El fútbol español volvió a quedar atrapado en una discusión política, pero esta vez Vinicius Júnior y Kylian Mbappé decidieron no jugar el partido que otros querían imponerles. En la previa del encuentro entre Elche y Real Madrid, los planteles salieron a la cancha con una remera blanca que decía "Todos somos caballas", en referencia a la situación migratoria y social de Ceuta.
Mientras sus compañeros mostraron la consigna, Vinicius y Mbappé se replegaron la camiseta para ocultarla, gesto que fue leído por buena parte de los medios españoles como un rechazo a quedar asociados a una campaña sobre el control fronterizo y la migración.
La iniciativa no había sido organizada por LaLiga, sino por la Asociación Valenciana de Empresarios, una entidad presidida por Vicente Boluda, ex dirigente del Real Madrid. Es decir, no se trataba de una acción estrictamente deportiva ni de una campaña consensuada por todos los futbolistas, sino de una movida impulsada por una organización empresarial con una lectura política evidente.
La campaña buscaba visibilizar la crisis que atraviesa Ceuta, una ciudad costera que, según los datos difundidos, recibió a más de 70.000 personas provenientes de Marruecos desde el 31 de julio. El presidente español Pedro Sánchez afirmó que todavía había más de 5.000 migrantes en campamentos improvisados.
Vinicius y Mbappé no son dos jugadores desconectados de la realidad. Por un lado, Vinicius se convirtió en uno de los principales referentes mundiales contra el racismo después de sufrir ataques y expresiones discriminatorias en el fútbol español; por otro lado, Mbappé, junto con Ibrahima Konaté, denunció públicamente el avance de los discursos de odio y la extrema derecha en Francia.
La presión mediática contra los futbolistas vuelve a mostrar una idea bastante antigua: los deportistas pueden opinar, siempre y cuando opinen como les conviene a quienes organizan el espectáculo; pueden hablar contra el racismo, pero no cuestionar una campaña empresarial; pueden pedir justicia, pero no rechazar un lema impuesto. Pueden ser referentes, siempre que no usen su propia voz.
Vinicius Júnior y Kylian Mbappé hicieron exactamente lo contrario. No dieron un discurso ni armaron una escena. Simplemente se taparon la remera. Un gesto mínimo, pero suficientemente claro: no todo futbolista está obligado a prestarse a una operación de imagen.