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Tras su trasplante de hígado, Soledad Aquino reveló: “Tuve dos paros cardíacos”

La madre de Micaela y Candelaria Tinelli estuvo internada ocho meses.


El momento más duro de la vida de Soledad Aquino comenzó a fines de marzo de 2021. Tras sufrir fuertes dolores abdominales y diversas descompensaciones, la ex esposa de Marcelo Tinelli debió ser internada internada de urgencia en el Sanatorio Trinidad de Palermo. Había sufrido una hemorragia estomacal severa. A las pocas horas, el diagnóstico más duro: cirrosis hepática y úlcera de duodeno  el único camino para salvar su vida era un trasplante de hígado. 

 

Desde entonces, la madre de Micaela y Candelaria Tinelli comenzó un duro proceso de lucha. Mientras estaba en la lista de espera del INCUCAI, Aquino contrajo coronavirus y su cuadro se complicó. Pero ella estaba lista para superar todo. El 10 de junio, le hicieron el trasplante y entonces comenzó la rehabilitación.

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En una entrevista con Hola, Soledad reveló cómo fue su recuperación y cómo se encuentra en la actualidad: “Tuve que aprender a vestirme sola de nuevo, a atarme los cordones… No tenía fuerza muscular ni para lavarme los dientes”. Y agregó: “Ahora estoy bárbara, me siento re bien de salud y de muy buen de ánimo. Todo lo que me rodea me parece fantástico, valoro cada pavada, me volví una agradecida de la vida. Estoy muy conectada con el presente, con esa cotidianidad que siempre di por sentada y ahora la vivo como un regalo. Después de haber estado tanto tiempo detrás de una ventana, disfruto del sol en la cara, de las flores de mi casa, de estar al aire libre. Hoy tengo en mi cabeza una dimensión diferente de la vida. ¿Sabés lo que significa para mí despertarme sin dolor? Es magia… Después de todo lo que pasé, me di cuenta de que tenemos vida, que es un regalo, y tengo que aprender a honrarla”.

 

Entonces, detalló cómo fue cada momento de la rehabilitación: “Fue durísima. Hacía cinco meses que estaba internada y ya no podía más. Quería irme a mi casa, pero tenía que hacer rehabilitación y kinesiología para recuperar la fuerza muscular que había perdido por estar en reposo tanto tiempo. No podía comer sola, ni lavarme los dientes o agarrar el celular. Y cuento esto porque cuando pasás mucho tiempo en la habitación de un hospital, necesitás hablar con tu gente, conectarte con tu mundo… y cuando no podés siquiera manejar el teléfono te dan ganas de llorar. Estuve realmente muerta. Era un ente. Mi cabeza estaba a full, todo el día maquinando: sentía que estaba atrapada en una situación de la que no iba a salir más. La gente me decía: ‘Ya te queda poco’; pero en esa instancia de cansancio, cada hora era una eternidad”.


Enseguida Soledad habló de su diagnóstico y de sus problemas en el hígado. “A los 24 años perdí mi primer hijo con Marcelo (Tinelli), Santiago… a los ocho meses y 20 días de embarazo. Estaba manejando y tuve un desprendimiento de placenta. Cuando me llevaron al sanatorio, ya había perdido cuatro unidades de sangre, que es muchísimo. Me desmayé, estuve un mes en terapia intensiva y mi hijo murió. En ese momento, recibí muchas transfusiones y contraje hepatitis C, un virus desgraciado que me amenazó toda la vida”. 

 

Y completó: “A partir de ese momento tuve que aprender a cuidarme, porque todo lo que comía me caía mal. Por eso, cuando empecé a sentirme mal a mediados de marzo, pensé que era más de lo mismo, tal vez un cólico. Por suerte mi hermana insistió en llevarme a una clínica, porque veía que no mejoraba ni un poco. Ahí saltó que tenía una hemorragia interna y el hígado ya lo tenía a la miseria. Los médicos me dijeron que tenía que hacerme un trasplante”.

 

Luego reveló que sufrió dos para cardíacos durante la operación. “Tuve miedo, pero al mismo tiempo, no sé por qué, estaba también tranquila, como entregada a la situación. Me internaron para comenzar a prepararme para la operación: cambio de alimentación y una vida más tranquila. El trasplante no es una joda: fue una cirugía de nueve horas. Cada vez que lo pienso no lo puedo creer: ‘Mierda, me tuvieron abierta durante horas y tuve dos paros cardíacos’”, relató. 

 

Y explicó: “Así estuve yo, carajo, luchando entre la vida y la muerte. Mis hijas me contaron que los médicos decían que lo mío era un milagro. Y yo pienso que realmente tenía muchas ganas de vivir. De esta terrible experiencia descubrí que el cariño de la gente, de todos los que te quieren, es lo que te empuja a seguir resistiendo, porque hay un momento dado que sólo se trata de resistir. Ya no podés más y sólo está en vos seguir aguantando un poco más. A los médicos les decía: ‘Por favor, cuídenme que no me quiero ir’, porque yo adentro mío tenía una fuerza interior gigante, tenía muchas ganas de vivir”.

 

Además habló sobre lo que vivió mientras esperaba el órgano que le salvara la vida: “Estuve muy tranquila, sabía que si tenía que llegar, llegaba. Y si no, no tenía que ser para mí. Firmé los papeles con el Incucai y me dijeron que estaba en el tercer lugar de la lista… Hoy no puedo creer por todo lo que pasé. El amor impredecible de alguien que no conocía me devolvió la vida, la esperanza. Ahora siento como una responsabilidad en honrar a esa persona y a esas familias que donaron. Sin ellos, no estaría viviendo esta segunda oportunidad”.

 

También contó cuál fue el momento más duro de sus meses internada:  “Tuve picos de desesperación en los que sentía que había tocado fondo. Días en que no paraba de llorar del dolor... Después de tantos meses internada, las venas ya las tenía reventadas, porque me sacaban sangre todos los días o me cambiaban la vía sanguínea... Mis hijas ya no sabían qué hacer para que yo no sufriera más”.

En tanto, sobre sus hijas, Soledad afirmó que disimulo un poco para no asustarlas. “Por dentro estaba destruida. Nunca les dije el miedo terrible que sentía de morirme. Las tres somos muy unidas y confidentes, y ellas son dos soles. Me mimaron todo el tiempo. Una vez me regalaron una crema para la cara y eso me cambió el día. Para mí, el hecho de tener que ponerme crema era también un acto de vida, de querer vivir”, contó en su emocionante relato. 

 

Por último, le dedicó unas palabras a Tinelli, quien estuvo a su lado durante casi todo el proceso de internación. En la entrevista, Aquino afirmó: “Marcelo es un amor. Así como muchos ven el personaje de Marcelo Tinelli, yo siempre lo voy a ver como el hombre de Bolívar del que me enamoré cuando era muy chica. Me acuerdo de cuando teníamos juntos un auto al que le andaba mal el motor y siempre teníamos que empujarlo entre los dos. Esa persona es la que admiro y respeto, el hombre con quien me casé ante Dios. Juramos cuidarnos en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte nos separara y si bien no estamos juntos, nos seguimos cuidando… Ya no sentimos ese amor marital, pero sí un amor de padres de nuestras hijas. Te aseguro que si a él le pasara lo mismo, yo no dudaría un segundo en ayudarlo, en donarle el órgano que necesitara. Me quedan pocos órganos por donar [risas]. ¿Cómo no voy a estar para ayudarlo? El corazón me lo manda”.

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