Salió de los tribunales con paso tranquilo, esposado, rumbo al patrullero que lo esperaba. Miguel Battista, el bioquímico de Esquel de 71 años investigado por haber mantenido a su esposa y a sus tres hijos encerrados durante unos cuatro años, rompió el silencio con una frase que dejó más preguntas que respuestas: "Tuve más afecto en prisión que por parte de mis vecinos".
El caso sacude a Chubut desde el jueves, cuando se conoció. Este martes, Battista fue trasladado desde una comisaría de Trevelin a los tribunales de Esquel, donde le confirmaron en persona que la investigación avanza. La acusación es por privación ilegítima de la libertad y abandono de persona en perjuicio de su esposa, de 41 años, y de sus tres hijos, dos de ellos menores de edad.
Mientras esperaba subir al móvil de la Policía del Chubut, habló con Noticias de Esquel. Con una calma que llamó la atención, admitió que "no sabe" si podrá recuperar la libertad. Y enseguida dio su versión: "Mi versión de los hechos es que es una gran persecución". Antes de que se cerrara la puerta del patrullero, insistió: "Pero bueno, tuve más afecto en prisión que con mis vecinos". Después lo llevaron de vuelta a Trevelin, donde está detenido desde el sábado por la noche.
Su situación judicial también tiene sus particularidades. El juez le impuso una prisión preventiva de 10 días, bastante menos que los 60 que había pedido la Fiscalía. Y hay un dato que agrega desconcierto: según el mismo medio, los tres hijos declararon en Cámara Gesell que no estuvieron cautivos y que tenían llaves de la casa.
Su defensor, Daniel Sandoval, ensayó una explicación para el aislamiento en el que vivía la familia: "El hecho de que él y su familia vengan desde una ciudad como Olivos (zona norte del Gran Buenos Aires), como su especialidad profesional bastante científica, le ha generado limitaciones en su forma de desarrollarse y llevar una forma de sigilo para no salir a la ciudad".
El abogado también se refirió a la esposa de Battista, que según él tiene problemas de salud. Explicó que la Fiscalía cree que pudo haber privación ilegítima, pero que "la ocupación científica de Battista y el cuidado de su señora hacían que no debiera dejarla deambular por la ciudad libremente porque tiene problemas severos de salud".
Sandoval fue más allá y cuestionó la hipótesis de los investigadores: "Los hijos están a disposición y hablaron en Cámara Gesell, pero Battista descarta que hubo privación ilegítima. Los tres chicos, por sus edades, fácilmente podrían doblegar a un anciano de casi 72 años, y la hipótesis de que éste los mantuvo cautivos no es muy sostenible".
La Justicia tiene ahora diez días para avanzar sobre una historia con puntos bastante lúgubres: una familia que habría vivido años sin salir, un padre que se presenta como perseguido y unos hijos que dicen que tenían llaves de su casa.