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¡Épico!

Bajo una lluvia torrencial, la Selección Argentina fue recibida por una multitud en Ezeiza

Los detalles de una noche heroica.

21 Julio de 2026 09:34
Así fue el recibimiento de la Scaloneta en Ezeiza

El cielo de Buenos Aires se abrió para recibir a sus guerreros. No trajeron el oro, pero trajeron algo mucho más valioso: el orgullo intacto de una nación que se vio reflejada en su entrega. 

A las 18:19 de este lunes, el vuelo AR1971 de Aerolíneas Argentinas tocó pista en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, marcando el fin de una gesta que mantuvo al planeta en vilo durante un mes. Bajo una lluvia persistente que pareció un bautismo de gloria, los subcampeones del Mundo regresaron a casa para ser abrazados por una multitud que no entiende de resultados, sino de lealtad.

Así fue el recibimiento de la Scaloneta en Ezeiza

La recepción comenzó mucho antes de que las ruedas del Airbus tocaran el pavimento. Sobre el pasto de la pista, un trabajo incansable de tres días y 20 latas de pintura plasmó un "¡¡GRACIAS!!" de 150 metros de largo, un mensaje que los jugadores pudieron leer desde las ventanillas mientras descendían del firmamento. 

El operativo de seguridad fue un blindaje de amor y orden: más de 2.000 efectivos coordinados entre Nación, Provincia y Ciudad custodiaron cada centímetro del predio, asegurando que los héroes pudieran sentir el calor de su gente sin desbordes. Tras el desembarco en los hangares de la aerolínea de bandera, el primero en asomar fue el capitán de esta batalla, Nicolás Otamendi escoltado por el arquitecto de la ilusión, Lionel Scaloni, y el presidente de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia.

Una de las banderas que se vieron en el predio de la AFA

Minutos después de las 19:00, los micros descapotables asomaron por la intersección de las avenidas Teniente General Morillas y Los Chivatos para tomar la Autopista Riccheri. Allí, la realidad superó cualquier ficción: miles de personas, desafiando la tormenta y el frío, encendieron bengalas, lanzaron fuegos artificiales y entonaron canciones que hicieron temblar el suelo. 

Los jugadores, conmovidos por semejante despliegue de afecto, no se quedaron en sus asientos: se asomaron por las ventanillas, e incluso varios subieron al techo del micro descapotable para cantar a la par de la hinchada, revoleando camisetas y banderas bajo la llovizna. La caravana avanzó a paso de hombre, en un viaje eterno hacia el Predio de la AFA, transformando la noche en un festival de gratitud. 

La Argentina no festejó un segundo puesto; festejó la vigencia, la humildad y la valentía de un grupo que, a pesar de haber quedado a un paso de la gloria máxima, demostró que la camiseta se defiende con la vida. ¡Bienvenidos a casa, campeones del alma!