Son casi 6 millones los argentinos que hoy deben plata que no pueden pagar. La cifra surge de un combo que ya es de terror: morosidad en billeteras virtuales del 29,6%, mora bancaria en hogares en 12,3% (venía del 2,5% en octubre de 2024) y préstamos personales en default al 14,9%, según datos del Banco Central retomados por medios especializados.
¿La causa? No hace falta buscarla en Marte. El CEPA lo puso en números: el salario real cayó entre 8,7% y 18,7% desde 2024, y encima hay que pagarlo todo con "tasas de interés reales muy elevadas". Traducido al idioma de todos los días: la gente pide un crédito para llegar a fin de mes, no para irse de vacaciones.
Los bancos públicos: mucho anuncio, poca letra chica que ayude
Nación, Provincia y Ciudad salieron a mostrarse como los buenos de la película con líneas para "refinanciar" deudas atrasadas. En los papeles suena bien. En la calle, no tanto.
- Banco Nación ofrece unificar deudas a una TNA del 65% (hasta 72 meses) y tarjetas en atraso al 35%. Resultado real: apenas 60.327 deudores en mora sobre un sistema que mueve millones de personas.
- Banco Provincia financia con tasas "atenuadas" desde el 31%, pero para tarjetas ya atrasadas la cosa sube al 41% anual. Más de 100.000 operaciones, un número que suena grande hasta que lo comparás con la bolsa total de morosos.
- Banco Ciudad pone un techo de 35% TNA, pero de mínima exige 24 meses de atraso y excluye directamente a quien tenga más de una propiedad, haya comprado dólares o tenga auto reciente. Filtro para adentro, filtro para afuera.
Y ojo con la letra chica que nadie te cuenta en el anuncio: refinanciar una deuda queda registrado en el Veraz como "crédito reestructurado", no como pago normal. Hacen falta unos nueve meses de buen comportamiento para empezar a levantar cabeza. O sea: el salvavidas también te hunde un poco.
La lentitud, los requisitos y el bajo alcance de estos planes tienen menos que ver con la voluntad política de turno que con algo más de fondo: la maquinaria estatal se mueve despacio, con estructuras pensadas para el que ya está bancarizado y en regla, no para el que llega ahogado. Bancos que deberían ser la primera línea de contención terminan siendo, en los hechos, otro trámite más.
¿Y quién se queda con la diferencia?
Acá aparece la pregunta incómoda: si la morosidad familiar es récord y los créditos "sociales" llegan a apenas un puñado de deudores, ¿quiénes son los que sí acceden sin drama a las mejores condiciones de la banca pública? En los hechos, los empleados en relación de dependencia con recibo de sueldo (buena parte, del propio Estado) siguen siendo los clientes preferidos: mejor tasa, aprobación más rápida, menos filtros. El resto
—cuentapropista, changarín, jubilado que la pelea sola— hace fila para el plan que, en el mejor de los casos, le estira la agonía seis años.
Privados: la letra chica es directamente letra invisible
Si en la banca pública hay al menos una línea de refinanciación publicada, en Banco Supervielle y Banco Santander el panorama es peor: no hay un plan equivalente, público y comparable, para clientes morosos. Lo que sí hay son tasas de préstamos personales que, según los últimos relevamientos del mercado, rondan el 85% TNA, con un Costo Financiero Total que puede trepar al 168% efectivo anual. Números que, para cualquiera que no sea economista, son directamente tasas leoninas.