En el país gobernado por la ultraderecha donde las paradojas se vuelven palpables y los números del hambre y la inflación se mezclan con imágenes de pizzas y teatros llenos, el presidente de las fuerzas del cielo, Javier Milei, vuelve a demostrar que su conexión con la realidad es más débil que el peso frente al dólar. En un reciente posteo en X, Milei compartió un video de la avenida Corrientes, mostrando su habitual bullicio nocturno como prueba irrefutable de que "el consumo deprimido más loco de la historia de la humanidad" no existe.
La declaración, acompañada por las imágenes del realizador audiovisual oficialista Santiago Oría, parecía más un intento desesperado por negar la crisis económica que una lectura honesta de la situación: en el video, se observan filas para entrar a Güerrín, la emblemática pizzería porteña, y una avenida que nunca duerme. Sin embargo, lo que Milei convenientemente omitió fue que, incluso en esas imágenes cuidadosamente seleccionadas, se podían ver mesas vacías en el interior del bar. Una postal que, para quienes conocen la historia de ese lugar, es realmente inusual.
Mientras el presidente celebraba lo que él percibe como una vitalidad económica digna de un país escandinavo, los datos de la consultora Scentia pintan un cuadro radicalmente opuesto. Según su último informe, el consumo masivo en abril registró una caída interanual del 3,8%, con bajas aún más pronunciados en las grandes cadenas de supermercados y los comercios tradicionales. El golpe más duro lo sufrieron los productos básicos de alimentación, con bajas significativas en categorías como desayuno y merienda (-7,6%) y alimentos perecederos (-7,8%).
En otras palabras: mientras Milei se deleita con el "metro cuadrado de Pepito", una referencia bastante vulgar y desafortunada, cientos de miles de argentinos están dejando de comer incluso en el desayuno. La caída en los productos impulsivos (-12%) también deja entrever que los pequeños placeres cotidianos, como una golosina o una bebida comprada mientras se espera el bondi, se convirtieron en lujos inalcanzables para muchos.
Sin embargo, para Milei y sus aliados, la percepción es realidad. Oría no dudó en atacar a economistas y periodistas críticos con frases como "NOLSALP" (No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas), mientras describía un país lleno de calles abarrotadas, restaurantes "explotados" y teatros a rebosar. Lástima que los datos no respaldan esta narrativa.
El informe de Scentia revela que el primer cuatrimestre del año cerró con un saldo negativo acumulado del -3,3% en el volumen total de comercialización. Y aunque las bebidas alcohólicas (+6,7%) y sin alcohol (+4%) lograron esquivar la tendencia general, no dejan de ser categorías que suelen reflejar más los intentos de evadir la realidad, que una mejora genuina en el consumo.
Resulta casi poético que en medio de esta caída generalizada, el presidente se aferre a ese videíto de la noche de calle Corrientes como si fuera una prueba irrefutable de prosperidad. Quizás sea porque para Javier Milei, las luces brillantes y las pizzas calientes son suficientes para tapar los números fríos y demoledores que reflejan la verdadera realidad económica del país.