La crisis del crédito productivo ya tiene números concretos y no son buenos: la mora de las empresas industriales argentinas se multiplicó por más de cinco en el último año y medio, en un deterioro que golpeó a miles y coincidió con el endurecimiento de las condiciones financieras durante el gobierno de Javier Milei, quien asumió la Presidencia en diciembre de 2023.
Según un informe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA), la tasa de irregularidad de las empresas industriales pasó del 0,7% en diciembre de 2024 al 3,8% en junio de 2026. El deterioro alcanzó a unas 4.300 empresas con deuda bancaria.
El fenómeno se da en un contexto de fuerte crecimiento de la morosidad en todo el sistema financiero. Argentina registra actualmente la tasa más alta de América Latina: el 7,3% de la cartera bancaria estaba en situación irregular a marzo, de acuerdo con un relevamiento de la Federación Latinoamericana de Bancos sobre 16 países de la región.
A nivel general, cerca de 5,8 millones de personas mantienen deudas con bancos, fintech y otros proveedores de crédito. La crisis, por lo tanto, no se limita a las familias: también golpea a las empresas que necesitan financiamiento para producir, pagar salarios, comprar insumos y sostener sus operaciones.
El monto total del crédito otorgado a empresas industriales alcanzó los $25 billones en junio de 2026, equivalente al 30% del crédito total a empresas dentro del sistema financiero. De ese total, $968.000 millones se encuentran en situación irregular. La deuda está distribuida entre 4.231 empresas morosas, con un promedio de $228 millones por firma.
La distribución es desigual ya que el 40% de las empresas en mora debe menos de $1 millón, mientras que el 12,5% adeuda más de $100 millones. Pero el dato más revelador del informe es que el 80% de las empresas que hoy están en mora eran pagadoras regulares hasta 2024.
El flujo mensual de empresas que pasaron de una situación regular a una irregular aumentó de 174 en diciembre de 2024 a 442 en junio de 2026 y el pico del deterioro se registró en marzo de 2026, aunque en junio apareció una primera baja. El informe de la UIA sintetizó el primer tramo de la evolución del crédito: "hasta mediados de 2025, el crédito a las empresas había crecido un 106% en términos reales desde diciembre de 2023".
Pero ese crecimiento se frenó de manera abrupta ya que entre julio de 2025 y mayo de 2026, el financiamiento a las empresas avanzó apenas 0,2% real. La entidad vinculó ese freno con el endurecimiento de las condiciones monetarias: "Endurecimiento de la política monetaria con suba de tasas y encajes bancarios, que limitó el acceso al financiamiento por parte de las empresas".
Tasas de hasta 190%
El crédito productivo quedó atrapado entre la necesidad de financiarse y un costo que muchas empresas no pudieron soportar. Las tasas de adelanto en cuenta corriente llegaron al 75% de TNA en promedio durante octubre de 2025, mientras que en algunos días alcanzaron picos del 190% de tasa nominal anual. Aunque los valores comenzaron a bajar después de esos máximos, la UIA advirtió que el financiamiento continúa siendo demasiado caro para las pequeñas y medianas empresas.
El informe señaló que "todavía persisten niveles elevados en términos reales para las pymes: en julio la tasa promedio ponderada de los adelantos en cuenta corriente fue de 42%".
Con esas tasas, pedir dinero para sostener la producción puede convertirse rápidamente en una deuda impagable. El crédito deja de ser una herramienta para crecer y pasa a funcionar como una cuenta regresiva: cada renovación cuesta más, cada vencimiento se aleja y cada atraso empuja a la empresa hacia la irregularidad.
La foto final es contundente: la industria no se frena porque sus empresas hayan olvidado pagar o no tengan la voluntad de hacerlo. Se frena cuando el crédito se vuelve inaccesible, los costos suben y la política financiera convierte una deuda transitoria en una condena. Bajo el gobierno de Javier Milei, la motosierra también llegó al financiamiento: cortó el crédito, encareció las tasas y dejó a miles de empresas tratando de sobrevivir con la cuenta corriente en llamas.