Mientras el mundo entero contenía el aliento esperando posibles cruces entre argentinos e ingleses, el horror brotó desde adentro, con lo más peligroso del fútbol argentino. Lo que debía ser una fiesta de orgullo y amor en las calles de Atlanta se transformó, en cuestión de segundos, en una zona de guerra cuando las facciones más pesadas de las barras de San Lorenzo y Huracán protagonizaron una batalla campal que sembró el pánico entre familias e hinchas, dejando un saldo de heridos, detenidos y una vergüenza internacional difícil de borrar.
El clima ya venía enrarecido. Desde hace días, las redes sociales ardían con amenazas cruzadas entre La Butteler y la gente de Parque Patricios. La barra de San Lorenzo desembarcó en Estados Unidos con 24 personas, liderados por nombres que ya tienen "experiencia" en combates mundialistas como Pablo Acosta y Darío Gómez (protagonistas de la gresca en Rusia 2018), escoltados por la primera línea: Michel Gabriele, Cristian Tobio, Sebastián Farré y Federico Scordamaglia.
Del otro lado, la barra de Huracán no se quedó atrás. A pesar de que su líder, el "Cone" De Respinis, no pudo viajar por estar cumpliendo prisión domiciliaria, su familia y el grupo de Pagola —con Sebastián Perone al mando—, junto a referentes como el "Bocón" Emiliano y el "Animal", venían agitando la previa. El detonante fue la ubicación: La Butteler había conseguido mejores sectores en los estadios, una "mojada de oreja" que los Quemeros no estaban dispuestos a dejar pasar.
Todo estalló ayer por la tarde en el banderazo oficial. Entre banderas de Excursionistas, Racing, Barracas Central, Almirante Brown, Belgrano de Córdoba e Independiente Rivadavia, el ambiente se cortaba con cuchillo. La orden de quienes financiaron el viaje era clara: "pasen inadvertidos". Pero la sed de desmadre fue más fuerte.
Un grupo de la facción Pagola de Huracán comenzó a provocar a los de Boedo. Lo que empezó como un intercambio de insultos se convirtió en un infierno en milésimas de segundo: volaron sillas de un bar vecino, tablas de madera y golpes de puño en medio de una multitud que corría desesperada buscando refugio. El desbande fue total; el terror se apoderó de los hinchas que solo querían cantar por la Selección.
Admisión perpetua: el castigo que les espera
La intervención de la policía local fue inmediata y brutal. Varios agentes de seguridad yankees lograron calmar las aguas, aunque tres barras que se negaban a detener la pelea terminaron esposados y detenidos.
Las consecuencias serán letales para estos violentos. Autoridades argentinas en contacto con el centro del FBI en Virginia confirmaron a TyC Sports que ya trabajan en la individualización de los agresores. La medida es drástica: derecho de admisión a perpetuidad; palabras más palabras menos, no volverán a pisar una cancha en Argentina mientras vivan.