En medio de la reaparición pública de la denuncia de cinco futbolistas de la selección argentina femenina contra el entrenador Diego Guacci por presunto acoso y abuso sexual, la periodista deportiva Lola del Carril lanzó un mensaje contundente que volvió a poner el foco no solo en el caso, sino en el entramado de presiones y silencios que lo rodea. A través de sus redes sociales, Del Carril no sólo respaldó a las denunciantes, sino que denunció el hostigamiento contra periodistas que cubrieron el tema: "Este hombre y su mujer se han ocupado de arruinarle la vida a colegas mías por el mero hecho de difundir la causa".
Y disparó: "Se han ocupado de acosarlas de muchas formas para que dejen de hablar del tema. El daño que causaron es enorme. Demasiada impunidad. Justicia". De esta manera, la periodista puso en escena un elemento que hasta ahora circulaba en voz baja dentro del ambiente del fútbol femenino —la presión sobre quienes intentan visibilizar el caso. El trasfondo de sus dichos es una causa que se remonta a mayo de 2021, cuando cinco jugadoras denunciaron a Guacci ante el Comité de Ética de la FIFA por acoso y abuso sexual, con el respaldo de FIFPro.
De acuerdo con la información brindada por el diario La Nación, las frases atribuidas al entrenador, incluidas en la denuncia, son de una violencia explícita: "¿Qué tengo que hacer para que jueguen bien? ¿Meterlas en la ducha y cogerlas?"; "¿Por qué no me mandás fotos tuyas?" o "Mirá cómo estoy. Nunca me había pasado. Vos me ponés así". Durante años, las jugadoras mantuvieron el anonimato. Hoy, algunas de ellas -como Gabriela Garton, Aldana Cometti, Luana Muñoz y Camila Gómez Ares- decidieron hablar públicamente y describir lo que definieron como "un calvario".
Relatan un patrón de conductas: comentarios sexuales, manipulación psicológica, hostigamiento y situaciones de extrema incomodidad, incluso con menores de edad. La investigación de la FIFA arrojó un resultado que profundizó la polémica. Por un lado, la Cámara de Investigación consideró que existían incumplimientos éticos y recomendó sancionar a Guacci. Pero la instancia final decidió cerrar el caso al considerar que "las pruebas en el expediente son insuficientes". Sin embargo, el propio fallo incluyó una aclaración clave: que esa conclusión "no debe considerarse como un reconocimiento de que los hechos denunciados no ocurrieron".
Esa ambigüedad dejó a las denunciantes en un limbo: sin condena, pero tampoco desmentidas. Tras el cierre del expediente, el conflicto escaló. Guacci y su entorno acusaron a las jugadoras de "falsas denuncias", las demandaron por daños y perjuicios y promovieron una ofensiva judicial y mediática. En paralelo, las futbolistas denunciaron una "campaña permanente de desprestigio y persecución", que derivó en una causa por calumnias e injurias contra el entrenador y su esposa.
Es en este contexto donde cobra peso la denuncia de Del Carril: no sólo las jugadoras habrían sido blanco de presiones, sino también periodistas que intentaron cubrir el caso. Algunas de ellas -según surge de testimonios- recibieron mensajes intimidatorios e incluso fueron seguidas. A casi cinco años de la denuncia original, el caso Guacci sigue abierto en múltiples frentes: mediático, judicial y simbólico. Las jugadoras sostienen que su objetivo nunca fue económico ni personal, sino "generar un fútbol femenino más seguro". Pero el recorrido expone los costos de hablar: exposición pública, demandas y hostigamiento.