Cuando días atrás el NY Times publicó un artículo sobre Inteligencia Artificial, eligió un elocuente ejemplo para graficar la situación. Explicaron que el actual Director de Realización Audiovisual de la Presidencia de la Nación Argentina -más conocido como "El cineasta de la tinieblas"), Santiago Oría había caído rendido ante los influjos amorosos de una rubia elocuente, hermosa y, sobre todo, afín ideológicamente. Un partidazo para el muchachito.
Lo que el barbado cameraman desconocía era que esa rubia curvilínea y -sobre todas las cosas- ferviente defensora de las ideas de la libertad era nada más y nada menos que Lucía Libertaria, la militante confeccionada por IA para desparramar el pensamiento encabezado por el presidente Javier Milei. "Es inteligente y súper hermosa, tenemos que darle más visibilidad", exclamó el muchacho, que -tal vez sin saberlo- se había enamorado de una muchachota.
De inmediato, la crueldad de las redes se hizo sentir sobre el pesado lomo de Oría, que intentó rebatir la información con la escasa claridad conceptual que lo caracteriza. El cineasta se hizo meme, y cuando viene la lluvia hay que abrir el paraguas. Acusaciones al azar, diatribas contra periodistas. Lo usual, solo que esta vez el índice recaía sobre su naif capacidad de enamorarse. Pero quién puede culpar al amor: cuando llega, llega.
Lo cierto es que Lucía Libertaria, la creación más onanista del universo libertario (que sabe a quién le habla) publicó un tuit en el que se vio obligada a bancar a su enamorado. Porque las máquinas también sienten. Si no basta con mirar la película "Alice", protagonizada por la no menos hermosa aunque lamentablemente humana Megan Fox.
Allí, la rubia libertaria publicó una de sus parrafadas en contra de los periodistas, y esta vez acudió a la fuente de la información, a escala internacional. "Mentirosos hay en todos lados, y el NY Times viajó hasta acá para demostrarlo", dice ella desde una plaza con un escote más que pronunciado y un rostro tallado por el mejor de los mouses. Pobre Oría, tiene apenas 41 segundos para subyugarse ante la creación de sus compañeros de militancia. Aunque, si emula las costumbres de bovino malvado que solía ostentar su ídolo el Javo, el cineasta tiene 30 segundos de sobra para empastar su propia película.
"¡Qué orgullo, globalización del cholulaje!", exclama la novia de mentiritas del funcionario que acompaña al presidente a todos lados y que se encarga de que las transmisiones presidenciales sean todo lo oscuras y tenebrosas que la estética presidencial exige. Y Lucía cierra su discursito con una frase: "Fui internacional", besis". A diferencia del presidente, que se despide con un Ciao tan masculino como mal usado (Ciao significa "hola" en italiano), la rubia deja un beso mirando a cámara para derretir a su novio virtual.