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¿Por qué falló? Israel explicó las razones de la caída de la sonda "Beresheet" en la Luna
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¿Por qué falló? Israel explicó las razones de la caída de la sonda "Beresheet" en la Luna

Beresheet había sido lanzado hace seis semanas a bordo del cohete Falcon 9 de la empresa SpaceX, propiedad de Elon Musk. Tras una "falla técnica", cayó sobre la superficie lunar.

Israel consiguió llegar a la superficie lunar, pero no como esperaba. La sonda “Beresheet” se estrelló en la superficie de la Luna a las 22:35 hora local (14:35 horario argentino), del pasado jueves 11 de abril  por un desperfecto en su motor principal, tal y como lo aseguró la agencia espacial israelí. La sonda -propiedad de la empresa israelí SpaceIL-  se estrelló cuando se encontraba a 150 metros sobre la Luna. 

Se trataba de una misión con iniciativa privada, la cual iba a marcar un precedente en la exploración espacial no tripulada, ya que por primera vez una agencia privada iba a realizar un "alunizaje" (es el término que define el descenso controlado de un vehículo sobre la superficie de la Luna). De hecho, esto tan solo lo han logrado por el momento Estados Unidos, China y la ex Unión Soviética.

Con un peso de 585 kilogramos y una altura de 1,5 metros, “Beresheet”, que traducido del hebreo significa “principio” o “génesis” pretendía descender para tomar imágenes de la Luna. Además, aspiraba a ser una inspiración para el pueblo israelí, ya que si bien no reciben ninguna inversión espacial de parte del Estado, demuestra que esto se puede lograr "con valentía y trabajo. Morris Kahn, impulsor del proyecto dijo desde la central israelí: "¡Queríamos demostrar que se puede!". 

La maniobra de aterrizaje es el momento más complejo de la misión, ya que depende casi por completo del software automatizado de la nave y suele durar alrededor de 20 minutos. Según trascendió, la secuencia de aterrizaje automático comenzó según lo planeado, pero uno de los problemas se encontraba en el tipo de motor principal utilizado.

Rob Westcott, ingeniero de propulsión de Nammo, empresa a la que se le encargó la construcción del motor, se mostró desconfiado en la previa: "Nunca antes hemos usado este motor en circunstancias tan extremas". Al mismo tiempo,  agregó en diálogo con la BBC, que posiblemente el motor no resistiría la temperatura lunar, y por consecuencia podría sobrecalentarse.

De todas formas, todo iba según lo planeado hasta que en la transmisión oficial, el presentador afirmó: "Parece que tenemos un problema con el motor principal, se está reiniciando la nave para intentar habilitarlo”. Luego de esto y de una aparente recuperación del motor, se perdió toda la comunicación con la nave y luego de unos minutos de incertidumbre confirmaron el desastre.

Según informó el equipo de SapceIL en Twitter, el falló se debió a uno de los componentes centrales de la nave, lo cual derivó en una cadena de errores que permitieron el colapso del sistema y la interrupción del motor.

Antes de derrumbarse en la superficie, la sonda logró tomar una serie de fotografías y enviarlas al centro de monitoreo ubicado en Tel Aviv, Israel. Pero se perdió dentro de la misión una cápsula con información muy valiosa que relataba sucesos importantes sobre el país y el pueblo judío, por ejemplo, historias de un superviviente del Holocausto y una copia de la Biblia que procuraban dejar en forma de "altar" en la superficie.

Además de tomar fotografías, la misión tenía como objetivo medir el campo magnético lunar y recabar información para futuros viajes.

El desarrollo de la sonda costó 100 millones dólares y estuvo en manos de SpaceIL, una organización sin fines de lucro, fundada en 2011, con el objetivo de llevar una nave a la Luna. Sus fundadores, el ingeniero aeroespacial Yonatan Winetraub, el especialista en ciberseguridad Yariv Bash, y el fabricante de drones Kfir Damari,  tuvieron la idea de este alocado proyecto una noche, después de beber algunas copas. 

Aquella velada, formularon todo el plan para construir, lanzar y aterrizar la nave durante una misión. Gracias a esa idea, recibieron el premio de 20 millones de dólares, que otorgaba Google en un concurso llamado: “Google Lunar X”.

A la empresa se le sumó la Industria Espacial Israelí (IAI), que proporcionó las instalaciones para emprender el desafío y  la agencia espacial SpaceX, del multimillonario Elon Musk, que fue la encargada de poner en órbita la sonda con su cohete Falcon 9 en febrero de este año, compartiendo el despegue junto con otros dos satélites para abaratar costos.

Si bien no se logró el objetivo, la misión sienta las bases para las próximas misiones de bajo presupuesto, como las que planea la NASA para 2020. En su cuenta de Twitter, SpaceIL no dudó en escribir un mensaje alentador, con una mirada clara hacia el futuro: “Don’t stop believing!" (¡No dejen de Creer!”). 

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