El avance de Alternativa por Alemania (AfD) en las elecciones de Sajonia-Anhalt volvió a poner a Alice Weidel en el centro de la escena política alemana. El partido ultraderechista obtuvo el 43,8% de los votos en los boca de urna y quedó cerca de la mayoría absoluta en la región. La copresidenta de AfD volvió a reclamar elecciones anticipadas y defendió el cierre de las fronteras y la deportación de inmigrantes.
Detrás de la dirigente que busca llevar a AfD al gobierno federal hay una historia personal que presenta fuertes contrastes con el discurso de la fuerza que conduce: es lesbiana, está casada con una mujer nacida en Sri Lanka y vive buena parte del tiempo en Suiza, mientras su partido promueve una agenda nacionalista, antiinmigración y contraria a la diversidad familiar.
El resultado en Sajonia-Anhalt representa el mayor éxito electoral de AfD hasta el momento. Con los resultados del domingo, la fuerza quedará cerca de alcanzar la mayoría absoluta necesaria para gobernar el estado. Será un hecho de enorme importancia histórica: por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un partido de extrema derecha vinculado al neonazismo podría controlar uno de los 16 estados federados de Alemania.
Weidel calificó el resultado de "histórico" y aprovechó la elección para presionar al canciller Friedrich Merz para que adelante las elecciones generales. Su discurso estuvo alineado con las principales banderas de AfD. "Controlaremos nuestras fronteras. Deportaremos a todos los que estén obligados a abandonar el país y a todos los criminales. Cerraremos las fronteras", afirmó en declaraciones a CNN.
Una de las principales contradicciones que rodean a Weidel tiene que ver con su propia residencia. La líder de AfD divide oficialmente su tiempo entre una vivienda en una pequeña localidad del centro de Suiza y una casa ubicada en su distrito electoral, a orillas del lago de Constanza, en el sur de Alemania. Sin embargo, ella misma reconoció que pasa poco tiempo en su domicilio alemán.
Weidel argumenta que se debe a motivos de seguridad. Su exposición pública aumentó considerablemente con el crecimiento electoral de AfD y, según explicó, su situación hace incluso difícil salir espontáneamente a cenar o bailar con su pareja. La cuestión se convirtió en un problema político para una dirigente de un partido nacionalista que insiste en la defensa de los intereses alemanes. En una entrevista con una emisora pública, Weidel incluso abandonó el reportaje cuando le preguntaron cuántas noches había pasado en su domicilio alemán.
La vida privada de Weidel también contrasta con el discurso de la fuerza que encabeza. La dirigente está casada con Sarah Bossard, una cineasta nacida en Sri Lanka, con quien cría a dos hijos en Suiza. AfD, en cambio, sostiene una concepción tradicional de la familia y defiende la idea de un padre y una madre como núcleo familiar. Consultada en reiteradas ocasiones sobre esa aparente contradicción, Weidel evitó presentarse como parte de la comunidad queer. "No soy queer", afirmó en una entrevista, aunque reconoció que está casada con una mujer a la que conoce desde hace dos décadas.
Su abuelo fue miembro del Partido Nazi y ocupó el cargo de juez militar en la Varsovia ocupada durante la Segunda Guerra Mundial, según informó el diario alemán Die Welt. Weidel aseguró que no llegó a conocerlo realmente porque murió cuando ella tenía seis años y sostuvo que el pasado nazi de su familia nunca fue un tema de conversación.