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Economía
El impacto del ajuste

La industria se hunde: Argentina registra uno de los peores desempeños del mundo mientras cierran fábricas y se pierden miles de empleos

Un informe privado ubica al país como el segundo con mayor caída industrial entre 56 economías. En dos años cerraron más de 2.400 empresas y se destruyeron casi 73.000 puestos de trabajo

05 Marzo de 2026 12:59
Un informe privado ubica al país como el segundo con mayor caída industrial entre 56 economías.

La industria argentina atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas. En medio de cierres de fábricas, despidos y caída del consumo, el país registró el segundo peor desempeño industrial del mundo entre 56 economías analizadas, solo por detrás de Hungría. El dato surge de un informe de la consultora Audemus, que reveló que en los últimos dos años la actividad manufacturera argentina cayó en promedio un 7,9%.  La cifra ubica al país entre los peores resultados globales, apenas por encima del retroceso de Hungría, que registró una contracción del 8,2%. El deterioro contrasta con lo que ocurre en otras economías. 

Trabajadores de Fate cortaron Panamericana

En Europa, países como Bulgaria (-6,7%), Alemania (-6,3%) o Italia (-4,8%) también experimentaron retrocesos, pero vinculados a factores externos como la crisis energética o las tensiones comerciales. En Argentina, en cambio, el informe sostiene que la caída responde principalmente a decisiones de política económica doméstica.  Según la consultora, la combinación de un tipo de cambio apreciado que reduce la competitividad, una apertura comercial acelerada y la ausencia de políticas industriales activas explica buena parte del derrumbe de la producción local.

El contraste también aparece con claridad en la región. Mientras la industria argentina se contrae, Brasil expandió su producción un 3,5% promedio en el mismo período. Chile creció 5,2%, Perú 6,5% y Uruguay 3,7%. Incluso países que registraron retrocesos, como Colombia y México, lo hicieron de forma marginal, con caídas inferiores al 1%. El estudio pone especial foco en Brasil, país con el que Argentina comparte el Mercosur y enfrenta desafíos similares en términos de competencia internacional. 

Sin embargo, el gigante sudamericano impulsó programas específicos para fortalecer su industria, como el plan automotriz Mover, además de mantener un tipo de cambio más competitivo. "El retroceso industrial argentino no puede explicarse por el contexto global ni regional", concluyó el informe. La caída de la actividad ya tiene consecuencias visibles en el tejido productivo. De acuerdo con los datos relevados, durante los dos años de gestión de Javier Milei unas 2.436 empresas industriales dejaron de realizar aportes al sistema de ART, un indicador que suele reflejar cierres definitivos o la reducción de la actividad a niveles mínimos. 

Un informe privado ubica al país como el segundo con mayor caída industrial entre 56 economías.

Esa cifra representa cerca del 5% del total de firmas del sector. Las que aún sobreviven operan en condiciones cada vez más precarias. La utilización de la capacidad instalada cayó al 57,9%, el nivel más bajo en una década si se excluye el período de la pandemia. En la práctica, significa que las plantas industriales funcionan a menos de seis de cada diez unidades de su potencial. 

El impacto también se refleja en el empleo. Desde 2023 se perdieron 72.955 puestos de trabajo industriales, una caída cercana al 6% del total del sector. Tras un breve rebote que generó expectativas de recuperación durante 2025, el deterioro volvió a acelerarse a partir del tercer trimestre del año pasado. Los datos de la Unión Industrial Argentina refuerzan ese panorama. El Monitor de Desempeño Industrial se ubicó en enero de 2026 en apenas 36,5 puntos, muy por debajo del umbral de 50 que marca expansión de la actividad. Se trata del decimoquinto relevamiento consecutivo en zona de contracción.

Más de la mitad de las empresas consultadas reportó una caída en la producción, mientras que casi el 55% registró bajas en sus ventas internas, uno de los niveles más altos de deterioro de toda la serie histórica. El impacto golpea con especial fuerza a las pequeñas y microempresas, donde los índices de caída de producción y ventas superan ampliamente a los de las compañías medianas y grandes. En paralelo, casi la mitad de las firmas industriales reportó dificultades para cumplir con pagos de salarios, impuestos, servicios o proveedores. 

Un informe privado ubica al país como el segundo con mayor caída industrial entre 56 economías.

La principal preocupación del sector es la caída de la demanda interna, señalada por el 46,1% de las empresas como su mayor problema. A eso se suma el aumento de costos y una creciente dificultad para competir con productos importados, un fenómeno que comenzó a intensificarse a partir de la mayor apertura comercial. Pese al deterioro del sector, el Gobierno relativiza el impacto del ajuste. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó recientemente que "se echa gente en todos los países del mundo y no es un drama", y sostuvo que en un contexto de mayor competencia los trabajadores pueden conseguir empleo en pocos días.

Las PyMES, las más golpeadas

Por su parte, el presidente Javier Milei volvió a cuestionar el modelo industrial argentino durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. "Desde hace casi un siglo, la Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista", sostuvo, al tiempo que criticó los esquemas de promoción y subsidios al sector. Las declaraciones generaron malestar en el empresariado. Tanto la Unión Industrial Argentina como la Asociación Empresaria Argentina reclamaron públicamente al Gobierno un trato más respetuoso y pidieron abrir canales de diálogo. "El Estado tiene que acompañar este proceso de reacomodamiento de la economía", advirtió el titular de la UIA, Martín Rappallini, quien reconoció que numerosas áreas productivas atraviesan una situación delicada. Mientras el debate político continúa, la realidad del sector industrial muestra una tendencia cada vez más clara: fábricas que bajan persianas, plantas que trabajan a media máquina y miles de trabajadores que quedan fuera del sistema productivo.