La madrugada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires volvió a ser escenario de la irresponsabilidad absoluta al volante. En un episodio que mostró una total desfachatez, un hombre destrozó su auto contra una parada de Metrobús en el barrio de San Nicolás, se atrincheró durante tres horas para evitar el control de alcoholemia y, tras admitir balbuceando que estaba borracho, recibió apenas un par de multas.
Todo empezó a las 4:47 de la mañana en la Avenida Leandro N. Alem al 600. Allí, el conductor de un Fiat Palio gris perdió el control, probablemente por el estado de ebriedad que él mismo reconocería más tarde, e impactó violentamente contra los bolardos de cemento que protegen el carril exclusivo de colectivos; de milagro no había pasajeros esperando en la zona.
Cuando la Policía de la Ciudad y el personal de Tránsito llegaron al lugar, se encontraron con una escena ridícula: el hombre, lejos de colaborar, decidió atrincherarse dentro del vehículo. Durante más de tres horas, mientras el SAME intentaba asistirlo por sus lesiones leves, el conductor se negó a bajar y a realizarse el test de alcoholemia, obligando a la intervención de la Unidad de Flagrancia Este (UFLA Este).
Finalmente, cuando el sol ya asomaba y el tránsito en el Bajo porteño empezaba a colapsar, el hombre descendió del Palio y apenas podía mantenerse de pie; allí, frente a las cámaras de televisión que cubrían el caos como las de C5N, soltó una frase que es un insulto a la seguridad vial: "Reconozco que tomé de más" y, minutos después, fue trasladado a una comisaría, pero no para quedar tras las rejas, sino para un trámite administrativo.
A pesar de haber destrozado infraestructura pública, poner en riesgo vidas y obstruir el trabajo policial durante horas, desde el Ministerio de Seguridad porteño confirmaron que se le labró un acta por falta de documentación, otra por negarse a efectuar el test (lo cual se presume positivo) y se le secuestró el auto. Sin embargo, el conductor no quedará detenido.