El Líbano se desangra tras una devastadora violación del cese al fuego por parte de Israel, días después de su anuncio (el martes 7 de abril), en el marco de una oleada de ataques aéreos que dejó más de 2000 muertos, entre ellos 33 niños, y 3500 heridos, de acuerdo con el Ministerio de Salud libanés y un informe de la ONG italiana Arci Culture Solidali (Arcs), mientras que Israel declaró que sus operativos tienen como objetivo debilitar a Hezbolá.
Según informó UNICEF, el impacto humanitario alcanzó niveles "devastadores e inhumanos". Con estas cifras, ya son 600 los menores de edad que resultaron muertos o heridos en territorio libanés desde el pasado 2 de marzo, lo que refleja una escalada que no distingue entre objetivos militares y zonas pobladas. Los bombardeos ocurrieron en zonas civiles, donde el uso de armas explosivas dejó a miles atrapados en varias regiones del país.
Según reportó UNICEF, llegaron informes desgarradores sobre niños rescatados entre los escombros, mientras un número indeterminado de personas permanece desaparecido o separado de sus familias en medio del caos. "Muchos niños están experimentando traumas profundos tras haber perdido a sus seres queridos, sus hogares y cualquier noción de seguridad", señaló un portavoz del organismo.
La crisis de desplazamiento forzado también alcanzó cifras récord. Se estima que más de un millón de personas han sido desarraigadas de sus hogares, de las cuales aproximadamente 390.000 son niños, muchos de los cuales enfrentan su segundo, tercer o incluso cuarto desplazamiento forzado en busca de refugio.
El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la actividad militar sostenida en el Líbano representa un riesgo gravísimo para la estabilidad regional y para los esfuerzos de paz duradera. Tras su paso por Beirut, Guterres declaró: "Los civiles merecen vivir sin miedo", recordando que, bajo el marco del derecho internacional, la vida de los civiles y la infraestructura deben ser protegidas en todo momento.
Paralelamente, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL) denunció días atrás daños significativos tras dos embestidas de tanques israelíes contra sus unidades de mantenimiento de paz, mientras que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) rechazaron cualquier intención de ataque contra civiles o cascos azules, argumentando que el incidente fue consecuencia de una falta de coordinación previa por parte de la misión internacional en sus desplazamientos.
Lo cierto es que en un intento por contener la creciente escalada en Medio Oriente, delegaciones de Israel y el Líbano iniciaron este martes en Washington una mesa de diálogo con el objetivo de establecer una hoja de ruta hacia el cese de las hostilidades, bajo la mediación directa del gobierno de Estados Unidos. El encuentro, coordinado por el secretario de Estado, Marco Rubio, se desarrolla en un clima de extrema tensión, atravesado por posiciones que, hasta el momento, parecen inamovibles tras el recrudecimiento de los combates en la frontera norte israelí.
La cumbre cuenta con la participación de los embajadores de ambos países en territorio estadounidense, junto al representante diplomático de la administración de Donald Trump en Beirut. La Casa Blanca persigue un doble objetivo: garantizar la seguridad fronteriza de Israel y, al mismo tiempo, fortalecer la autoridad del gobierno central libanés para que recupere el control efectivo de su territorio, actualmente condicionado por la presencia de milicias armadas.
El contexto previo al encuentro está marcado por el rechazo frontal de Hezbollah. Su líder, Naim Qassem, desestimó la utilidad de estas conversaciones y exigió su cancelación inmediata, ratificando la línea de confrontación adoptada tras los bombardeos sobre Beirut y la incursión terrestre israelí iniciada en marzo, que ya ha dejado miles de víctimas y un desplazamiento masivo de civiles. Desde el gobierno israelí, en tanto, reiteraron que su objetivo central en estas negociaciones es el desarme total de Hezbollah y su expulsión del territorio libanés, condición que consideran necesaria para avanzar hacia un eventual acuerdo de paz bilateral.
Asimismo, aclararon que no están dispuestos a discutir condiciones con la organización mientras continúen los ataques contra su población. Por su parte, la administración Trump intenta sostener un delicado equilibrio: exige el desarme de los grupos insurgentes y el respeto a la integridad territorial del Líbano, sin dejar de respaldar el derecho de Israel a su defensa. La escalada en suelo libanés ocurre en un momento crítico de la confrontación abierta entre Israel e Irán.
Tras el inicio de la "Operación Epic Fury" el pasado 28 de febrero -una ofensiva conjunta de Israel y los Estados Unidos que incluyó ataques directos contra instalaciones militares en Teherán y el fin del liderazgo del ayatolá Jamenei-, el Líbano se convirtió en un objetivo central. Mientras los despachos en Washington, Jerusalén y Teherán negocian los términos de una nueva arquitectura de poder para Oriente Medio, la infancia libanesa paga el precio de un conflicto que no entiende de treguas parciales.