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Felices mientras podamos

La mejor manera de enseñarle a tu hijo a tener paciencia

La impaciencia es una característica de los niños pequeños, y es deber de los padres enseñarles a controlar la ansiedad. ¡Van consejos para que lo logres con los tuyos!

24 Octubre de 2016 10:00
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Tanto los bebés como los niños carecen de paciencia en los primeros años de vida (mejor no hablar de los adultos, ¿no?). Y son los padres quienes deben aprender a controlar esos impulsos del niño, cultivarles la importancia de la paciencia, revelarles el valor de la espera, y explicarles que no todo en la vida se da cuando ellos quieren.

Lograrlo es fundamental para que los niños valoren los tiempos de espera y las recompensas que esos momentos les traen para lograr lo que desean.

Los niños pacientes son más felices.

Lo primero que tenés que hacer es no darle lo que te pide en el momento, sobre todo si lo que te está pidiendo no es de vital importancia. Algunos niños tienden a enojarse cuando esto sucede, lloran o gritan, incluso pueden ponerse agresivos.

La paciencia se aprende de chico.

Tu obligación como padre o madre es controlar los ataques de ira o enojo, para que no pasen a mayores y para que los chicos empiecen a controlarse por sí mismos. De a poco van a comenzar a tener paciencia sin necesidad de hacer berrinches.

¡Enseñale!

Un modo de enseñarles paciencia a tus hijos es que se hagan cargo de algo durante un período de tiempo. Para eso podés regalarle, por ejemplo, una planta. Darle las indicaciones para que la cuide día a día, que la riegue, que espere para verla crecer, y de ese modo aprenderá no sólo a ser paciente, sino también la importancia de los cuidados.

Recompensá el buen comportamiento.

La idea de recompensarlo si espera para obtener lo que desea, también es buena. También ponerle un tiempo de espera antes de darle lo que quiere, o que haga algo determinado antes de recompensarlo.

Otra idea es que hables con su pediatra para ver qué te aconseja, sabiendo como es la personalidad de tu hijo. Siempre va a tener buenas ideas.

¡Se puede!

También es importante que tengas en cuenta que cada chico es diferente. No todos los métodos son buenos para todos los niños. Si uno no funciona, podés probar con otro. ¡No pierdas las esperanzas!