El mercado laboral formal volvió a mostrar señales de deterioro y los números oficiales comienzan a dibujar un escenario difícil de disimular detrás de las estadísticas de estabilización. En mayo se perdieron 12.000 empleos registrados en términos netos, mientras que la comparación interanual arroja una pérdida de 110.000 puestos de trabajo, equivalente a una caída del 0,9%. Los datos de la Secretaría de Trabajo muestran que en mayo se contabilizaron 12.785.600 empleos registrados, frente a los 12.797.600 de abril y los 12.861.000 de mayo de 2025, siempre sobre la serie desestacionalizada.
Si se observa la serie sin estacionalidad, el panorama tampoco mejora: pasó de 12.773.000 puestos en abril a 12.751.000 en mayo. Pero detrás de ese número global aparece un dato todavía más preocupante: el retroceso se concentra en el empleo asalariado, particularmente en el sector privado. De los 12.751.000 puestos formales registrados en mayo, 9.933.000 correspondieron a trabajadores asalariados -incluidos los sectores privado y público y el trabajo en casas particulares- y 2.818.000 a trabajadores independientes, entre monotributistas y autónomos. El empleo asalariado registrado sufrió una caída interanual de 149.000 puestos, al pasar de 10.082.000 trabajadores en mayo de 2025 a 9.933.000 un año después. La mayor parte de esa pérdida correspondió al sector privado: 137.500 empleos menos.
A eso se sumaron otros 18.000 puestos perdidos en el sector público, mientras que el trabajo en casas particulares mostró una variación positiva de 7.000 empleos. El deterioro tampoco aparece como un fenómeno aislado de mayo. La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) correspondiente a junio volvió a registrar una caída del empleo privado registrado en los principales aglomerados urbanos relevados, en empresas de más de diez trabajadores. El propio informe oficial advierte que "con este dato se acumulan ocho meses consecutivos sin crecimiento del empleo". La Secretaría de Trabajo reconoce además que el empleo asalariado privado viene atravesando una tendencia descendente desde septiembre de 2023. El sector llegó a 6.107.000 trabajadores en mayo de 2026, un 0,1% menos que en abril.
Según el organismo, después de la fuerte caída registrada durante el primer trimestre de 2024 hubo una moderación y cierta estabilización durante la segunda mitad de aquel año. Incluso entre octubre y diciembre de 2024 se había producido una recuperación moderada que permitió recomponer parcialmente las pérdidas anteriores. Pero aquella recuperación no consiguió consolidarse.
Durante los primeros meses de 2025 el empleo prácticamente no mostró variaciones y desde junio de ese año volvió a iniciar una trayectoria descendente. La contracción se prolongó durante el segundo semestre de 2025, con una caída promedio mensual del 0,2%, y continuó durante el primer trimestre de 2026, aunque a un ritmo algo menor, del 0,1% mensual. El propio informe oficial es contundente al describir la situación: "Las caídas observadas en los últimos dos meses representan una continuidad del proceso de destrucción del empleo asalariado privado".
La expresión resulta particularmente significativa porque contradice cualquier lectura triunfalista sobre una eventual recuperación generalizada del mercado laboral. La economía puede mostrar algunos indicadores de estabilización macroeconómica, pero eso todavía no se traduce en una recuperación sostenida del trabajo registrado. La pérdida de empleo privado tampoco fue homogénea. Algunos sectores lograron registrar pequeñas mejoras interanuales: agricultura, ganadería, caza y silvicultura crecieron 1,1%; los servicios comunitarios, sociales y personales, 0,4%; el suministro de electricidad, gas y agua, 0,1%; y la enseñanza, también 0,1%.
Sin embargo, las caídas fueron mucho más pronunciadas en actividades vinculadas a la producción y al movimiento económico. La pesca retrocedió 5,2%, la intermediación financiera cayó 4,6%, la industria manufacturera perdió 4,6%, la explotación de minas y canteras disminuyó 3,9% y el comercio y las reparaciones retrocedieron 3,2%. Es decir, dos sectores especialmente relevantes para la generación de empleo privado -industria y comercio- aparecen entre los principales damnificados. Mientras tanto, el crecimiento del monotributo ofrece otro indicio sobre la transformación del mercado laboral: en mayo sumó 38.000 trabajadores, al pasar de 2.780.000 a 2.818.000. Los autónomos, en cambio, disminuyeron en 7.000 personas y los monotributistas sociales aumentaron en 3.000.
El dato puede leerse como parte de una tendencia en la que una porción del trabajo que antes se desarrollaba bajo una relación de dependencia pasa a esquemas independientes, más precarios y con menores niveles de protección. El deterioro del empleo se complementa con otro dato preocupante: la reducción del universo de empresas. Durante mayo hubo 2.371 empresas menos que en abril, con especial impacto en el comercio y la industria manufacturera. La pérdida acumulada durante los primeros cinco meses de 2026 llegó a 8.025 empresas, que dejaron de formar parte del universo de empleadores registrados.
En ese mismo período, fueron desvinculados 113.897 trabajadores registrados. Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) permiten dimensionar el proceso en una perspectiva más amplia. En diciembre de 2025 había 489.749 empleadores registrados. Para abril de 2026 la cifra había bajado a 484.095 y en mayo se ubicó en 481.724. La comparación con noviembre de 2023, utilizado como punto de partida para evaluar la evolución durante la gestión de Milei, resulta todavía más contundente. En aquel momento había 512.357 empleadores y 9.857.173 trabajadores registrados. En mayo de 2026 quedaban 481.724 empresas y 9.445.560 trabajadores.
En apenas 30 meses, el sistema perdió 30.633 unidades productivas y 411.613 trabajadores. En términos porcentuales, significa una reducción del 6% en la cantidad de empleadores y del 4,2% en el número de trabajadores cubiertos por el sistema de riesgos del trabajo. No se trata, por lo tanto, solamente de puestos de trabajo que desaparecen dentro de empresas que continúan funcionando. También hay un achicamiento de la propia estructura productiva formal.
Una de las explicaciones más relevantes aparece incluso en los propios informes oficiales. La Secretaría de Trabajo señala que "un aspecto crítico de esta evolución es el rol de las aperturas y los cierres de empresas". Y agrega que la contracción del stock de empresas "no se origina necesariamente en un volumen de cierres históricamente elevado, sino en una marcada debilidad en la apertura de nuevas unidades productivas".
El diagnóstico oficial apunta así a un problema estructural: cada vez nacen menos empresas capaces de compensar las que salen del mercado. "Esta asimetría revela que el problema estructural de la dotación empresarial reside en la escasa creación de firmas, la cual no alcanza a compensar la salida natural de empresas del sistema", sostiene el informe. Y concluye: "La pérdida de unidades productivas se explica fundamentalmente por un déficit en la tasa de natalidad empresarial más que por una aceleración atípica en los ceses de actividad".
Especialistas también advierten que una parte importante de los cierres corresponde a empresas con menos de tres años de antigüedad, muchas de las cuales no consiguen afrontar los costos de inversión y funcionamiento iniciales en un escenario de consumo debilitado. A esto se suma una transformación del entramado productivo: algunas empresas dejaron de fabricar para dedicarse a comercializar productos importados, lo que implica una reducción de la cantidad de trabajadores necesarios para operar.
También aparecen los cierres de empresas medianas y grandes, los retiros voluntarios y el reemplazo de puestos asalariados por modalidades como el monotributo o, directamente, por trabajo informal. El resultado es una paradoja cada vez más visible: el empleo no desaparece necesariamente de las estadísticas de actividad, pero sí se deteriora su calidad y su nivel de protección.
El aumento del monotributo puede maquillar parcialmente la pérdida de asalariados registrados, pero no representa una recuperación equivalente del empleo formal en relación de dependencia. A la vez, quienes pasan a la informalidad directamente quedan fuera de las estadísticas del empleo registrado y del seguro obligatorio de riesgos del trabajo. Por eso, el dato más importante no es solamente que en mayo se hayan perdido 12.000 empleos.
Detrás de esa cifra hay una tendencia más profunda: menos trabajadores asalariados, menos empresas, menos industria, menos comercio y una menor capacidad de la economía para generar nuevas unidades productivas. Lo cierto es que hubo ocho meses consecutivos sin crecimiento del empleo privado, 110.000 puestos registrados menos en un año y más de 30.000 empleadores perdidos desde noviembre de 2023 dejan una fotografía incómoda: la economía puede estar buscando estabilizar sus variables macroeconómicas, pero el mercado laboral todavía sigue pagando buena parte de ese proceso.