Lumilagro, un ícono de la manufactura argentina desde 1941, atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. La empresa, que alguna vez fue la única fábrica de termos de vidrio en América, despidió a 170 trabajadores en los últimos dos años y apagó los hornos que durante décadas produjeron su producto estrella. Hoy, las ampollas de vidrio se importan desde India y Vietnam, mientras que los termos de acero se fabrican en China.
Martín Nadler, director ejecutivo y dueño de Lumilagro, no oculta la tristeza y frustración de este cambio: "En 2022 teníamos 220 trabajadores, pero en los últimos dos años tuvimos que reducir el plantel y 170 personas se fueron con retiro voluntario, fue un proceso dolorosísimo. Hoy nos quedamos con 50 personas directas y 50 indirectos. Todos veían la situación, había bajado mucho el volumen demandado. Lloré al despedir a algunos trabajadores que me conocían desde los 5 años, pero entendieron que era por el futuro de la empresa", confesó Nadler en una entrevista reciente.
La caída de las ventas, combinada con una avalancha de productos importados que ingresan al país sin control, golpean duramente a la empresa. Según Nadler, "se consumen 4 millones de termos anuales en Argentina y sólo de Paraguay ingresaron 4 millones, más lo que ingresa por el norte. Son termos tóxicos y truchos, cuando están en contacto con agua caliente desprenden metales cancerígenos".
A pesar de las advertencias sobre los riesgos para la salud pública, el Estado argentino no implementó, según Nadler medidas efectivas para frenar el contrabando o proteger a las industrias locales: "Nos preocupa la salud de la gente, el Estado no dedica ni el mínimo esfuerzo para protegernos del contrabando, si bien sabemos que es una política de Estado para bajar el precio de las cosas sea como sea", lamentó el empresario.
La transformación en el modelo de negocio de Lumilagro refleja una realidad más amplia: la falta de competitividad de las industrias nacionales frente a los productos importados. Nadler reconoce que fabricar en China redujo costos en un 15% pero es esto lo que golpea al orgullo y la identidad industrial argentina: "Más allá del dolor y la relación afectiva que teníamos con los empleados. Si vuelve a ser conveniente fabricar en Argentina, lo volveremos a hacer. Si sube el dólar me puede convenir volver a fabricar", explicó.
Mientras tanto, Lumilagro apuesta por reinventarse con nuevos modelos como el Luminox Pampa y un ambicioso plan de expansión comercial que incluye la apertura de locales propios y una estrategia agresiva de exportación. Sin embargo, el costo social del cambio ya está hecho: 170 familias que perdieron su fuente de ingresos, una comunidad laboral desmantelada y un país que sigue viendo cómo se apagan las chimeneas de su industria nacional.