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La felicidad como símbolo de paz: Facu Olivares presenta "Terapia a martillazos, Vivir es Sentir"

"A uno le puede doler la vida, pero está en paz", dice el escritor y consultor psicológico.

21 Abril de 2026 16:17
Facundo Olivares

En una era en la que la vulnerabilidad parece ser un pecado y la autosuficiencia es sinónimo de campeones, el escritor y consultor psicológico Facu Olivares irrumpe con una idea clara: vivir lo que sentimos, incluso eso que más duele. Con su nuevo libro, Terapia a martillazos - Vivir es Sentir, Olivares invita a cuestionar todo: las ideas sobre la felicidad, el dolor y la importancia de pedir ayuda. 

En una charla íntima y sentida con BigBang, el autor regala reflexiones que nacen tanto de su experiencia profesional y también se anima a mostrar su propia vulnerabilidad sin más vueltas.  

"Terapia a martillazos, Vivir es Sentir", de Facu Olivares y con prólogo de Darío Sztajnszrajber

"Siempre fue difícil. Uno tiende a rechazar las emociones que no son placenteras. Y se nombran como emociones negativas o positivas, está mal. No existe una emoción o sentimiento positivo o negativo, sí, placentero o no placentero. Y... ¿quién quiere estar mal? Se tiende a rechazar lo que genera malestar o lo que no se siente lindo, vamos a llamarlo así", explica Olivares, con claridad sobre aquellas emociones que no tienen tan buena prensa.

Facu también apunta a la presión social que impone un ideal de felicidad constante: "Hay una exigencia. La sociedad, el consumo, las modas y lo que uno ve en redes, generan una sobreexigencia, culpas". 

Para Olivares, la felicidad no es sinónimo de alegría pasajera: "A mi juicio la felicidad no es la alegría. No es un momento como muchos asocian, que una felicidad es un momento y esos momentos tienen que ser alegres. No concibo la felicidad como sinónimo de alegría, sino como sinónimo de paz, paz interna, la tranquilidad de estar en el camino correcto -entre comillas- para uno, no para otros. Es la coherencia: el estar tranquilo con las decisiones que uno tomó, por qué las tomó, desde qué lugar las tomó. Yo creo que eso se parece más a la felicidad que a un estado de alegría".

La palabra "coherencia" resuena con fuerza en su discurso. Para ilustrarlo, comparte una experiencia personal que marcó su vida: "Yo siempre pongo como un ejemplo personal: cuando se murió mi mamá hace 8 o 9 años, yo estaba ahí, me acuerdo la escena, estaba en ese velatorio totalmente roto. La noche que falleció yo estaba en la clínica, esa noche me tocaba a mí -con mi viejo nos turnábamos- y justo la noche que falleció, falleció ahí conmigo. Entonces no me quedó nada pendiente, ni por decir ni por preguntar, ni por reclamarle, no me quedó nada pendiente".

Facu Olivares 

Con serenidad palpable en sus palabras, añade: "Entonces, yo me miraba ahí y digo: 'Che, estoy roto, pero no estoy infeliz'. No. Yo estoy en el lugar que tengo que estar, que creo que tengo que estar con un montón de gente despidiendo a mi vieja. La noche se fue, estaba conmigo, no me quedó nada pendiente. Digo: 'Che, estoy en paz'. O sea, estoy dolido, roto, pero no infeliz".

Con esa pincelada sobre su vida, plasmó su visión sobre la felicidad: una combinación de tristeza y paz puede coexistir en el mismo instante. "Ese ejemplo habla un poco de al menos mi concepción de felicidad. En su momento sí, yo creía 'esto es la felicidad y son momentos de alegría'. No. Para mí va asociado a la paz y la tranquilidad con uno mismo".

Otro tema central en el libro es el desafío de pedir ayuda. En una sociedad que glorifica la autosuficiencia y estigmatiza la vulnerabilidad como debilidad, Olivares señala las raíces culturales y emocionales de esta dificultad: "Hay algo ahí... creo un poco también lo que hablábamos: la sociedad, el tener que poder con todo. Lo que 'mamábamos' también, lo sobre lo que es ser fuerte. En esto de tener que poder, siempre para adelante, la hiperproductividad y el poder solo".

Una vez más, Facu destrozó esta concepción y propuso otra perspectiva: "Primero, ¿quién dijo que hay que poder con todo? Como si estuviese mal o como si algo nos faltara o esto no fuésemos lo suficientemente fuertes". Para él, pedir ayuda no solo implica reconocer la propia vulnerabilidad sino abrirse al amor y al cuidado de los y las otras: "Creo que es una forma de dejarse querer, porque si yo asumo que con esto no puedo, que necesito ayuda, dejo entrar al otro a mi vida... me dejo querer. Lo hago parte de mi intimidad, incluso de mi parte más vulnerable".

Facundo Olivares

En Terapia a martillazos - Vivir es Sentir, Olivares también desafía otro mito: la idea de que quienes fueron heridos solo pueden herir a los demás. Con una sensibilidad única, plantea un lado B: "Todos estamos atravesados por cuestiones culturales, mandatos y está esto también: la idea de 'el roto rompe' y... ¡no es así! Conozco un montón de personas que son al revés. Justamente, como la han pasado muy mal -todos tenemos heridas; la infancia es un cemento fresco, todo lo que se toca ahí deja huella- desarrollan una empatía, una sensibilidad que genera todo lo contrario".

Sin embargo, advierte sobre los peligros del exceso de empatía: "Por eso, el trabajo en terapia no es no dañar a otro; es no dañarte a vos. Porque si de algún modo vos vivís la vida del otro... los problemas de los demás te los cargás encima como si fuesen propios y vos te dejás de lado... tus necesidades quedan al margen".

"Terapia a martillazos - Vivir es sentir", el segundo libro de Facu Olivares estará disponible próximamente en las principales librerías del país, también bajo el sello Galerna y con un prólogo del filósofo Darío Sztajnszrajber que reza "¿Habrá alguna otra forma de terapia que no sea a martillazos?", la lectura será indispensable para aquellos que tienen el coraje de cuestionarse cómo -y por qué- se siente como se siente; como bien dijo Facu Olivares: "Uno puede estar triste pero en paz. A uno le puede doler la vida, pero está en paz". Y tal vez, eso sea lo más cercano a la verdadera felicidad.