La Libertad Avanza encontró una nueva forma de ampliar su base militante: inventarla. En las últimas semanas se viralizó la cuenta de Instagram Lucía Libertaria, una supuesta influencer que publica videos a favor del Gobierno de Javier Milei, critica al kirchnerismo y defiende las ideas de derecha. Todo muy orgánico, salvo por un detalle menor: Lucía no existe.
La chica aparece en fotografías y videos hiperrealistas, con una identidad visual perfectamente armada, una vida cotidiana de fantasía y opiniones políticas listas para ser consumidas. Tiene más de 13 mil seguidores y se presenta como una creadora digital que "me gusta informar sin vueltas".
La cuenta publica contenido sobre economía, la eliminación del Banco Central, las medidas oficiales y los ataques habituales contra el kirchnerismo; la estética es la de una influencer rubia, de ojos claros y con esa hegemonía de catálogo que parece diseñada para vender desde una crema para la cara hasta una motosierra ideológica.
La pregunta es quién está detrás y al respuesta es poco clara: por ahora, nadie lo sabe. El perfil no identifica a la persona que creó a Lucía y tampoco informa de manera clara que se trata de un avatar artificial. Es decir, una militante que no existe milita para un Gobierno que, en la vida real, tiene cada vez más dificultades para encontrar gente dispuesta a poner la cara.
Lucía parece una influencer muy hegemónica, pero en realidad es una construcción digital. No tiene infancia, no estudió, no votó, no fue a una marcha y jamás tuvo que pagar una factura con una tasa del 1.300%. Sin embargo, opina sobre economía con la seguridad de quien acaba de salir de una reunión de gabinete de las fuerzas del cielo.
En un exceso de mitología libertaria, podría decirse que nació como Afrodita: no de la espuma del mar, sino de una computadora, varios prompts y —por qué no— del semen ideológico de algún incel libertario con ganas de fabricar la militante perfecta; ¿el resultado? una criatura sin pasado, sin contradicciones y sin posibilidad de arrepentirse de nada.
El problema no es que exista un personaje virtual. El problema aparece cuando se lo presenta como una persona real y se lo utiliza para influir políticamente sin transparencia. Los usuarios interactúan con Lucía como si fuera una porteña más que eligió militar por Milei, cuando en realidad están conversando con una identidad construida por inteligencia artificial.
En los comentarios, varios usuarios detectaron anomalías y advirtieron que se trataba de contenido falso. "Les crean una mina con IA para los vírgenes libertarios... Seguro el Javo la sigue", dijo una internauta a la que se le sumó otra: "Gente justificándose con frases como 'no importa quien da el mensaje sino el mensaje en sÍ' o 'es una estrategia eficiente', que se yo. Cada vez más triste el panorama de futuro que puede llegar a tener este país hermoso que últimamente anda en las manos equivocadas".
Algunos otros usuarios fueron más lejos: "Si interactuás con esta cuenta como si fuese una persona, lamentablemente te tienen que dormir" o "¿Se dan cuenta que se están paje4ndo con una IA?".
El modelo Jessica Foster
Lo cierto es que la estrategia no nació en la Argentina. Uno de los antecedentes más conocidos es Jessica Foster, una influencer virtual creada con inteligencia artificial en Estados Unidos. El personaje aparece como una supuesta integrante de los Marines y publica contenido de apoyo a Donald Trump.
En sus imágenes, Foster aparece junto a Trump, Melania Trump, Vladimir Putin y otras figuras políticas, además de protagonizar escenas vinculadas con una supuesta vida militar. Todo parece documental, salvo por la parte fundamental: ninguna de esas experiencias pertenece a una mujer real llamada Jessica Foster.
El perfil comenzó a publicar hacia fines de 2025 y para marzo de 2026 se acercaba al millón de seguidores; la fórmula combina estética aspiracional, patriotismo, identidad militar y propaganda política. Un ejército digital sin cuartel, pero con filtros perfectos.
En Estados Unidos y el Reino Unido, el fenómeno de los influencers virtuales ya empieza a molestar pero también se discute acerca de cómo estos avatares pueden construir comunidades, instalar mensajes y generar identificación sin que el público sepa con claridad quién los administra o qué intereses hay detrás.
Lucía Libertaria es la versión criolla de esa tendencia: cambió el uniforme militar por la estética de influencer porteña, el trumpismo por el mileísmo y el patriotismo yankee por la defensa de la motosierra. La aparición de la cuenta revela algo más profundo: la desesperación por ocupar el territorio digital con personajes capaces de atraer seguidores y suavizar la imagen de un Gobierno golpeado por la crisis, las derrotas legislativas y la caída de popularidad.
Es que cuando nadie quiere defender una medida frente a una cámara, siempre se puede fabricar una rubia de ojos verdes para que lo haga con sonrisa, luz de sunset y una banderita libertaria de fondo.