La alianza incondicional con Washington acaba de mostrar su límite. Mientras Javier Milei redobla sus reclamos contra el Reino Unido por la explotación de recursos en las Islas Malvinas, el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, dejó en claro que la Casa Blanca no piensa tomar partido: su objetivo sería "desescalar" antes de que la tensión derive en un conflicto como el de 1982.
"Creo que buscaríamos desescalar antes de llegar tan lejos", sostuvo Waltz en diálogo con el medio británico GB News. Según explicó, la postura se debe a que Argentina "es un gran amigo" de la Casa Blanca, pero también a que "existe una relación especial" con el Reino Unido.
Palabras más palabras menos: Washington quiere quedar bien con los dos, pero no se compromete con ninguno. Y sobre qué haría Estados Unidos ante una eventual guerra por la soberanía del archipiélago, ocupado por los ingleses desde 1833, Waltz le tiró la pelota a su jefe: "En lo que respecta a cualquier otro tipo de apoyo, se lo dejo a la Casa Blanca y al Presidente", advirtió campante.
Es que hace pocas semanas, el propio Donald Trump se había postulado como mediador entre ambos países. Durante una visita a Irlanda, advirtió que el conflicto podría terminar en un "desastre" si derivara en otra guerra: "Estoy seguro de que me llamarán por ese potencial desastre y si lo hacen, probablemente podré resolverlo". Traducido: para el aliado al que Milei le juró lealtad, Malvinas no es una causa para acompañar, sino un problema que hay que apagar.
Cómo llegó la relación con el Reino Unido a este punto
El mensaje de Estados Unidos llega en plena escalada. Todo empezó con la cadena nacional en la que Milei anunció sanciones contra las empresas británicas que exploten recursos en las islas. Desde entonces, la Casa Rosada busca herramientas legales para frenar proyectos petroleros como Sea Lion, con el que los británicos planean extraer más de 500 millones de barriles de petróleo a unos 200 kilómetros al norte de Malvinas.
Esta semana, Argentina avanzó con un recurso de arbitraje internacional bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar). Y Milei le puso plazo a Londres desde su cuenta de X: "Si en 2 semanas el Reino Unido no frena la explotación ilegítima, vamos a ir al Tribunal Internacional del Derecho del Mar".
Cancillería defendió la jugada y sostuvo que someter una controversia a un tribunal internacional imparcial es "el acto más responsable que puede realizar un Estado" comprometido con el estado de derecho y la solución pacífica de los conflictos.
La respuesta británica fue un portazo. El Reino Unido rechazó el pedido y advirtió que la relación bilateral empieza a estar en riesgo. "Tal comportamiento genera dudas sobre la fiabilidad de Argentina como socio del Reino Unido. Seguiremos apoyando incondicionalmente al Gobierno de las Islas Malvinas y a sus habitantes", afirmó en un comunicado la ministra para los Territorios de Ultramar, Uma Kumaran.
Con Londres plantado, Washington mirando para otro lado y un ultimátum de dos semanas corriendo, Javier Milei quedó solo en una pulseada que él mismo decidió subir de tono. La cuenta regresiva ya empezó.