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Viajes, cine y glam: qué es de la vida de Lisa, la hija de Gustavo Cerati

Lisa Cerati había cumplido 14 años hacía sólo 13 días cuando su padre, Gustavo, sufrió un accidente cerebro vascular en Caracas que lo dejó en un coma por cuatro años y del que nunca despertó. Seis años después, la heredera del ex Soda Stereo sigue con su vida: cumplió 20, estudia cine y se la pasa viajando por el mundo.


La hija de Gustavo y Cecilia Amenábar: una copia exacta de sus padres.

A diferencia de su hermano Benito, quien no le temió a las comparaciones con su padre y se lanzó como solista en 2008, Lisa mantiene un perfil bajo y pocas veces se la ve en eventos públicos. Sin embargo, la joven musa de Cerati, quien hoy cumpliría 57 años, mantiene una activa participación en redes sociales y muestra sin filtros su día a día.

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La adolescente vive con su madre, Cecilia Amenábar, quien se divide entre su Chile natal y la Buenos Aires. Lisa y su hermano ambién viajan con frecuencia al país trasandino, donde nacieron, aunque también tienen tramitada la nacionalidad argentina. “Vamos todos los años. Me siento un puente entre Chile y Argentina. Creo que mi hermana se siente igual”, reconoció Benito.

Aunque nacieron en el apogeo de la carrera de su padre, los chicos tuvieron una “infancia normal”. “Fue igual a la de cualquier chico común. Nunca tuvimos chofer, ni mucama, ni guardaespaldas. Éramos una familia normal, con cierto grado de resguardo, pero nada que nos cambiara la vida”, sumó el mayor de los hijos de Gustavo.

Por momentos de gira junto a su padre y por otros bajo el régimen más disciplinado que imponía su madre, Lisa y Benito heredaron desde temprano inquietudes vinculadas al arte. “Mis hijos tienen los canales artísticos abiertos por ósmosis. Esa bajada viene de los dos papás”, reconocía orgulloso Cerati, antes de detallar que su hija ya estudiaba batería, piano y danza a los diez años.

Pero la tranquilidad familiar y la infancia de ambos llegó a un abrupto final cuando recibieron en 2010 la peor noticia: su padre había tenido un ACV en Venezuela y estaba internado en la habitación presidencial de la clínica La Trinidad de la capital. Pasaron tres días hasta que entró en coma y todos tomaron magnitud de lo que estaba sucediendo: tenía escasas chances de despertar.

Laura, la hermana de Gustavo, viajó de urgencia para acompañarlo en la cirugía de urgencia que el cuerpo médico venezolano había indicado debían realizarle. Aunque salió del quirófano con buen pronóstico, el músico no despertaba. Estuvo casi un mes en Caracas, hasta que la familia decidió trasladarlo a Buenos Aires en un vuelo sanitario e internarlo en el Fleni, especializado en rehabilitación neurológica.

El músico aterrizó el 7 de junio de 2010 a las 18.40 en Aeroparque y fue trasladado directamente al Instituto ubicado en el barrio de Belgrano. Lo internaron en una habitación del tercer piso de la clínica y volvieron a recibir malas noticias: el parte médico era peor que el que habían enviado los médicos venezolanos. Había sufrido un infarto extenso en el hemisferio cerebral izquierdo y tenía daño del tronco cerebral secundario.

Fueron cuatro meses de esperar una evolución que nunca llegó. A finales de octubre, las autoridades de la clínica le comunicaron a la familia que el músico no presentaba ningún tipo de evolución y que ya no cumplía con los criterios para continuar en el programa de rehabilitación. En otras palabras: no había vuelta atrás y comenzaba un largo camino que duraría cuatro años más.

Estoy esperando que ocurra lo que tiene que ocurrir. Por supuesto que uno espera lo positivo y Dios quiera que así sea. Sería el milagro más grande de todos y lo mejor que podría pasarnos a la familia entera, pero hay que caer en la realidad de vez en cuando”, fueron las palabras con las que Benito describió el real cuadro de su padre.

Lisa, por su parte, evitó dar entrevistas, aunque le dedicaba semanalmente mensajes de apoyo a su padre en las redes sociales. “Te doy toda mi luz para que encuentres el camino de regreso”, fue uno de los primeros que escribió la por entonces nena de 14 años.

Su madre, en tanto, se abocó a acompañarlos. “Por primera vez en mi vida dejé de trabajar. Ellos me necesitan más que nunca. Desde el accidente, mis hijos no quieren ir al colegio. A Lisa le quedan dos años y me pide permiso para no ir más y yo le digo que tiene que terminar. Hay que tener fuerzas”, reconoció Amenábar en su momento.

La muerte de Gustavo llegó el 4 de septiembre de 2014 y, con ella, una suerte de “liberación familiar”. “El luto es un año, pero nosotros llevamos casi cinco. Fue una muerte lenta. Una vida muy rápida y una muerte muy lenta. Y ha sido un luto también lento”, advirtió la chilena, y agregó: “Ha sido súper duro, creo que todavía no lo tenemos cerrado”.

"Vuelta por el universo, alto cada vez más alto. Sin palabras, amor eterno para vos. Poder decir adiós es crecer", fueron las palabras con las que Lisa se despidió en las redes de su padre. Pero el tiempo curó algunas heridas y, poco a poco, todos comenzaron a seguir su camino. Mientras Benito se inscribió en la carrera de Antropología de la Universidad de Buenos Aires y abocó a su carrera como músico, Lisa, quien no quería ni terminar el secundario, sorprendió a todos con su elección: cine.

Entró a la carrera de cine y encontró su vocación. Estoy muy contenta con ella. Estudiar les hace bien. Hacer cosas y plasmar el dolor les hace muy bien. Es la única manera de salir adelante. Por suerte los dos se metieron (en la universidad) y están volviendo a disfrutar un poco de la vida”, reconoció la chilena.

El álbum íntimo de la infancia

Y así, entre el recuerdo de su padre y las postales de sus viajes, Lisa comenzó a emprender vuelo propio.

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