En una era en la que la vulnerabilidad parece ser un pecado y la autosuficiencia es sinónimo de campeones, el escritor y consultor psicológico Facu Olivares irrumpe con una idea clara: vivir lo que sentimos, incluso eso que más duele. Con su nuevo libro, Terapia a martillazos - Vivir es Sentir, Olivares invita a cuestionar todo: las ideas sobre la felicidad, el dolor y la importancia de pedir ayuda.
En una charla íntima y sentida con BigBang, el autor regala reflexiones que nacen tanto de su experiencia profesional y también se anima a mostrar su propia vulnerabilidad sin más vueltas.
"Siempre fue difícil. Uno tiende a rechazar las emociones que no son placenteras. Y se nombran como emociones negativas o positivas, está mal. No existe una emoción o sentimiento positivo o negativo, sí, placentero o no placentero. Y... ¿quién quiere estar mal? Se tiende a rechazar lo que genera malestar o lo que no se siente lindo, pero todo es parte y da cuenta de estar vivos", explica Olivares, con claridad sobre aquellas emociones que no tienen tan buena prensa.
Facu también apunta a la presión social que impone un ideal de felicidad constante: "Hay una exigencia. La sociedad, el consumo, las modas y lo que uno ve en redes, generan una sobreexigencia, culpas".
Para Olivares, la felicidad no es sinónimo de alegría pasajera: "A mi juicio la felicidad no es la alegría ni es un momento como muchos asocian. No concibo la felicidad como sinónimo de alegría, sino como sinónimo de paz interna, la tranquilidad de estar 'en el camino correcto' para uno, no para otros. Es la coherencia: el estar tranquilo con las decisiones que uno tomó, por qué las tomó, desde qué lugar las tomó. Yo creo que eso se parece más a la felicidad que a un estado de alegría".
La palabra "coherencia" resuena con fuerza en su discurso. Para ilustrarlo, comparte una experiencia personal que marcó su vida: "Cuando murió mi mamá hace casi 10 años, yo estaba ahí, en ese velatorio totalmente roto. Me acuerdo de la escena como si fuese ayer: había un montón de gente que ni conocía, me hablaban de mi vieja y su relación, me contaban algunas anécdotas, y me acuerdo que en un momento pensé y me dije 'estoy donde tengo que estar. Estoy roto pero en paz'. No me había quedado nada pendiente por decirle, estoy rodeado de un montón de personas que ni conozco que vinieron a despedir a mi vieja, y encima la noche que falleció justo me había tocado a mi estar en la clínica -con mi familia nos turnábamos-, o sea que falleció ahí conmigo", recordó.
Con esa pincelada sobre su vida, plasmó su visión sobre la felicidad: una combinación de tristeza y paz puede coexistir en el mismo instante. "Ese ejemplo habla un poco de al menos mi concepción de felicidad. En su momento sí, yo creí que la felicidad son momentos de alegría, pero no. Para mí va asociado a la paz y la tranquilidad con uno mismo".
Otro tema central en el libro es el desafío de pedir ayuda. En una sociedad que glorifica la autosuficiencia y estigmatiza la vulnerabilidad como debilidad, Olivares señala las raíces culturales y emocionales de esta dificultad: "Hay algo ahí... creo un poco también lo que hablábamos: la sociedad, el tener que poder con todo. Lo que 'mamábamos' también, lo sobre lo que es ser fuerte. En esto de tener que poder, siempre para adelante, la hiperproductividad y el poder solo".
Una vez más, Facu destrozó esta concepción y propuso otra perspectiva: "Primero, ¿quién dijo que hay que poder con todo? Como si estuviese mal o como si algo nos faltara o esto no fuésemos lo suficientemente fuertes". Para él, pedir ayuda no solo implica reconocer la propia vulnerabilidad sino abrirse al amor y al cuidado de los y las otras: "Creo que es una forma de dejarse querer, porque si yo asumo que con esto no puedo, que necesito ayuda, dejo entrar al otro a mi vida... me dejo querer. Lo hago parte de mi intimidad, incluso de mi parte más vulnerable".
En Terapia a martillazos - Vivir es Sentir, Olivares también desafía otro mito: la idea de que quienes fueron heridos solo pueden herir a los demás. Con una sensibilidad única, plantea un lado B: "Todos estamos atravesados por cuestiones culturales, mandatos y está esto también: la idea de 'el roto rompe' y... ¡no es así! Conozco un montón de personas que son al revés. Justamente, como la han pasado muy mal -todos tenemos heridas; la infancia es un cemento fresco, todo lo que se toca ahí deja huella- desarrollan una empatía, una sensibilidad que genera todo lo contrario".
Sin embargo, advierte sobre los peligros del exceso de empatía: "Por eso, el trabajo en terapia no es no dañar a otro; es no dañarte a vos. Porque si de algún modo vos vivís la vida del otro... los problemas de los demás te los cargás encima como si fuesen propios y vos te dejás de lado... tus necesidades quedan al margen".
"Terapia a martillazos - Vivir es sentir", el segundo libro de Facu Olivares estará disponible próximamente en las principales librerías del país, también bajo el sello Galerna y con un prólogo del filósofo Darío Sztajnszrajber que reza "¿Habrá alguna otra forma de terapia que no sea a martillazos?", la lectura será indispensable para aquellos que tienen el coraje de cuestionarse cómo -y por qué- se siente como se siente; como bien dijo Facu Olivares: "Uno puede estar triste pero en paz. A uno le puede doler la vida, pero está en paz". Y tal vez, eso sea lo más cercano a la verdadera felicidad.