La angustia no deja de crecer. Desde el 14 de abril, nadie sabe dónde está Danilo Neves Pereira. Tiene 35 años, una carrera académica consolidada y un futuro inmediato que lo espera. Pero esa madrugada, en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires, su rastro se desvaneció. Lo último que se sabe de él es preciso: Avenida de Mayo 748, departamento 112, quinto piso. Esa fue la ubicación que envió antes de desaparecer. Iba a encontrarse con alguien que había conocido a través de una aplicación de citas. Desde entonces, silencio. Pereira había llegado a la Argentina hacía unos seis meses. Vivía en la ciudad mientras avanzaba con su doctorado en lingüística aplicada.
La noche del 14 de abril salió a una cita. Antes de ingresar al edificio, envió un mensaje. Compartió la dirección exacta. Fue su última señal. Un amigo, identificado como Anderson Zanni, expresó su desesperación en redes sociales: "Temprano en la mañana del 14 salió a una cita y esa última vez me habló y me dio su última ubicación. Estoy desesperado y ya no sé qué hacer". El dato es tan concreto como perturbador: un edificio en pleno microcentro, a metros del histórico Café Tortoni, en una zona transitada incluso de madrugada. El caso quedó en manos del Departamento de Personas Desaparecidas de la Policía de la Ciudad.
La investigación está bajo intervención de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 17. Por estas horas, los investigadores analizan cámaras de seguridad en la zona de Avenida de Mayo para reconstruir los últimos movimientos del docente y determinar con quién se iba a encontrar. No hay pistas firmes. Solo fragmentos. Entre ellos, un dato que suma complejidad: según fuentes policiales, Pereira habría sufrido días antes una descompensación psicótica y estuvo internado en el hospital Hospital Ramos Mejía. Ese antecedente es ahora parte del rompecabezas que intenta explicar qué ocurrió en esas horas finales.
Danilo no era un desconocido. Durante más de una década enseñó en la Universidad Federal de Goiás y había pasado también por instituciones internacionales como la Universidad de Emory, en Estados Unidos. Sus colegas lo describen con afecto. "Es un tipo muy trabajador, un profesor muy querido y tiene una actitud estupenda", dijo Marina Andrade. En Río de Janeiro, donde vivía antes de viajar a Buenos Aires, se preparaba para defender su tesis doctoral. Su vida estaba en un momento clave.
Hoy, todo quedó suspendido. El caso ya genera conmoción en Brasil. La comunidad universitaria sigue de cerca cada novedad, mientras el consulado brasileño trabaja junto a las autoridades argentinas en la búsqueda. La familia, devastada, se aferra a una esperanza mínima pero vital: que alguien haya visto algo, que una cámara haya registrado un movimiento, que una pista permita reconstruir lo que pasó en ese departamento del quinto piso.