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"Viejo, rompe huev... y perejil": el Conejo se la agitó a Alfa y todos quedaron mudos

El primero que se animó a decirle algo en la cara al sexagenario.

La mesa de los hermanitos está servida. Están por comer pero algo huele mal. No es la comida, sino el momento incómodo que se está por generar. El Conejo le grita a Alfa, que lo dobla en edad, mientras está mezclando los fideos que él mismo preparó para llenar la pancita de los jugadores. El cruce es raro, atípico en una convivencia que ya lleva más de como dos meses. ¿Por qué? Porque, por lo general, el sexagenario es el que se la picantea a todos en la casa, siempre enunciando sus ideas y perspectivas que no van con ninguna de las ideas y perspectivas de los otros chicos y chicas que son dos o tres generaciones menores a la de él.

Todo el tiempo está tratando de ser jovial, pícaro y espontáneo; exponiendo la sexualidad e intimidad de los otros; o buscando no ponerse en rol de padre en este paréntesis en su vida en el que solo tiene que sobrevivir hasta la final. No obstante, nunca nadie lo para y hacen cara de póker como si les diera vergüenza. Miran para un costado, niegan por lo bajo y cuchichean en secreto cuando no está. 

Pero, se terminó. ¡Basta, chicos! En un momento impensado, Alexis le hizo una joda que parece que no le cayó bien, más allá del estómago vacío que tenía. Lo trató de viejo, de sesentón, de que no se la banca. "60 años y no se te puede hacer una joda. Podés hacer 500 jodas y no te bancas ni una", se la agitó el cordobés mientras se caía al piso una tapa de cacerola.

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Alfa le responde enojado que en realidad el que "hace jodas permanentemente" es El Cone pero éste se recalienta y retruca: "Hacés 24 horas jodas pero cuando a vos te hacen una no te la bancás. A vos hay que dejarte dormir, hay que dejarte descansar. Vos rompés los huev... a la mañana y a vos no se te puede decir nada. Te haces el maduro de que tenéis 60 pero, al final, sos un perejil".

Todos mudos, tensos, sin nada para opinar ni una cara de complicidad con Alexis que se acomoda en una silla en el medio de la mesa para agritarsela de nuevo: "¿Que querés que te diga? Si te gusta bien y sino también”. "Exacto", responde Alfa mientras levanta los fideos con las espátulas con la mirada fija en la comida.

El ambiente dentro de la casa de Gran Hermano quedó en silencio. Una palmadita en la espalda al cordobés y una sensación de que se hizo justicia. Fin de la escena porque, cada vez más se demuestra cómo las cosas más pequeñas generan más problemas en estas instalaciones. Tampoco es que Alexis se merezca el respeto de sus compañeros, pero por primera vez su compañero quedó expuesto frente a todos.

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