El amado actor Gerardo Romano abrió su corazón en una reciente entrevista con Mario Pergolini en Otro día Perdido con una sinceridad desgarradora y compartió cómo cambió su vida desde que le confirmaron que atraviesa Parkinson, una enfermedad que lo enfrenta diariamente a sus propios límites y miedos.
Romano recordó con crudeza el momento en que recibió el diagnóstico. "Me asusté. Me dio miedo morirme porque está buena la fiesta", confesó, dejando entrever el golpe emocional que implicó recibir semejante noticia
Aquella misma noche, en medio del caos emocional, tenía función de teatro con la obra Un judío común y Corriente. La obra, conocida por su intensidad y profundidad, requería que Romano estuviera solo sobre el escenario durante más de una hora y ese fue tal vez el momento más crucial en su vida: una encrucijada entre rendirse o seguir adelante.
"O dejaba todo porque tengo Parkinson y me voy a morir, o no. Y yo elegí que no", expresó con una determinación que emocionó al propio Pergolini. Pero esa elección no fue sencilla: fue un acto de resistencia ante un diagnóstico que amenazaba con arrebatarle no solo su carrera, sino también su identidad.
Romano enfrenta cada día como una batalla. Su rutina es un reflejo de esa lucha constante: "Nado tres veces por semana 1 kilómetro cada vez, voy y vengo en bicicleta, repaso la letra de la obra que hacía solo para ejercitar el músculo de la memoria. La peleo", detalló. Sin embargo, no oculta los momentos más duros de su enfermedad: "Hay momentos muy cruentos de movimientos y temblores y otros con cosas más suaves, como la que ves hoy".
Este no es el primer momento en que Romano habla públicamente sobre su enfermedad. La primera vez lo hizo en una entrevista con Chiche Gelblung, donde mostró su camarín y una mesa repleta de medicamentos. Allí señaló los remedios para el colesterol y para el Parkinson. En esa ocasión también habló sobre los costos elevados de los medicamentos y el esfuerzo "sobrehumano" que realizaba en su obra para no perder el hilo de la historia sobre el escenario.
Hoy, Gerardo Romano sigue demostrando que el Parkinson no apaga su luz ni frena su pasión por el arte. Pero detrás de esa fortaleza hay un hombre enfrentando una batalla diaria contra una condición que amenaza con desbordarlo.