nació esta pasión por la ópera?

- Primero hice la carrera de piano. El ordenamiento en el conservatorio en ese momento dictaba que primero tenía que estudiar un instrumento y después la carrera de posgrado. Inicié con piano y después estudié dirección de orquesta. Yo tocaba el piano desde chica y no es que tocaba maravillosamente, sino que estudiaba con la profesora del barrio. Pero un día, tuve la oportunidad de ver con mi mamá a Riccardo Muti (reconocido director musical italiano del teatro de ópera La Scala de Milán desde 1986 hasta 2005) y cuando lo vi dirigir dije que quería hacer lo que él hacía. En pocos meses, le dije a mi profesora que me quería preparar para entrar al conservatorio. Me vino la vocación de manera fulminante a los 18 años. 

¿Cuál es la actualidad de la ópera en el país? ¿Sigue siendo un espectáculo de élite?

- Creo que eso se fue transformando gracias a las compañías de ópera independiente. Los distintos espacios de ópera independiente abrieron nichos para que la gente pueda acceder a precios más accesibles. El Teatro Colón dice ser "para todos" y eso es mentira porque todos no tienen 10 mil pesos para pagar una platea. Las entradas son muy costosas y no son de fácil de acceso, porque son para vitalicios con abonos y solo se vende el excedente.

No es como ir al cine que decís "quiero ver ópera, me compro la entrada y voy". Si no sos un asiduo consumidor, no te molestas en pagar abonos e ir. Ahí aparecieron las compañías independientes que abrieron esa posibilidades de que la Ópera sea más accesible para el resto. Obviamente con un presupuesto menor, pero de muy buena calidad. Cuando venís al Empire, la entrada sale 1500 pesos y eso generó nuevos nichos. 

¿Sentís que están en un limbo entre el teatro y la escena musical?

- Si, absolutamente y eso ocurre cuando vas a tramitar un subsidio. En nuestro caso, nos quitaron del registro del Proteatro (el programa de la plataforma Impulso Cultural que fomenta, propicia y protege el desarrollo de la actividad teatral no oficial de Buenos Aires a través de distintas líneas de subsidio) porque tienen razón. Durante muchos años, figuramos ahí y este año nos dieron de baja porque somos una compañía de ópera. Es cierto, pero fuimos a pedirlo al Instituto Nacional de Música y la respuesta fue que éramos teatro. Nos mandan de un lado a otro. Ahora estamos intentando crear un espacio que subsidie el espacio que hacemos, un Pro-ópera. La ópera no es rentable, no se gana dinero haciendo ópera y necesitamos ayuda.

¿Tu orquesta está integrada por chicos de barrios carenciados becados a través de la fundación Musizap?

- Es una cosa muy linda. Fui alumna de Claudio Espector, que es el presidente de la fundación Musizap. El organizó esta fundación que tiene como objetivo proveer a los chicos de un instrumento de calidad para estudiar y con profesores de primera línea, como del Colón, que colaboran. Entre los diferentes ámbitos que plantea esta organización está la formación para tocar en una ópera y yo siempre quise colaborar.

Se lo planteé al teatro Empire, el poder colaborar con la fundación armando la orquesta con los chicos, lo llamé a Claudio, a quien quiero mucho, y en un ratito lo organizamos. Año tras año vienen a hacer su participación y suenan muy bien. Igualmente no es exclusivamente para chicos carenciados, no necesitan vivir en un barrio de necesidad para no tener recursos para estudiar música.

Un violín cuesta y un piano sale lo que un auto. Muchos de los chicos tienen papás que son de clase trabajadora y si bien no viven en una villa, tienen el dinero suficiente para subsistir. Hay chicos que viven dentro del ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, pero no tienen los recursos para solventar estos estudios. Es para los chicos que quieren estudiar y no tienen los recursos para hacerlo de manera particular o ir a un conservatorio.

Sos una de las pocas directoras mujeres de orquesta, al menos en la actualidad. ¿A qué crees que se debe esto?

- A que los cargos que toman decisiones son hombres. Yo conozco cantidad de mujeres directoras que no están en acción en este momento y esto tiene que ver con que los organismos oficiales están en manos de hombres. Es una cuestión cultural alrededor de que la dirección es solo para hombres. Por más que haya deconstrucción en la vida real, no se le hace lugar a la mujer. Me parece que hay un statu quo que romper. Si bien hay muchas mujeres, cuando surgen los concursos, te postulas para un cargo de orquesta y hay mucha subjetividad. Siempre eligen hombres y no mujeres. Simplemente aun no ha llegado esta deconstrucción.

¿Buscaste alguna vez tener un lugar en los organismos oficiales o sentís que es un lugar de hombres?

- Cuando uno empieza a estudiar tenés la expectativa de ser invitado para dirigir en las orquestas oficiales, pero rápidamente me di cuenta que no iba a ocurrir y de hecho, no ocurre. En la Sinfónica Nacional o en la Filarmónica de Buenos Aires no hay mujeres invitadas y si hay alguna, son extranjeras que quizás son muy buenas pero es para cumplir con determinadas cosas. Eso lo noté rápidamente y me dije "bueno, listo, esta bien, las puertas están cerradas"; y tengo compañeras que se quedaron esperando yo no. Armé mi compañía donde hacemos producciones de calidad profesional después de mucho trabajo y muchos años. Ahora no sé si me interesaría ser parte si me invitaran. 

¿Sentís que la ópera tiene que aggiornarse al contexto actual, sobre todo en un país donde la mujer de a poco va exigiendo el lugar qué le corresponde?

- Uno puede plantear un cambio de mirada que es decir "no miremos desde la perspectiva machista del siglo 19", sino que miremos cuáles eran la traición de las que se veían envueltas las mujeres en ese tiempo. Giuseppe Fortunino Francesco Verdi fue el primer feminista de la ópera, el primer compositor que miró a la mujer con perspectiva femenina y siempre estuvo del lado del personaje femenino. La traviata (Ópera de Giuseppe Verdi) no era una prostituta, sino una mujer que la llevaron a cumplir esa posición porque la sociedad no le dio otra oportunidad. Hay una mirada parcial y antigua. Hay que darle la perspectiva que corresponde en la actualidad. 

Dios escribe derecho sobre renglones torcidos…¿si tuvieras que elegir una frase que te haya marcado sería esa o elegirías otra?

- Definitivamente elegiría esa, que la decía mi abuela todo el tiempo. Ingresé al conservatorio para ser directora de orquesta y estando ahí, la maestra me convenció que tenía actitudes para ser pianistas y me preguntó que con esos talentos por qué iba a probar algo que no sabía si iba a poder lograr. Durante años, abandoné la idea de ser directora y un día me lastimé la mano, estuve dos años sin tocar el piano y ahí volvió la idea original de ser directora. Me torcí, pero la vida me acomodó. 

Estrenaste "Cavalleria Rusticana" en el teatro Empire. ¿Intentas darle una perspectiva de género a tus operas?

- Si, siempre. Me resulta como inherente, no puedo evitarlo. Lo hice con todas mis óperas. La obra de arte cuando es un clásico tiene eso de que no importa el tiempo que pase, te sirve para ver el presente. Estas óperas tienen esa cualidad y de repente tenés la historia de las mujeres y me interesó poner el foco ahí. Le pone un peso extra al comportamiento moral de los personajes y hay algo más que pone a las mujeres en un lugar y a los hombres en otro de obligación.

El sensor y el ofendido se baten a duelo. Los hombres tenían esa obligación de defender el honor a cuchillo y todos tenían cuestiones impuestas socialmente y comportamientos a los cuales no podían escaparse. Batirse a duelo era su obligación de ego y la Cavalleria te pone eso de manifiesto. Me gusta contar esto, tanto para las mujeres como a hombres. 

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