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Vikingos: la verdadera historia de Ivar, el Deshuesado; el hijo más cruel de Ragnar Lodbrok

Ivar “sin Huesos” fue uno de los más grandes caudillos vikingos de toda la historia.

A principios de diciembre último, Vikingos regresó con su sexta y última temporada. Con la historia de Ragnar Lodbrok concluida, la serie –que conquistó no solo los corazones de aquellos fanáticos de la cultura vikinga, sino también del espectador común- pone principal énfasis en la familia que construyó Lodbrok, centrándose más en unos miembros que en otros.

De más está decir que la serie le pone principal atención a su primera mujer, Lathgertha, y al hijo que tuvo con ella: Björn. Pero Ragnar Lodbrok tuvo más hijos y en las dos últimas temporadas cobró gran protagonismo uno de ellos, tal vez el más singular: Ivar el Deshuesado.

Ivar lleva ese apodo porque nació con un grave problema que le impedía tener movimiento de cintura para abajo. Eso le forjó un carácter especial, duro e implacable, que le ayudó a sobrellevar su minusvalía casi como si no la tuviera.

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Los expertos señalan que Ivar podía haber sufrido un tipo de osteogénesis imperfecta, el Síndrome de Ehlers-Danlos, una alteración genética que provoca un defecto en la síntesis del colágeno, lo cual se manifiesta en una hiperelasticidad dérmica, hiperlaxitud articular e hiperequimosis.

Esto le impediría moverse con libertad, ya que los ligamentos carecían de firmeza y las rodillas o tobillos podrían soportar su peso. Algo que, por entonces, se podría haber interpretado como la ausencia de huesos. En la serie, Ivar no la pasó fácil porque, demás está decir, un tullido en cualquier sociedad como la vikinga se encuentra en clara desventaja.

Sin embargo no lo tuvo fácil porque en una sociedad como la vikinga -en realidad cualquiera medieval-, donde resultaba fundamental el esfuerzo personal para poder sobrevivir en una época sin instituciones sociales y donde era frecuente el infanticidio para quien tuviera taras físicas por ser una carga, un tullido se encontraba en clara desventaja.

Ivar sí tenía huesos, pero frágiles y de hecho, la enfermedad también se llama huesos de cristal popularmente; de ahí el sobrenombre que le pusieron. Esta enfermedad -más bien una mutación genética- ya se conocía desde la antigüedad y parece ser que resultaba más frecuente en el norte de Europa pero no tenía ni tiene cura.

Pero también existen otras teorías que giran en torno a su enfermedad. Se han descubierto evidencias de que Ivar pudo ser un hombre bastante alto y fornido. Testimonios de una excavación fortuita en 1685 hablan de una persona de dos metros y medio de altura que podría haber sido un importante caudillo vikingo por la forma en la que se encontró enterrado.

Estos testimonios se dan como válidos tanto por arqueólogos e historiadores ya que en los registros que se dejaron de esa excavación se describe todo tal y como la encontraron en 1974 en Repton. Lo cual supondría que la enfermedad de Ivar pudo ser gigantismo y el nombre un tanto irónico o derivado de que nunca era herido en batalla.

Por último, pudo no estar asociado a su físico, sino a una serpiente, animal considerado además como símbolo de sabiduría. No sería raro en su familia ya que se podría relacionar a su hermano Sigurd, a quien apodaban Ojo de Serpiente, así como con la herencia recibida por su abuelo materno, el padre de Aslaug, Sigurd, quien mató al dragón Fafnir.

Lo cierto es que Ivar “sin Huesos” fue uno de los más grandes caudillos vikingos de toda la Historia. Era el hijo menor de Ragnar y Aslaug: justo, grande y fuerte, así lo definen los libros de historia. Uno de los hombres más sabios que nunca antes existió en el campo de batalla. Ivar era el asesor de sus hermanos Björn, Ubbe, Sigurd y Halfdan.

Sus limitaciones no le impidieron acompañar a Ragnar en su último viaje a Inglaterra ni encabezar una expedición contra la llamada heptarquía anglosajona, la que componían los reinos de Anglia, Essex, Kent, Mercia, Northumbria, Sussex y Wessex. Fue en el año 865 d.C. cuando acompañó a dos de sus hermanos, Halfdan y Ubbe, para vengar la muerte de su padre, a quien el rey Ælla de Northumbria había ejecutado ese mismo año arrojándole a un pozo lleno de serpientes venenosas.

A Ivar se le atribuye el asesinato del rey de Anglia Oriental Edmundo Mártir en el año 869. La primera referencia de la historia procede de la pasión del rey Edmundo de manos de Abón de Fleury y la adaptación en inglés antiguo de Aelfrico de Eynsham.

Por las citas, se sabe que el rey Edmundo se negó al vasallaje bajo dominio pagano (como llamaron las crónicas anglosajonas a aquella coalición de vikingos daneses, noruegos y suecos) y fue ejecutado, acribillado con flechas hasta la muerte. Aunque​ otras fuentes hablan de que fue ejecutado en el altar de una iglesia, posiblemente con el ritual del águila de sangre.  En 869 Ivar comandó el gran ejército pagano de los daneses en Inglaterra con sus hermanos Halfdan y Ubbe.

Una vez convertido en rey, funda la Casa de Ivar o Uí Ímair, una dinastía que desde mediados del siglo IX hasta el siglo X gobernó Northumbria desde la capital de York (Jórvik) y dominó la región del Mar de Irlanda desde el reino de Dublín. Sus presuntos descendientes, la Casa de Godred Crovan, gobernaron como reyes de Mann y otros territorios vikingos de las Islas del Norte desde el siglo XI hasta el XIII, aunque actuaron como vasallos de los reyes de Noruega la mayor parte del tiempo.

Ivar desaparece de todos los registros históricos en el año 870. Su último destino es incierto, aunque se supone que Ivar es el mismo Ímar, el primer rey de la dinastía de los Uí Ímair, cuya muerte se cita en los Anales de Ulster en 873.

La Saga de Ragnar Lodbrok cuenta que Ivar ordenó que su cuerpo fuera enterrado en la costa británica como una especie de maldición contra quien intentara invadirla. Nadie pudo pisar aquella tierra hasta Guillermo el Conquistador, quien profanó la tumba y, al comprobar que el cadáver estaba incorrupto, mandó quemarlo, adueñándose del país en el siglo XI.

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